Diario Vasco

Viena, 29 nov (EFE).- Exclusión social, desempleo, pobreza e incluso hambre. Esa es la foto de cómo viven los gitanos en la Unión Europea (UE), según una encuesta que publica hoy la Agencia europea de Derechos Fundamentales (FRA).

"Este informe destaca una perturbadora pero inevitable realidad: La mayor minoría étnica de la UE sigue afrontando una discriminación intolerable y un desigual acceso a servicios fundamentales", resume en el estudio Michael O'Flaherty, director de la FRA.

La realidad a la que se refiere es que el 30 % de los gitanos europeos carece de agua corriente. O que uno de cada tres niños de esta etnia vive en hogares donde se pasa hambre. O que sólo el 53 % de los menores recibe educación primaria.

Los datos, recogidos en la "Segunda Encuesta de la Unión Europa sobre Minorías y Discriminación", provienen de entrevistas a casi 8.000 gitanos y acumula información sobre 33.787 miembros de esta minoría en los nueve países de la UE.

En Bulgaria, Croacia, República Checa, Grecia, Hungría, Portugal, Rumanía, Eslovaquia y España viven cinco de los seis millones de gitanos o romaníes que se estima residen en la Unión Europea.

Un 80 % de ellos (entre la población general es un 17) sigue viviendo bajo el nivel de riesgo de pobreza, exactamente el mismo porcentaje que en 2011, años del anterior sondeo.

"Dada la magnitud de los recursos invertidos en los últimos años y el peso de las políticas de la Comisión (Europea), creo que la falta de progresos equivale a un fracaso", lamenta en declaraciones a Efe Andrey Ivanov, uno de los responsables del informe, que se centra en aportar datos y no en las soluciones.

Ivanov, jefe de la sección de romaníes e integración de migrantes en la FRA, reconoce que es muy difícil resumir los motivos de esta falta de avances, pero sí tiene claro que es preciso reconsiderar las políticas y que no se puede mantener las mismas ideas.

"Siempre se ha visto la integración como un proceso en el que un individuo o un grupo simplemente se integra en la sociedad. Pero también tenemos que pensar en si no es una calle de dos sentidos, en la que también la sociedad, de alguna manera, tiene que ajustarse. Hay que hacer cosas a ambos lados de la ecuación", explica.

En ese sentido, este experto asegura que el debate de la integración de los romaníes puede extenderse a la nueva situación con la llegada de los refugiados.

"Tenemos que entender qué funciona y qué no, para no repetir los mismos errores en el mucho mayor desafío masivo de integrar a refugiados e inmigrantes", advierte.

Uno de los indicadores más llamativos en este sondeo es el del hambre: Un 7 % de los encuestados aseguró que en sus hogares hay al menos una persona que pasó hambre más de cuatro veces durante el mes previo a la entrevista.

La tasa de desempleo, según los datos dados por los entrevistados, es del 34 %.

La de escolarización, entre los siete y los catorce años, es del 93 % pero cae al 52 en los mayores de quince y al 5 para quienes tienen más de dieciocho años.

Además, el 20 % de los alumnos gitanos de secundaria están en niveles inferiores a los que les corresponde por su edad.

Pese a estar prohibida, la segregación de niños en las escuelas sigue siendo especialmente frecuente en Grecia, Hungría, Eslovaquia y Bulgaria.

Es este país, el 60 % de los escolares gitanos entre 6 y 15 años van a centros donde todos o la mayoría de los compañeros son de esa etnia.

Respecto al acceso a la sanidad, las cifras varían entre el 98 % de los encuestados en España que afirma tener acceso al sistema nacional de salud, y el 45 % de Bulgaria.

Respecto a la vivienda, otro gran indicador del nivel de vida, la situación es especialmente grave en el Este de Europa y mejor en España y Portugal.

Así, el 67 % de los gitanos rumanos no tiene agua corriente en casa y el 65 % de los búlgaros no dispone de inodoro, ducha o cuarto de baño.

Un 24 % se queja de vivir en zonas afectadas por la polución, muchos más que el conjunto de la población, y un 22 % afirma vivir en zonas donde hay vandalismo o violencia.

En el cuestionario se trata también cuán discriminados se sienten los ciudadanos comunitarios de etnia gitana.

Un 26 % asegura haberse sentido discriminado en los últimos doce meses debido al color de su piel, su origen étnico o sus creencias religiosas.

Peor es justo en Rumanía, Bulgaria y Hungría, países donde muchos indicadores revelan una muy mala situación, es donde un menor porcentaje de entrevistados asegura haberse sentido discriminado.

Ivanov explica que esa baja percepción de discriminación puede esconder una situación aún peor, la del aislamiento físico y social.

"Si las bajas tasas de discriminación se deben al hecho de que la mayoría de la población no romaní no interactúa con los romaníes, entonces no hemos logrado mucho".