Diario Vasco

Almeida , 19 oct .- La ciudad portuguesa de Almeida, fronteriza con Salamanca, acoge una exposición en la que se realiza un recorrido por la historia del fado, el estilo musical más portugués.

La muestra, ubicada en el edificio de la Oficina Municipal de Almeida, cuenta con una serie de paneles explicativos para que, tanto los turistas portugueses como los extranjeros, puedan conocer los detalles de la historia del fado.

Aunque su origen no está del todo esclarecido, los paneles de la muestra explican que el fado viene de estilos musicales de los siglos XVIII y XIX conocidos como "modinha" o "lundu", de gran arraigo en Brasil.

También el fandango español ejerció gran influencia en el fado, conocido en todo el mundo como el estilo musical de la melancolía.

De esta manera, con una mezcla de esos tres géneros, el fado, -palabra que viene del latín "fatum" y que significa destino- comenzó a popularizarse por los barrios más pobres de Lisboa durante el siglo XIX.

Aunque hay fados alegres, que también son muy demandados, los melancólicos acaparan la mayoría de los adeptos, con canciones clásicas como las de Alfredo Marceneiro o Severa.

A finales de ese siglo, el fado deja de ser un estilo único de las clases más marginales para introducirse entre la burguesía lisboeta.

Y ya en el siglo XX, tras hacerse un hueco en el teatro, se profesionaliza y se crean las casas típicas para la celebración de las denominadas veladas de fado.

En las dos últimas décadas del siglo XX, este estilo alcanza sus cotas más elevadas con amplias generaciones de fadistas y guitarristas que se unen en torno a este estilo musical, cada vez más internacional.

El grupo de fado, cuya letra siempre lleva implícita la melancolía, está formado obligatoriamente por un fadista, junto con una guitarra española y una o dos guitarras portuguesas.

La primera fadista que llevó este estilo musical más allá de las fronteras portuguesas fue Ercília Costa, a principios del siglo XX.

Sin embargo, el fado moderno lo introdujo Amália Rodrigues, que interpretó letras de prestigiosos escritores portugueses como Luis de Camoes o José Regio.

Ercília Costa (Costa de Caparica, 1902-1985), conocida como "La Peregrina del fado", fue capaz de llevar esta expresión musical a Francia, Estados Unidos o Brasil.

Las letras de Fernando Pessoa también fueron cantadas por fadistas como Joao Braga y ya en la actualidad han emergido numerosos cantores que se han hecho un nombre dentro y fuera de Portugal, tales como Camané, Dulce Pontes, Mafalda Arnauth o Mariza, según está reflejado en esta exposición que se exhibirá durante un mes en Almeida.

Además, la evolución del fado también deja algunas variantes, como el fado de Coimbra, íntimamente relacionado a las tradiciones académicas de su Universidad y cantado de forma exclusiva por hombres, ataviados con capa negra.

Por el contrario, el típico fado de Lisboa es el que se representa, tanto por hombres como por mujeres, en las afamadas Casas de Fado de la capital lusa.

Y no solo en las tradicionales, que apuestan por nombres consagrados, sino también en las llamadas casas de fado vadio, en las que se canta sin ningún fin comercial, se improvisa más y se apuesta por nuevos nombres.

Hace cinco años, en noviembre de 2011, la UNESCO decidió catalogar el estilo musical del fado, donde reinan el fatalismo y la frustración, como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.