Diario Vasco

Brasilia, 18 oct (EFE).- El ministro de Justicia de Brasil, Alexandre de Moraes, afirmó hoy que en el país "se encarcela mucho y se encarcela mal", al comentar la situación del sistema carcelario, tras dos rebeliones que en los últimos días dejaron 18 reos muertos.

"En Brasil, históricamente, se encarcela mucho y se encarcela mal", pues "la persona que roba un botellón de gas va a la cárcel" junto con quien "usa un fusil, asalta y mata, que tiene un potencial de peligro mucho mayor", dijo el ministro tras una visita al Senado.

Según datos oficiales, actualmente unas 630.000 personas están en prisión en Brasil, en cárceles cuya capacidad total solamente podría albergar a la mitad, lo que se traduce en unos elevadísimos índices de hacinamiento en la mayoría de las prisiones.

De Moraes sostuvo que cerca de la mitad de los presos "cometieron delitos leves", por lo cual no se justificaría que estuvieran en la prisión y pudieran cumplir penas alternativas, así sea en regímenes de libertad vigilada.

Según el ministro, el Gobierno prepara una propuesta de ley según la cual "quien cometa delitos sin violencia o grave amenaza, tenga como pena la prestación de servicios comunitarios u otro tipo de restricciones, sin necesidad de ser encarcelado".

El hacinamiento y las pésimas condiciones de las cárceles, que son motivo de crítica permanente por parte de organizaciones de derechos humanos, suelen generar brotes de violencia y descontrol en los penales, que en muchos casos son controlados casi totalmente por bandas de presos que hasta tienen tentáculos en las calles.

A esas disputas por el control de las prisiones las autoridades atribuyeron las reyertas ocurridas en los últimos días en cárceles de los estados de Rondonia y Roraima, en las que murió un total de 18 presos.

Las críticas al sistema penitenciario son recurrentes, incluso entre miembros del propio Gobierno brasileño. Hace tres años, el entonces ministro de Justicia, José Eduardo Cardozo, declaró en una comparecencia al Senado que "preferiría morir" a ir a unas prisiones a las que calificó de "medievales" e "inhumanas".