Diario Vasco

Madrid, 18 oct (EFE).- El ingeniero agrónomo Hugo Vela Marionnet ha conseguido a orillas del río Jarama continuar la tradición familiar del cultivo de fresas, con una variedad única, en una finca con certificado ecológico y con la que ha ganado el premio de la Academia de la Gastronomía de la Comunidad de Madrid.

Vela es la cuarta generación que se dedica al cultivo de fresas de la variedad "mara de bois", en Monjarama, una finca entre las localidades madrileñas de San Sebastián de los Reyes y Algete, en la que practica la agricultura y la distribución de proximidad, respetuosa con el medio ambiente y la sostenibilidad.

La tradición "me viene por parte de mi madre que es francesa", pero quien inició el cultivo de las fresas fue "mi bisabuelo en 1870, en el departamento francés de la Sologne", donde por entonces solo se cultivaban legumbres, y "él decidió alternarlas con fresas y espárragos, idea que transmitió a sus descendientes", ha asegurado Vela en entrevista con Efe.

Monjarama la adquirió su madre en 1972, a la que Vela se incorporó en 1998 tras culminar sus estudios de Ingeniería agrónoma, y donde decidió practicar el cultivo ecológico, para obtener un "producto lo más sano posible" ya que su lema es "alimentamos personas y no alimentamos mercados", su "life motiv".

Es una de la primeras explotaciones agrícolas con certificación del Comité de Agricultura ecológica en la Comunidad de Madrid, donde cultiva "el caviar" de las variedades de la fresa, la "mara de bois", nombre derivado de sus apellidos Marionet y Ravier, que significa "mara del bosque" por su "sabor y aroma intensos y su textura".

El cultivo de esta variedad abarca el 90 por ciento de las doce hectáreas de Monjarama, pero también cultiva "mariguete, magastad, marivella", variedades de proximidad que no aguantan el transporte, "eso nos permite dar el mejor sabor y frescura a un mercado que está muy cerca", ha asegurado.

Para conseguir esas características, Vela ha asegurado que "hay que tener consciencia ecológica", y por ello dedica seis meses al año, los de la temporada, a seguir las normas que impone el organismo certificador recogidas en la legislación europea, que obliga a no utilizar ningún herbicida ni productos químicos de síntesis, respetar los ciclos de las plantas y las rotaciones.

Para intentar llegar a ser 100 % ecológico, utiliza además energía solar tras la instalación de paneles que distribuyen la electricidad necesaria para el riego del agua proveniente de tres pozos, y en un futuro proyecta tener un vehículo eléctrico para la distribución de sus productos.

Lo que aún no ha conseguido por lo caro que resulta el producto es la utilización de plástico biodegradable, pero no lo descarta en un futuro cercano cuando los fabricantes abaraten el precio.

Actualmente las fresas, que necesitan unos 250 litros de agua por kilo de fresas en los seis meses de cultivo desde finales de abril, las distribuye a grupos y asociaciones de consumo de proximidad, supermercados de barrio, tiendas ecológicas y herbolarios. Sin embargo, a raíz del premio recibido, varios restaurantes se han puesto en contacto para poder tenerlas "como plato principal en el postre".

Pero en su propiedad cultiva 3.000 kilos de melón, 3.000 de sandía además de los 8.000 de fresas, las mismas que quien visite la finca puede recogerlas personalmente con cestas que se distribuyen en la entrada y que se abonan a la salida tras unos minutos de contacto directo con la naturaleza.

Su filosofía es compartir sus experiencias, por lo que anima a quien quiera dedicarse al huerto que lo haga, ya que tendrá "la satisfacción de saber lo que cultiva", para ello distribuye sus plantas, y además tiene un programa para centros escolares.