Diario Vasco

Carlos Moreno

Río de Janeiro, 30 nov (EFECOM).- La economía de Brasil, la mayor de Sudamérica, se contrajo un 2,9 % en el tercer trimestre frente al mismo período del año pasado y, afectada por la fuerte caída de la inversión, sigue sin ver el final de la grave recesión que sufre desde el año pasado, han coincidido hoy los economistas.

Con una nueva reducción trimestral, la décima consecutiva, el producto interior bruto (PIB) de Brasil acumuló en los nueve primeros meses de 2016 un crecimiento negativo del 4 %, el peor resultado para el período desde que comenzó a ser medido con los actuales criterios en 1996, según los datos divulgados hoy por el estatal Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas (IBGE).

El resultado echó un balde de agua fría sobre el Gobierno y los expertos que predecían que la economía comenzaría a reaccionar en el segundo semestre de 2016 tras caer un 3,8 % en 2015, su peor resultado en los últimos 25 años.

Como el PIB interanual acumula una caída del 4,4 % hasta octubre, el resultado de este año puede ser peor al previsto por los economistas (retracción del 3,4 %) y confirmar no sólo la grave recesión que vive Brasil sino el encadenamiento de dos años seguidos de crecimiento negativo por primera vez desde 1930.

Pese a que el crecimiento de la inversión y de la producción industrial en el segundo trimestre hizo creer que la situación había llegado al final del pozo y que Brasil volvería a crecer en el tercer trimestre, fue precisamente el mal resultado de esos dos indicadores el que volvió a hundir las expectativas.

La inversión creció un 0,5 % en el segundo trimestre frente al primero pero cayó un 3,1 % en el tercero, en tanto que la producción industrial se expandió un 1,2 % en el segundo trimestre y retrocedió un 1,3 % en el tercero.

La economista Rebeca Palis, responsable de los estudios sobre el PIB del IBGE, admitió en rueda de prensa que la fuerte caída de la inversión, que se reflejó en la producción industrial, fue la principal responsable por los malos resultados del tercer trimestre.

La inversión se redujo un 8,4 % en comparación con el tercer trimestre del ejercicio pasado y acumula una caída del 13,5 % en el último año, lo que, según Palis, refleja la clara falta de confianza de los empresarios en la economía del país pese a que la incertidumbre política fue superada con la destitución definitiva de la presidenta Dilma Rousseff y su sustitución por Michel Temer.

La tasa de inversión de Brasil tuvo un retroceso en el tercer trimestre al equivalente del 16,5 % del PIB, por debajo del 18,2 % del mismo período en 2015 y el menor nivel en los últimos trece años, sólo comparable al del tercer trimestre de 2003 (16,3 %).

"Los datos muestran que nadie sabe cuándo vamos a salir del fondo del pozo. Todo el mundo creía que habíamos pasado lo peor y no lo pasamos", aseguró el economista Raúl Vellosso, uno de los mayores especialistas en cuentas públicas en el país y para quien la principal explicación para el agravamiento de la recesión es la caída de la inversión, "que sigue retrocediendo por encima del PIB".

"Los datos demuestran que los empresarios no confían en la recuperación de la demanda. Si tuviesen confianza estarían invirtiendo", agrega Julio Miragaya, presidente do Consejo Federal de Economía (Cofecon).

En comparación con el trimestre inmediatamente anterior, la economía brasileña se retrajo un 0,8 % en el tercer trimestre, su séptima caída consecutiva y una variación negativa superior a la que el país venía registrando.

El pasado año, la economía cayó un 1,6 % en el tercer trimestre frente al segundo, un 1,1 % en el cuarto trimestre, y retrocedió un 0,5 % en los tres primeros meses de 2016 y un 0,4 % en el segundo trimestre.

Al mal resultado del tercer trimestre también contribuyó la reducción del 3,4 % del consumo de los brasileños, que fue el principal motor de la economía hasta 2014 gracias a la reducción de la pobreza, el aumento del empleo y de la renta, y el crecimiento del crédito.

Pero la actual recesión ha provocado un fuerte crecimiento del desempleo, que subió hasta el 11,8 % de la población activa en octubre (doce millones de personas), una aceleración de la inflación, que el año pasado fue la mayor en trece años, y el encarecimiento del crédito.