Diario Vasco

Nairobi, 2 dic (EFE).- El secretario general de la OCDE, Ángel Gurría, cree que la actual crisis de confianza en las instituciones, alimentada a diario por sus propios representantes, es más acuciante que el crecimiento económico o el empleo, ya que puede conducir a una pérdida de la fe en la democracia.

"Nadie cree ya en los presidentes, ni en los partidos, ni en los parlamentos, ni en la banca, ni en las multinacionales ni en nada. Y todos lo días damos material para confirmar sus peores temores con continuas portadas sobre corrupción", lamenta en una entrevista a Efe en Nairobi.

El "peligro último" de esta situación, advierte, es una "pérdida de la fe en la democracia" que se traduce en una despreocupación por la participación en los procesos públicos decisorios, especialmente preocupante entre la juventud.

El "Brexit", la victoria electoral de Donald Trump en EEUU, el resultado negativo del referéndum sobre la paz en Colombia o los recientes cambios de Gobierno en Moldavia, Estonia o Bulgaria son, a su juicio, un síntoma de esta situación.

"Hay un altísimo nivel de desempleo y la desigualdad ha aumentado en todos los países. En todas partes existe una insatisfacción cada vez más evidente y una enorme expresión de esta insatisfacción en los procesos democráticos que descarrila las expectativas y provoca grandes cambios de rumbo", analiza Gurría.

Los jóvenes ya no se identifican con los procesos políticos tradicionales porque no los creen capaces de resolver sus problemas, y entonces dejan de votar: "Es lo que pasó en Gran Bretaña, donde el 60% de la juventud no se molestó en votar cuando era su futuro lo que estaba en juego, o lo que pasó en Colombia".

"La sociedad se fragmenta y surgen partidos políticos de extrema izquierda y derecha que captan un gran porcentaje de votos y se convierten en los que deciden sin tener ninguna experiencia de Gobierno. Capturan el interés porque la gente está sensible y cambian el curso de la Historia", señala el líder de la OCDE.

"Estamos muy expuestos. La gobernabilidad, o la credibilidad, hoy es más importante que el crecimiento, la inflación o el empleo", asegura.

"Si la gente no cree en los presidentes, ni en los partidos ni en los parlamentos y teme la corrupción y la mala calidad de los servicios públicos, pierden la fe en la democracia", insiste.

Otro de los efectos de la desconfianza y de su consecuente fragmentación es la limitada libertad de los líderes para afrontar grandes decisiones: "Ahora tienen unas coaliciones con tantos partidos que tienen que tener a todo el mundo contento para que no se caiga el Gobierno".

"El problema actual es que los gobiernos tienen una vida de menos de cuatro años, y a veces son necesarios al menos cuatro años para ver los resultados, por eso muchos gobernantes no toman decisiones, porque no son efectivas a corto plazo o de cara a las próximas elecciones", comenta.

"Los cambios estructurales -añade- tienen un gran coste a corto plazo y beneficio a largo plazo, y eso es casi lo contrario de lo que los líderes quieren ver".

Gurría también expresa su preocupación por la corrupción promovida por la empresas multinacionales, otro de los grandes caballos de batalla de la OCDE, que alberga el único instrumento jurídicamente vinculante para penalizar el soborno de funcionarios públicos extranjeros en las transacciones internacionales.

"El más pequeño acto de corrupción es capaz de lastrar el desarrollo de un país. Alguien, por ganar 10.000 dólares, puede hacer perder millones a un país y seguir provocando pérdidas a lo largo cien años", concluye.