Diario Vasco

Madrid, 19 oct (EFE).- Cuando un desastre natural o un conflicto bélico impide la llegada de ayuda por tierra o por mar, la aviación humanitaria es la única capaz de garantizar que ninguna víctima de las zonas más remotas o peligrosas del planeta se quede atrás.

En 2015, el Servicio Aéreo Humanitario del Programa Mundial de Alimentos (WFP, por sus siglas en inglés), a través del Servicio Aéreo Humanitario de las Naciones Unidas (UNHAS) realizó más de 1.600 lanzamientos con más de 45.000 toneladas de comida en 300 localidades de todo el mundo.

Algunos efectuados con precisión milimétrica a una altitud de 5.000 metros, como en Siria, donde alimentos, tabletas purificadoras de agua o equipamiento médico van protegidos con paracaídas y amortiguadores, éstos fabricados en España, para garantizar que llegan en buen estado.

Porque no solo es comida lo que cae del cielo, según han explicado hoy el Jefe de Acción Humanitaria de la Aecid, Rafael de Prado; los directores del Servicio de Aviación y de Seguridad Aérea del WFP, Carlos Botta y José Odini; el Jefe de Oficina en Madrid, Antonio Salort-Pons, y el director general técnico del Colegio Oficial de Pilotos de la Aviación Comercial, Iván Gutiérrez.

La aviación humanitaria también desplaza personal de ONG, diplomáticos, periodistas o científicos, y todo tipo de cargamento: el año pasado, 550 operaciones de UNHAS desplegadas en 33 países transportaron a 300.000 pasajeros y 68.000 toneladas de material y evacuaron además a 1.800 personas.

Todo ello en las situaciones más complejas, ya que estos servicios, de elevado coste, solo actúan cuando no es posible hacerlo por otro medio.

Para ello cuentan con el apoyo de cien operadores aéreos -ninguno español- y un equipo entrenado sobre el terreno que asesora sobre las condiciones del mismo antes de emprender el vuelo.

Incluso reciben la ayuda de la población local, que se entrega a tareas como el acondicionamiento de las pistas de aterrizaje o, en zonas conflictivas, a suministrar información valiosa sobre la oportunidad de una operación, ya que "no se hace un vuelo si no hay confirmación de que es seguro hacerlo".

Así, en Siria todos los agentes de seguridad están coordinados para que el aparato con ayuda humanitaria, acompañado en todo momento por un avión de ataque de la fuerza aérea jordana, sea identificable y se sepa el horario y la altura exacta a la que va a volar.

Otros lugares, como Sudán del Sur, permiten lanzamientos a solo 400 o 500 metros, pero siempre bajo la vigilancia de la zona de recepción.

Antes es imprescindible una preparación previa que asegure, cuando un Gobierno solicita ayuda a Naciones Unidas, una actuación lo más inmediata posible.

En tan solo unas horas, se prepara al personal y se obtienen los permisos correspondientes, mientras los equipos que están en la zona hacen una primera evaluación sobre las necesidades urgentes.

Por ejemplo, en Haití, que en seis años ha sufrido un terremoto y un huracán devastadores, solo ha sido posible la asistencia a través de helicópteros -ya han enviado dos y en breve se unirá un tercero- dadas las ruinosas condiciones de las pistas e infraestructuras.

El Programa Mundial de Alimentos dispone de seis bases logísticas de almacén de artículos de socorro, una de ellas en Las Palmas de Gran Canaria, que permiten que los envíos de emergencia se hagan en menos de 48 horas.

De todo ello se hablará desde hoy y hasta el viernes en el VIII Congreso de Aviación Humanitaria, que reunirá por primera vez en Madrid a los principales operadores y agentes aéreos, autoridades de Aviación Civil, ONG, agencias de la ONU, empresas de combustible y de asistencia en tierra, así como otros miembros del sector aéreo humanitario.