Diario Vasco

Pacheta, el triunfo desde la soledad

Madrid, 19 oct (EFE).- José Rojo Martín "Pacheta" hizo las maletas hace 9 meses, dejó a su familia en Soria y viajó hasta Tailandia para comenzar su enésima aventura profesional al frente de un club de fútbol, el Ratchaburi, en el que ha triunfado desde la soledad del entrenador que persigue un sueño a base de sudor.

Pacheta, aquel jugador que formó parte del Espanyol de Jordi Lardín y Florin Raducioiu de mediados de los años 90 y que alcanzó la gloria con un cuarto puesto en Liga en la temporada 1994/95, suma más de una década buscándose la vida en los banquillos.

Fino e intermitente centrocampista, Pacheta acabó su carrera en el Numancia y en Soria echó unas raíces que se han ido expandiendo hacia varios lugares del mundo en los que busca el éxito. Entrenó al mismo Numancia, al Hércules, al Cartagena, salvó del descenso a un equipo polaco, el Korona Kielce, se formó en Estados Unidos y en Australia y ahora es feliz en un país con costumbres muy diferentes a las españolas.

A Pacheta nadie le ha regalado nada en el país asiático. Allí llegó solo, con un inglés básico, sin saber tailandés en un club en el que apenas algún empleado y el dueño hablan algo de la lengua británica y con ideas europeas para aplicar en el fútbol tailandés que se diluyeron como un azucarillo.

Esa fue uno de los primeros choques de Pacheta en Tailandia. Cosas básicas en España, como hacer dos sesiones de entrenamiento en un mismo día, es algo irrealizable. El clima, lo impide. Y el primero en explicárselo fue el dueño del club, Fluke.

"El fútbol está condicionado por la climatología. Llevo 9 meses viviendo aquí y no sé lo que es estar por debajo de 25 grados. Ni por la noche. Hace muchísimo calor. Sólo puedes entrenar una vez. El primer día dije que había que entrenar mañana y tarde. Después de 20 minutos hablando, el dueño me dijo que cambiara todo por el calor. No puedes meter dos esfuerzos al día a 30 o 40 grados", dijo a EFE.

La relación de Pacheta con el presidente del Ratchaburi sería calificada en España como rara. Que un entrenador acepte consejos de su dueño y que además se los pida y en algunos casos los aplique, es normal en la relación entre Pacheta y una persona que los días de partido se sienta a su lado en el banquillo.

"El dueño tiene poco más de 30 años. Está en todos los entrenamientos y en los partidos sentado cerca de mí. Todo lo que hacemos es consensuado. Ha sido de muchísima ayuda tenerle cerca. Es quién manda y lo tengo asumido. Conmigo, siempre es respetuoso. Para mí, que esté cerca es una ventaja, ningún inconveniente. Y quiero que siga cerca", afirmó.

Eso sí, cuando Pacheta dice no, es que no. Las decisiones finales las toma él y solo él. Su jefe no se mete, solo aconseja. Y, los resultados han sido tan buenos, que por primera vez en los diez años de existencia del club, ha renovado a un entrenador. Acostumbrado a fichar de año en año, al final de cada curso jamás renovó a su técnico. Simplemente le dejo marchar y fichó a otro. Menos a Pacheta.

El Ratchaburi ha cumplido con creces y ha acabado entre los primeros de una Liga que ha finalizado tres jornadas antes por la muerte del rey Bhumibol Adulyadej. Además, Pacheta condujo a sus hombres hasta las semifinales de Copa, que tampoco se disputará por el fallecimiento del monarca. Se hará un sorteo para conocer el nombre del campeón.

Así solucionaron una situación excepcional en el fútbol tailandés, que, tiene otras peculiaridades con las que ha tenido que lidiar Pacheta. Por ejemplo, el picante. En Europa, los jugadores rinden menos si lo toman. Allí, todos lo hacen y al nivel más extremo.

"El primer día que fuimos a comer, todo picaba. Pensaba que eso no se podía comer, pero ellos llevan comiendo así toda su vida. ¿Cómo vas a cambiar aquí de un día para otro? Eso pica que arde la boca. ¿Cómo cambiarlo? En vez que pique al 100 por cien, que pique al 40".

Así ha tenido que ir modificando todo. Poco a poco. Sin hacerlo de forma extrema, porque si no habría perdido el control. El método de Pacheta ha sido sibilino. Sus jugadores siguen comiendo picante pero no hasta el extremo. Y, además, son un lienzo en blanco en los que escribir una historia. Tienen muchas carencias tácticas y técnicas para que haya un gran margen de mejora.

Para Pacheta eso es muy satisfactorio, puede ver como crecen sus jugadores con sus métodos. En España, el nivel ya es muy alto y el margen es escaso. Poco a poco ha creado un equipo reconocible al que le gusta manejar la pelota y que ha cosechado buenos resultados.

Pero hasta llegar a ese punto de felicidad, lo ha pasado mal. Sobre todo los tres primeros meses. Pacheta lleva una vida casi monacal dedicada al trabajo. Desde que se levanta, a las 7:30, hasta que se acuesta, a las 23:00, vive para eso. Trabajo, trabajo y trabajo en una ciudad de unos 300.000 habitantes que está a algo más de 100 kilómetros de Bangkok y que no es un foco de turistas.

El Ratchaburi, con un estadio recién construido para 15.000 espectadores, ha crecido a la vez que Pacheta, a quien piden fotos de forma respetuosa unos aficionados que ven en su entrenador como un ídolo. Ese estado de felicidad, ha costado.

"La vida es distinta, el fútbol es distinto, el clima es distinto. La no comunicación... No llevo traductor. Llevo una vida muy estable con mi mujer desde hace 30 años. Llegar aquí y conocer la soledad con 48 años... estoy solo, sin ayudantes y sin nada. Vas persiguiendo sueños, pero a veces son sueños muy duros. Esta sido una adaptación muy dura. Pero ahora soy feliz".

Pacheta es feliz en el país en el que no tiene horno para cocinar en su casa y siempre come fuera; en el lugar en el que cuando suena el himno, todo se para, desde un entrenamiento hasta un partido; en el club en el que cuando pierdes te ayudan y no hay una espada de Damocles sobre tu cabeza porque el error se arregla y no se castiga.

Ese es Pacheta, que desde la soledad ha llegado hasta el éxito en un país lejano desde el que no puede olvidar el lugar donde están sus seres queridos. Ya lo cantó Gabinete Caligari: "A la ribera del Duero existe una ciudad, a la ribera del Duero, mi amor te espero. Voy camino Soria, ¿tú hacía dónde vas?".