Diario Vasco

Barcelona, 1 dic (EFE).- La lesión de Andrés Iniesta puso a prueba hace un mes las excelencias que se creían en la planificación del FC Barcelona con los mimbres reclutados para el centro del campo.

El resultado ha sido bastante decepcionante, porque sin el capitán del Barça, el equipo que entrena Luis Enrique tiene menos de muchas cosas, especialmente del sello futbolístico azulgrana.

Sobrepuesto ya de una lesión parcial en el ligamento lateral externo de su rodilla derecha, Iniesta parece ya recobrado de una dura entrada que recibió del valencianista Enzo Pérez el pasado 22 de octubre en Mestalla (2-3), y el Barcelona recupera cierta alegría con el regreso de su capitán para el partido contra el Madrid este sábado en el Camp Nou.

Los números antes de este clásico son demoledores para un Barça que quiere su tercera Liga seguida: a seis puntos del Madrid y con la amenaza de que una derrota le deje a nueve, más la diferencia de goles en contra, cumplido ya el primer tercio del torneo.

Sin Iniesta, el Barcelona esta temporada ha sido menos equipo, y lo más alarmante para el equipo de Luis Enrique Martínez es que los aspirantes a intentar hacer olvidar al manchego no sólo no lo han conseguido, sino que se ha creado un efecto contrario: sin Iniesta, el sello azulgrana está más diluido que nunca.

Tras una larga recuperación, al final las expectativas barcelonistas más ilusionantes se han cumplido, pues el capitán reaparecerá para el clásico, como ya aventuró hace unos días el técnico del Barcelona, que lamentó que Iniesta no pudiese jugar unos minutos en el Rico Pérez, en la ida de los dieciseisavos de final de la Copa del Rey, porque tenía que cumplir con un partido de sanción.

Recuperado Iniesta para la causa, al Barça se le presenta un panorama con vistas más despejadas al clásico, sobre todo por el recorrido reciente de su equipo, en el que han saltado todas las alarmas, especialmente tras el partido en San Sebastián, en el que principales actores en el equipo han reconocido la debacle y han emplazado a los suyos a un cambio radical en todos los aspectos, incluida la actitud, como así subrayó Gerard Piqué.

Las opciones de Rafinha, Denis Suárez, Arda Turan y, sobre todo de André Gomes, el jugador que parecía citado para ocupar el espacio de Iniesta, no han acabado de funcionar, ni por los resultados alcanzados ni por el juego propuesto. Quizá el joven Denis Suárez sea el que más se salve, ya que sus minutos han sido de mucha calidad.

Con Iniesta en el campo el Barcelona va a recuperar a un jugador que le va a dar sentido al juego en el centro del campo, con capacidad de marcar la pauta y de enlazar entre la creación desde atrás para proveer a los tres de delante.

El Barça se siente muy cómodo y seguro con Iniesta, pero la aportación del manchego no va a solucionar el problema de los azulgrana, si el equipo de Luis Enrique no mejora y mucho el fútbol con el que se plantó en San Sebastián la pasada jornada, con más de 150 pérdidas de balón, que incluyen a un desubicado Ter Stegen, que llegó a sortear casi veinte pelotas por aire, sin atender a la pauta de ser el primer creador del juego ofensivo.

Sobre Iniesta, además de Messi, recaerá este sábado la función de hacer visible a un Barcelona desdibujado desde hace unas semanas. El manchego, un clásico en los partidos de la máxima en la Liga, está llamado a ponerle cara a un Barça que acudirá mañana con casi la misma alineación al clásico que el curso pasado (a excepción de Dani Alves, en el Juventus), pero con otras palpitaciones.

El clásico del año pasado citaba a los dos equipos con trayectorias opuestas. El Barcelona, con 39 partidos seguidos sin perder, afrontaba un choque para liquidar al Madrid en la Liga, pero al conjunto madridista le salieron unos últimos minutos exquisitos para darle la vuelta al marcador (1-2), cuando el Barcelona parecía que lo tenía todo controlado tras un gol de Piqué (1-0).

La apatía y una serie de cambios tácticos echaron al traste la ventaja barcelonista, para dar vida a un Madrid que se repuso, sobre todo, para encarar la Champions con otro ánimo, no en la Liga, que volvió a caer para el Barça.