Diario Vasco

Lisboa, 30 nov (EFE).- Felipe VI pronunció hoy ante la Asamblea de la República portuguesa el discurso más importante de su primera visita de Estado a Portugal, defendió la "concertación y hermandad ibérica" con España para luchar juntos por sus intereses en Europa y lanzó un mensaje profundamente europeísta y de gran complicidad.

"Cuanto mejor vaya a Europa, mejor irán Portugal y España. Cuanto mejor marchen España y Portugal, mejor caminará Europa", fue la idea central lanzada por el monarca español a los 230 diputados lusos en una alocución excepcional, puesto que sólo ocho jefes de Estado extranjeros han subido a la tribuna del hemiciclo antes que él.

La sesión solemne en el Parlamento fue el acto culminante del viaje de tres días a Portugal que ha llevado a cabo junto a la reina Letizia, quien hoy escuchó sus palabras desde el palco de honor.

Todos los diputados acogieron con respetuoso silencio sus palabras, y aunque la mayoría le dedicó una larga ovación, los del Bloque de Izquierdas -formación equiparable a Podemos en España- comunistas, verdes y animalistas se abstuvieron de aplaudir.

Marcó la anécdota uno de los del Bloque, que lucía de forma ostentosa una camiseta con la bandera republicana española.

El rey Felipe aprovechó la oportunidad de dirigirse a la Cámara lusa para reconocer su deuda personal con Portugal y con su familia, porque si de su abuelo, el conde de Barcelona, que estuvo exiliado en Estoril, reconoció haber heredado la gratitud hacia la hospitalidad del pueblo portugués, de su padre, el rey Juan Carlos I, admitió haber recibido su "amor" por la lengua portuguesa.

Una vez más utilizó el portugués para agradecer la acogida dispensada a él y a la reina Letizia durante su estancia para seguidamente dejar claro que Europa es la vocación de España y Portugal.

"Nuestro primer anhelo, como españoles y portugueses, es seguir siendo y construyendo vigorosamente Europa. Europa es nuestra cuna y nuestro destino común", proclamó el monarca.

En la misma senda, Felipe VI subrayó que los dos países ibéricos defienden "posiciones e intereses a menudo coincidentes" respecto a las políticas de la Unión.

Así, agregó: "Nuestra concertación y hermandad ibérica nos sirven bien para adelantar nuestros respectivos intereses en el seno de la Unión y apoyarnos solidariamente en momentos de dificultad".

En este argumento coincidió con el presidente de la Asamblea, Eduardo Ferro Rodrigues, quien le antecedió en el uso de la palabra para destacar que, independientemente de las ideologías, "nuestros intereses estratégicos son comunes" y, como tal, deben ser defendidos en la Unión europea (UE), la OTAN o las Naciones Unidas.

El jefe del Estado español dedicó el resto de su discurso ante la Asamblea de la República a constatar todos aquellos ámbitos en los que España y Portugal van de la mano ante Europa y el mundo, como la seguridad y defensa -al ser ambos socios de la OTAN- la lucha contra el terrorismo y la delincuencia o los vínculos con Iberoamérica.

"Portugueses y españoles sabemos que cuanto más próspera sea Ibroamérica, más próspera será nuestra común tierra ibérica", advirtió al respecto.

No olvidó el Rey español aludir, en lo económico, a la conveniencia de convertir a la Península Ibérica "en una alternativa rentable para el abastecimiento energético de Europa".

Y si inició su parlamento en portugués, también lo hizo en esta misma lengua, cuya similitud con el español, según recordó, supone "una de las bases fundamentales de nuestra fuerza y unidad".

"Quiero que sepan que como español, como rey de España, mi corazón está con Portugal", concluyó su exposición.

Tras la sesión solemne en la Asamblea, Felipe VI y su esposa Letizia se desplazaron hasta la residencia del embajador español, en el Palacio de Palhavá, para una recepción con la colonia española.

Su último acto del viaje tuvo lugar en la Fundación Champalimaud, una prestigiosa institución dedicada a la investigación oncológica, neurodegenerativa y oftalmológica que los Reyes recorrieron junto al presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa.

Como anfitrión de este esperado viaje de Estado afirmó tras despedir a los reyes Felipe y Letizia que su visita había sido un "éxito absoluto" tanto desde el punto de vista político, social y económico como personal, y consideró "magníficas" todas las intervenciones del monarca, que pronunció siete discursos en tres días.