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Bangkok, 1 dic (EFE).- La monarquía tailandesa prolongó hoy sus más de siete siglos de historia con la proclamación como rey del príncipe heredero Vajiralongkorn, que sucede a su padre, Bhumibol Adulyadej o Rama IX, muerto a los 88 años de edad el pasado octubre.

El concepto tailandés de monarquía se remonta, según el Ministerio de Asuntos Exteriores de Tailandia, al primer reino verdaderamente independiente, el de Sukhotai en el siglo XIII.

"Especialmente bajo el reinado del rey Ramkhamhaeng el Grande", dice la historia oficial, "nació el ideal de un soberano paternal atento a las necesidades de su pueblo y consciente del hecho de que su deber era guiarlo, una visión muy diferente a la monarquía divina practicada por los jemeres" (de la vecina Camboya).

Ramkhamhaeng, tercer soberano de la dinastía Phra Ruang, reinó desde el año 1279 hasta su muerte, en 1298, periodo en el que Sukhotai alcanzó su máximo esplendor y sus fronteras penetraban en las actuales Birmania (Myanmar), Camboya, Laos y Malasia.

A este monarca absoluto, paternalista y benevolente, según la descripción oficial, se le atribuye la creación del alfabeto tailandés y el establecimiento de la escuela theravada del budismo como religión oficial.

La población de Sukhothai, situada en la actualidad a 365 kilómetros al norte de Bangkok, ejerció de capital del reino entre 1238 y 1347, y Phitsanulok, a 51 kilómetros al suroeste de la anterior, hizo lo propio desde entonces hasta 1583.

La Unesco declaró en 1991 patrimonio de la humanidad la ciudad histórica de Sukhothai y sus "espléndidos monumentos ilustrativos de la primera época de la arquitectura tailandesa".

Sukhothai limitaba al norte con el reino del millón de arrozales, Lanna, que conoció su máximo esplendor durante el siglo XIII con Mengrai el Grande, el vigésimo quinto monarca de Hiran.

Mengrai dispuso su capital en Chiang Mai, ciudad situada en la actualidad a 575 kilómetros al noroeste de Bangkok, y la protegió con un muro que aún se puede contemplar en el casco antiguo.

La llamada Rosa del Norte se mantiene desde entonces como urbe principal y centro cultural, con más de 300 templos budistas, de la región septentrional de Tailandia.

En el siglo XIV, el rey Ramathibodi I (U Thong), que algunos expertos consideran descendiente de Mengrai, levantó un imperio en Ayutthaya, una población situada a unos 66 kilómetros al norte de la actual Bangkok.

El reino de Ayutthaya, que pondrá uno de los pilares de la Tailandia moderna con la introducción del código de leyes Dharmasastra, producto de la tradición bramánica, comprendió 14 reinados, siendo el más largo el de Boromma Trailokanat, que duró 40 años (1448-88), y el más corto el de Chao Thong Lan, que apenas llegó a siete días en 1388.

El periodo resultó tan variado como sus soberanos, que movieron la capital cuatro veces: Ayutthaya (1351-1463), Phitsanulok (1463-1488), Ayutthaya (1488-1666), Lopburi (1666-1688) y Ayutthaya (1688-1767).

La historia oficial reconoce que durante esa época se perdió a veces el ideal del rey paternal por la influencia jemer y que "el monarca se convirtió en un figura altanera e inaccesible, pocas veces vista por la mayoría de los ciudadanos".

"Sin embargo, este periodo que abarcó cuatro siglos fue testigo de reinados de algunos monarcas notables, cuyos logros fueron trascendentales", precisa la crónica oficial.

El final de Ayutthaya lo determinó el ejército birmano cuando saqueó y arrasó en 1767 la capital, cuyas ruinas la Unesco declaró patrimonio de la humanidad en 1991.

De estas cenizas, uno de los hechos históricos menos recomendable de recordar a los tailandeses, surgió el reino de Siam y la dinastía Chakri con Phutthayotfa Chulalok o Rama I.

"Con el establecimiento de la dinastía Chakri en 1782 y de Bangkok como capital, la monarquía se basó ante todo en una adhesión al concepto budista de la virtud", dice la historia oficial.

La monarquía absoluta se abolió el 24 de junio de 1932, durante el reinado de Prajadhipok, Rama VII.

Las siete décadas del reinado de Bhumibol o Rama IX (1946-2016) han servido para restablecer la influencia de la corona en el Estado y para fortalecer la creencia entre la población de que el rey es fuente de virtud, unidad e identidad nacional.

Esta es la herencia que recibe Vajiralongkorn, Rama X, además de la ley de lesa majestad, que castiga con hasta 15 años de cárcel las transgresiones contra la familia real.