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Kabul, 21 abr (EFE).- Un ataque contra una base del Ejército en Afganistán causó hoy la muerte de al menos medio centenar de soldados y diez talibanes, en lo que es la primera acción insurgente de envergadura en el país desde que hace una semana Estados Unidos arrojó el proyectil GBU-43, apodado "madre de todas las bombas".

El ataque, que se prolongó durante seis horas, comenzó poco después del mediodía, cuando los soldados salían de la mezquita tras las oraciones del viernes, en un cuartel situado en el distrito de Dehdadi, en la provincia septentrional de Balkh.

"El número de (soldados) muertos ha superado los 50 y el de heridos es ahora de 73", dijo a Efe un comandante del Ejército afgano que pidió el anonimato, y añadió que el total de insurgentes abatidos asciende a diez.

Zabihullah Kakar, miembro del Consejo de la provincia de Balkh, aseguró a Efe que al menos "66 miembros del Ejército murieron y 73 resultaron heridos".

Sin embargo, el Ministerio de Defensa afgano ha evitado dar cifras concretas sobre el total de víctimas.

Un portavoz de ese ministerio, Dawlat Waziri, que en un principio había informado a Efe de que la cifra de militares fallecidos era de ocho, aseguró en nuevas declaraciones que "el número de muertos y heridos será anunciado tras completar la investigación".

"Desafortunadamente, también tenemos muertos y heridos", anotó sin dar más detalles, tras situar en nueve el número de insurgentes muertos en el ataque: dos de ellos tras inmolarse y siete en los tiroteos con las fuerzas de seguridad, aunque anotó que otro más, décimo, se encuentra retenido con vida.

Un portavoz de las fuerzas especiales del Ejército afgano encargadas de neutralizar a los atacantes, Javid Salim, confirmó que los talibanes aprovecharon el momento de las oraciones del viernes para iniciar su ofensiva y remarcó que la situación está "bajo control", con todos los talibanes muertos.

"Ahora hay una investigación abierta para determinar cómo los atacantes consiguieron entrar en la base", concluyó Salim.

Un portavoz del Ejército, Abdul Qahar Aram, había detallado a Efe con anterioridad que los insurgentes iban vestidos con uniformes militares y lograron infiltrarse dentro del cuartel en varios vehículos del Ejército.

Los insurgentes "fueron descubiertos en la entrada en el segundo puesto de control, donde el primero de los atacantes se inmoló", mientras que el resto iniciaron el intercambio de disparos con las fuerzas de seguridad, relató Aram.

El jefe de las tropas de Estados Unidos y la OTAN en Afganistán, el general John Nicholson, condenó en un comunicado "la naturaleza bárbara" de los talibanes, al aprovechar éstos el momento en el que los soldados se encontraban "en una mezquita y un comedor" para cometer el ataque.

"Nuestros pensamientos están con los valientes soldados muertos hoy y con sus camaradas, familiares y amigos", concluyó Nicholson, que reiteró el apoyo de la OTAN a las tropas afganas en su lucha contra "el terrorismo".

Los talibanes reivindicaron el ataque en un comunicado remitido a Efe por su portavoz, Zabihullah Mujahid, quien aseguró que mataron a "más de un centenar de soldados".

La provincia de Balkh es una de las más seguras en Afganistán.

No así la oriental provincia de Nangarhar, fronteriza con Pakistán, donde EEUU arrojó el jueves de la semana pasada el proyectil GBU-43, de diez toneladas y uno de los de mayor poder del arsenal convencional estadounidense.

En ese ataque contra una de las principales bases del grupo yihadista Estado Islámico en Afganistán murieron al menos 96 terroristas y más de 90 resultaron heridos, además de quedar destruidos varios túneles, construidos algunos de ellos en la época de la invasión y ocupación soviética del país (1979-1989).

La violencia se ha incrementado en el país asiático desde el final de la misión de combate de la OTAN en Afganistán el 1 de enero de 2015 en medio de un avance de los insurgentes, que han reducido el territorio en manos del Gobierno a apenas un 57 % del total, según datos de Estados Unidos.