Diario Vasco

Banjul, 30 nov (EFE).- Unos 900.000 ciudadanos de Gambia están llamados a acudir mañana a las urnas para elegir a su presidente en un contexto de crisis económica y tras una oleada de detenciones de miembros de la oposición, que reclaman una mayor transparencia en los comicios.

En el poder desde 1994, Yahya Jammeh, de 51 años, aspira a un quinto mandato para mantener a su país en "la paz, la estabilidad y un desarrollo económico sin precedentes".

Jammeh se enfrentará en las urnas a Adama Barrow, candidato del Partido Democrático Unido (UDP, por sus siglas en inglés), respaldado por una coalición de siete grupos opositores, y Mammah Kandeh, líder del Congreso Democrático Gambiano (CDG).

Las elecciones se celebrarán mientras una treintena de opositores, entre ellos el máximo rival de Jammeh, Ousainu Darboe, está en la cárcel por participar en una manifestación pacífica el pasado abril para exigir una modificación de la ley electoral que diera más transparencia a los comicios.

Jammeh llegó a la Presidencia tras un golpe de Estado que acabó con el régimen de Dauda Jawara, quien había permanecido al frente de Gambia desde la independencia del Reino Unido, en 1965.

El mandatario gambiano ha sido acusado con frecuencia de ejercer una violenta represión política, de restringir la libertad de la prensa y de atentar contra los derechos humanos, especialmente en relación de colectivos como los homosexuales.

En este sentido, el Gobierno nunca aclaró las circunstancias del asesinato en 2004 del periodista Dayda Haidara, mientras que en los últimos años varios miembros de los servicios de seguridad han sido detenidos por una supuesta conspiración contra el presidente.

Además, varios periodistas y opositores han desaparecido tras ser arrestados por la policía secreta gambiana, la temida Agencia de Inteligencia Nacional (NIA, por sus siglas en inglés).

En medio de estas graves acusaciones, Gambia se ha sumado a Sudáfrica y Burundi al anunciar su retirada de la Corte Penal Internacional, a la que acusa de ser una institución dedicada a juzgar exclusivamente a dirigentes africanos.

Con todo, ha sido la crisis económica el tema que ha centrado el debate durante la campaña electoral que concluyó ayer.

No en vano, Gambia se encuentra al borde de la quiebra financiera, lo que le llevó a pedir en marzo una ayuda urgente al Fondo Monetario Internacional para sanear sus finanzas y evitar el colapso de varias empresas públicas.

Además, la crisis financiera obligó al presidente a tomar medidas drásticas en mayo para frenar la caída vertiginosa de la moneda local, el dalasi, frente a las divisas extranjeras.

El mandatario ordenó que ningún banco cambiara el dólar estadounidense a más de 45 dalasis, y prohibió la salida del país de cualquiera con más 10.000 dólares o el equivalente en libras y euros.

Los programas económicos impulsados por Jammeh no han logrado garantizar la estabilidad macroeconómica, como tampoco acabar con la pobreza de los gambianos, pues la mayoría todavía vive con menos de dos dólares al día.

Su principal adversario, Adama Barrow, un empresario de 51 años, instó a los votantes a "cerrar 25 años de régimen autoritario" para dar paso un gobierno respetuoso con los derechos humanos que mejore sus relaciones internacionales.

Los electores de Gambia, un país de cerca de 11.300 kilómetros cuadrados y alrededor de 1,9 millones de ciudadanos, votarán en un millar de colegios electorales.