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Aulas sin ordenador

EDUCACIÓN

Aulas sin ordenador

El sistema educativo Waldorf, que veta el uso de dispositivos digitales en las clases, triunfa incluso en Silicon Valley

17.03.13 - 10:11 -
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Aulas sin ordenador
Tijeras, aguja e hilo. Aprender a coser es una de las ‘asignaturas’ que se imparten en los centros de enseñanza Waldorf. ::Alberto Ferreras

En Los Altos fue donde Steve Jobs fundó en 1976 la compañía Apple. En esta apacible localidad californiana situada en el corazón de Silicon Valley todo gira en torno a la industria informática. La mayoría de sus 30.000 vecinos son directivos o técnicos cualificados de alguna de las muchas empresas tecnológicas que tienen sus sedes en la comarca. Los salarios son elevados y los precios de las casas están por las nubes: casi dos millones de euros de media, si bien es verdad que casi todas son edificaciones unifamiliares.

Los Altos debe mucho a los ordenadores y por eso resulta sorprendente que uno de sus principales centros escolares, el Colegio Waldorf de la Península, tenga vetado su uso a sus alumnos. En el centro estudian 320 niños y tres cuartas partes de ellos son hijos de empleados de compañías informáticas. «La idea de que una aplicación en un iPad pueda enseñar mejor a mis hijos a leer o a hacer cálculos aritméticos que un maestro es ridícula», ha declarado a ‘The New York Times’ Alan Eagle, de 51 años, ingeniero informático que trabaja en el área de Comunicación de Google.

Los dos hijos de Eagle estudian en el Waldorf. La pequeña «aún no sabe usar Google» y el mayor, de 14 años, empezó a familiarizarse con el portal hace unos meses. El ingeniero tiene un iPad y un smartphone, pero no ve contradicciones en su actitud: «La tecnología, como todo, tiene su momento y si yo, por ejemplo, trabajara en una productora de películas de adultos, no me gustaría que mis hijos las vieran al menos hasta que cumpliesen los 17 años». El propio colegio defiende en su página web su postura recordando que un reciente estudio concluye que los chavales estadounidenses de entre 8 y 18 años pasan una media de siete horas diarias delante de una pantalla. «Creemos como educadores que es más importante que los alumnos se relacionen entre ellos y con el profesor a que se queden sentados ante un ordenador».

El colegio californiano pertenece a la red de centros Waldorf, una organización sin ánimo de lucro que aplica en cerca de 2.000 centros repartidos por todo el mundo las pautas pedagógicas ideadas hace casi un siglo por el filósofo austriaco Rudolf Steiner. Son ideas llenas de sentido común que anteponen la formación de la persona a la simple acumulación de conocimientos. En España funcionan una veintena de colegios Waldorf. Antonio Malagón, fundador del primero de ellos, la madrileña Escuela Libre Micael, explica que el principio fundamental es que «la educación debe respetar el desarrollo fisiológico, psíquico y espiritual del niño» en la medida en que «un buen desarrollo emocional es la garantía para un buen desarrollo intelectual».

Lo que busca el método Waldorf es potenciar las ganas de aprender que tienen todos los niños. En la primera etapa, que dura hasta los siete años, el aprendizaje viene a través del juego. Los alumnos tienen en todo ese ciclo un único maestro que conoce a fondo tanto su personalidad como su evolución y que está además al corriente de sus circunstancias familiares. «La proximidad entre el profesor y el alumno rompe el abismo que suele haber entre la escuela y la casa, y hace además que se establezca una relación humana muy enriquecedora para ambos», observa el responsable de los centros Waldorf en España. En ese ciclo inicial lo académico queda en un segundo plano. «Antes de los seis o siete años el niño no ha adquirido la capacidad de la lógica y por lo tanto lo que le corresponde es vivir el juego, el movimiento y empaparse de la naturaleza».

«Que sean niños»

En los colegios Waldorf el aprendizaje de la lectura se demora hasta más allá de esa primera etapa. «A los niños –aclara Antonio Malagón– hay que dejarles que sean niños, no creemos que sea bueno intentar atiborrarlos de conocimientos cuando solo tienen tres o cuatro años; hay mucho tiempo para ser adulto y muy poco para ser niño». El uso de tecnología a tan tempranas edades no está bien visto. «No estamos en contra de los ordenadores, que son útiles en general, pero pensamos que exponer tantas horas a los niños a las pantallas limita su concepción del mundo; ellos esperan que la realidad sea un entretenimiento continuo y que las cosas cambien rápidamente porque es lo que ven a través del ordenador, la televisión y los videojuegos».

Malagón– hay que dejarles que sean niños, no creemos que sea bueno intentar atiborrarlos de conocimientos cuando solo tienen tres o cuatro años; hay mucho tiempo para ser adulto y muy poco para ser niño». El uso de tecnología a tan tempranas edades no está bien visto. «No estamos en contra de los ordenadores, que son útiles en general, pero pensamos que exponer tantas horas a los niños a las pantallas limita su concepción del mundo; ellos esperan que la realidad sea un entretenimiento continuo y que las cosas cambien rápidamente porque es lo que ven a través del ordenador, la televisión y los videojuegos».

El contacto con la tecnología se posterga hasta un ciclo educativo posterior aunque eso no impide que los chavales se familiaricen con los dispositivos digitales que hay en sus hogares. «Simplemente se pide a los padres que procuren que los niños no se entretengan demasiado con los ordenadores o la televisión», explica el responsable de los centros Waldorf españoles. En clase los pequeños intentan dar forma al barro y la madera, amasan pan, aprenden nociones de música y costura, pero sobre todo juegan bajo la atenta mirada del maestro. «El ordenador –concluyen los educadores del colegio de Silicon Valley en su web– no puede convertirse en un sustituto del maestro».

El veto no le parece una idea muy buena a Charo Repáraz, directora del departamento de Educación de la Universidad de Navarra. «Vivimos en una sociedad totalmente digitalizada y los colegios no pueden quedarse al margen», sostiene. En su opinión, es una lástima dar la espalda a «la extraordinaria capacidad didáctica» de algunas aplicaciones. «Hay cuentos interactivos maravillosos para niños de 3 años, otra cosa es que tengas al chaval encerrado todo el día en el aula viendo cuentos interactivos delante de la pantalla. Los ordenadores –añade Repáraz– son una herramienta que puede ser muy válida si se sabe utilizar bien».

La profesora cree que el uso de dispositivos digitales en las aulas tiene que ver con la capacidad del profesorado de lograr que ayuden a alcanzar sus objetivos pedagógicos. «Es un debate tan antiguo como el que se dio cuando el vídeo empezó a usarse en las clases; entonces ya se discutía si era o no positivo y ya se vio que eso no dependía de la máquina, sino del uso que se hacía de ella. Ahora pasa exactamente lo mismo; el ordenador es un magnífico aliado si se sabe utilizar, pero también puede resultar contraproducente si se deja al alumno fuera de control».

En cualquier caso, la tendencia hacia la ‘desconexión’ digital que marcan los centros Waldorf no es un hecho aislado. Cada vez hay más voces que denuncian el sometimiento del hombre contemporáneo a la pantalla. Hay incluso programas que bloquean temporalmente el acceso a internet desde el ordenador o que impiden la conexión con redes sociales como Facebook y Twitter. Son la punta del iceberg de un nuevo movimiento que, en opinión del sociólogo francés Francis Jauréguiberry, se fragua en los sectores sociales más acomodados: «Algunos tienen el poder para desconectarse y otros el deber de permanecer conectados», sentencia en ‘Le Monde’ el sociólogo, autor de varios libros sobre los efectos de internet y las nuevas tecnologías. Paradojas de la evolución, la nueva clase dominante es la que puede darse el lujo de vivir al margen de las pantallas.

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