Diario Vasco

Madrid, 20 mar (EFE).- "Cloro" es el nombre apropiado del elemento químico usado, entre otras aplicaciones, para desinfectar y blanquear, y no "clorina", que es una sustancia distinta, señala la Fundación del Español Urgente, promovida por la Agencia EFE y BBVA.

En los medios de comunicación, sin embargo, no es raro que se emplee la denominación impropia, como en los siguientes ejemplos: "El régimen ha usado un tóxico industrial, probablemente clorina, que se puede adquirir en grandes superficies comerciales", "La entidad de salud dijo que el agua contaba con los niveles de clorina adecuados" o "Las normas de seguridad exigen lavarse repetidamente las manos con clorina al entrar y salir de cada dependencia".

El cloro es un elemento químico tóxico, relativamente abundante en la Tierra, que se usa sobre todo para blanquear, en la desinfección de aguas y en la industria de los plásticos. La clorina, por su parte, es un compuesto mucho menos abundante relacionado con la fotosíntesis, que se emplea en ciertas terapias contra tumores y que, a pesar de lo que pueda sugerir su nombre, ni siquiera contiene cloro.

El empleo de "clorina" para el elemento es influencia del inglés "chlorine", con la terminación "-ine" que tienen en esa lengua los elementos de su grupo ("bromine", "iodine", "fluorine"). En español y con la excepción del flúor, estos nombres acaban en "-o": "bromo" y no "bromina", "yodo" y no "yodina", "flúor" y no "fluorina".

En consecuencia, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir "El régimen ha usado un tóxico industrial, probablemente cloro, que se puede adquirir en grandes superficies comerciales", "La entidad de salud dijo que el agua contaba con los niveles de cloro adecuados" y "Las normas de seguridad exigen lavarse repetidamente las manos con cloro al entrar y salir de cada dependencia".

La Fundéu BBVA (www.fundeu.es), que trabaja asesorada por la Real Academia Española y cuyo principal objetivo es el buen uso del español en los medios de comunicación, cuenta con la colaboración, además, del Instituto Cervantes, la Fundación San Millán, Accenture, Gómez-Acebo & Pombo y Prodigioso Volcán.