Diario Vasco

Chapecó , 1 dic .- El Arena Condá, feudo del malogrado Chapecoense, debe su nombre al líder de un pueblo indígena que encarnó en el pasado el carácter aguerrido de una afición que en sus orígenes se sentaba literalmente sobre un cerro.

Este humilde campo de fútbol fue inaugurado el 24 de enero de 1976, tres años después de la constitución del equipo, con solo el verde de césped, sin gradas que abrigaran a los jugadores, pero bajo el nombre de un personaje que marcó su futuro.

Durante muchos años el campo se conoció como Estadio Regional Indio Condá en honor a un aguerrido líder indígena de la tribu centenaria de los káingang, que significa "hombres del bosque".

Este pueblo vivía en grupos de apenas 200 personas y ocupó un extenso territorio en el sur de Brasil, justo donde se encuentra Chapecó, en el estado de Santa Catarina.

"El símbolo del Chapecoense es el indio Condá", explica a Efe el cronista Tadeo Costa, que retransmite para una radio local los partidos del equipo desde hace más de dos décadas.

En los alrededores del estadio, una estatua de Condá, engalanado con su arco, vigila a los aficionados y les recuerda la fortaleza que él tuvo para garantizar la supervivencia de su etnia, una actitud que ha impregnado a toda la hinchada.

Costa ha vivido la transformación de este modesto equipo, que ascendió a la máxima categoría brasileña hace solo dos años y ahora lamenta la pérdida de prácticamente toda la plantilla en el accidente que sufrió el avión que les llevaba para jugar la ida de la final de la Copa Sudamericana en Colombia.

"El estadio Indio Condá fue construido por la gestión del entonces alcalde Milton Sander cuando la ciudad tenía apenas entre 70.000 y 80.000 habitantes y fue creciendo con la ciudad", recuerda Costa sentado en los banquillos del hoy Arena, que se prepara para recibir los restos mortales de sus héroes.

En sus orígenes, apenas había una torre de luz, comenta, y la gente se sentaba sobre el propio cerro que escoltaba el terreno de juego y servía de "graderío improvisado".

Por entonces el "equipo era muy pequeño y no tenía condiciones de conquistar nada", hasta que ese vínculo familiar que une a Chapecó con el club, quizá porque los dos crecieron juntos, llevó al equipo en volandas hacia su primera final en un torneo internacional que nunca disputará.

"El Huracán del Oeste", apodo que recibe el club por el entusiasmo de su afición, ganó sus primeros títulos en el Campeonato de Santa Catarina, lo que les permitió progresar e ir dando forma al estadio, algo inaudito para "una región nada futbolera", reconoce Costa.

Se construyeron las gradas y se fue acondicionando el lugar en un lento proceso que terminó en 2007 cuando fue rebautizado como Arena Condá, con aforo para cerca de 20.000 personas repartidas en los cuatro anfiteatros disponibles.

Ese año el "Chape", en la tercera división brasileña, ganó de nuevo el que sería su tercer título de Campeonato Catarinense.

La hinchada siempre llenó las gradas con orgullo y un alto sentido de hermandad, también cuando el club estuvo a punto de desaparecer hace unos cinco años por unas deudas insostenibles.

"La fuerza del Chapecoense es que es una familia unida desde la directiva hasta los empleados. El presidente trataba a todos por igual. No había ninguna diferencia y ahí está su fuerza", dice a Efe Antonio Lorenzi, de 49 años, que desde hace seis cuida el césped del Arena.

Lorenzi destaca la "energía positiva" que transmitían los jugadores a todos y recuerda las bromas que le hacían algunos de ellos sobre el estado del césped.

La historia y el sentimiento de este club siempre fueron por delante de sus instalaciones, que no gozan todavía de los requisitos para albergar una final de un torneo internacional.

Antes de la tragedia, la directiva del Chapecoense tuvo que buscar un estadio para jugar el encuentro de local de la final Sudamericana ya que su casa no cumplía con las exigencias de la Conmebol al no tener capacidad para más de 40.000 aficionados.

Pese a su precariedad, las gradas del Arena no enmudecerán nunca como ya demostraron las barras en la emocionante vigilia que hicieron este jueves en homenaje a los fallecidos.

"Este tipo de cosas que pasan fortalece más a las personas, a la comunidad, a Brasil y al mundo y yo creo que el Chapecó volverá más fuerte de lo que ya es", concluye un Costa confiado.