Diario Vasco

Pekín, 19 oct (EFE).- El presidente filipino, Rodrigo Duterte, mostró hoy su lado más dócil al afirmar que no sacará a relucir en Pekín el tema que más le enfrenta a China, las disputas por territorios en el mar de China Meridional, mientras no reparó en renovar sus improperios contra Estados Unidos o la Unión Europea.

"¿Por qué no debería venir a China? China es buena. China no ha invadido un trozo de mi país. Todo lo que quiero son negocios", remachó Duterte en una espontánea rueda de prensa que ofreció en un hotel de Pekín, adonde llegó ayer para una visita de cuatro días.

Mostrando su lado más apacible y también más pragmático, visible por la delegación de centenares de empresarios y magnates que lo acompañan, Duterte no ocultó la intención primordial de su viaje: reforzar los lazos económicos con China (el segundo socio comercial de Filipinas), en estado frágil tras años de tensiones.

"Después de todo, no he venido a lograr un acuerdo sobre el mar de China Meridional", señaló para justificar que solo hablará del rifirrafe que mantiene con Pekín por territorios de esas aguas si los anfitriones plantean el tema, a la espera de que mañana se reúna con los líderes chinos, entre ellos su homólogo, Xi Jinping.

Así lo hará, dijo, para respetar la "cortesía oriental" y no perjudicar "la buena voluntad" entre ambos Gobiernos: para hablar de ello "habrá un momento, pero no es éste".

En pos de evitar que un encontronazo arruine potenciales acuerdos con la segunda economía mundial, Duterte ha descartado hacer uso del cierto impulso negociador que le había dado la sentencia a favor de Filipinas dirimida por la Corte de Arbitraje Permanente de La Haya el pasado julio sobre su contencioso territorial con China.

Su predecesor, Benigno Aquino, inició el proceso en 2013, después de que China se hiciera con el control del atolón Scarborough, zona de faena tradicional de pescadores filipinos, y en medio de disputas bilaterales por la soberanía del archipiélago Spratly, que Malasia, Vietnam, Brunei y Taiwán también reclaman total o parcialmente.

A años luz del Duterte que abogaba en campaña electoral por ir a las Spratly en moto acuática y plantar la bandera filipina, el exalcalde de Davao se mantuvo práctico y reconoció que pedirá ayuda económica a China, sobre todo préstamos "blandos" que su país pueda "pagar con un calendario generoso".

"Las instrucciones que Duterte nos dio en el avión fueron que nos dedicásemos a conseguir transferencias tecnológicas y, sobre todo, fondos", dijo a Efe Ricardo Pensón, presidente y consejero delegado de la empresa filipina Ausphil Tollways Corporation, miembro de la nutrida delegación empresarial que viaja con el presidente.

Apocado frente a China, Duterte no se restringió en cambio a la hora de proferir soflamas contra Occidente. Defendiendo su política exterior "independiente", volvió a arremeter contra aquellos que critican su campana antidrogas -que Pekín apoya- e incluso sugieren procesarle por ella, tras causar 3.700 muertos en los últimos cuatro meses.

"Idiotas, ¿por qué queréis procesarme?", exclamó Duterte durante la rueda de prensa, después de que la fiscal de la Corte Penal Internacional, Fatou Bensouda, manifestara la pasada semana su preocupación por las ejecuciones extrajudiciales en Filipinas y afirmara que "vigilará de cerca" la situación.

El presidente filipino, elegido el pasado mayo y quien ha antepuesto la visita a China a países europeos o a EEUU, pese a ser su principal socio comercial y soporte exterior en el último siglo, renovó sus acusaciones al bloque comunitario y al país norteamericano, de los que dijo que no tienen autoridad moral para criticarle.

"Estados Unidos importó el terrorismo a su territorio", espetó en una larga perorata, en la que reprochó al país norteamericano sus invasiones de Irak o Afganistán, y recordó a la UE la crisis de los refugiados: "Devuelven los barcos y (los refugiados) mueren en el mar".

"¿Y me preguntan por qué vengo a China?", ironizó.

Una vez concluida la rueda de prensa, Duterte se entregó a la comunidad filipina de Pekín que le aguardaba en una sala contigua del hotel, el único acto de la agenda de hoy del presidente, quien confesó haber pasado la mañana durmiendo: "Debía estar especialmente cansado", consideró.

Al grito de "¡Duterte, presidente!", y en medio de un amplio despliegue de pancartas, estatuas de cartón del líder filipino -objeto del deseo de "selfies" y posados- y camisetas con su rostro, el dirigente abrazó la "dutertemanía" y subió al estrado reforzado para continuar el "show".

Allí repitió prácticamente el mismo discurso dirigido antes a la prensa, esta vez intercalando el inglés con el tagalo, y recibió las cálidas ovaciones de un encendido público filipino, que aplaudió y reaccionó con sonoras carcajadas a varias de las lindezas de su presidente.