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Recetas contra el mal de la corrupción

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Recetas contra el mal de la corrupción

Expertos en la materia explican cómo se ha llegado a este nivel de desconfianza en la política y aportan soluciones

10.02.13 - 13:42 -
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Los últimos escándalos de corrupción asociados a los partidos políticos, especialmente el que salpica a la cúpula del PP, has disparado la preocupación social por un problema que siempre ha estado presente, pero que se hace insoportable en tiempos de crisis y recortes sociales. Varios expertos en la materia dan su opinión sobre las causas que han llevado a España a bajar hasta el puesto 30 en el índice de percepción de corrupción en el sector público (hace una década estaba el 20) y apuntan las recetas que podrían ayudar a colocar el país en unos niveles más aceptables, como los que pueden tener los países del norte de Europa. Se trata de dos jueces, Joaquín Giménez, magistrado de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, y un magistrado experto en Derecho Administrativo que prefiere mantener el anonimato. También muestra su visión Fernando Jiménez Sánchez, profesor universitario de Ciencia Política y Administración que ha sido evaluador del Programa Greco (Grupo de Estados contra la Corrupción). Por su parte, el neurólogo Gurutz Linazasoro aporta la visión científica sobre la existencia de este problema social.

¿Es inevitable? Son tantos los casos de corrupción que se han conocido en los últimos años que cabe preguntarse si no estamos ante un mal endémico. Linazasoro afirma que «como en cualquier comportamiento que se da en la sociedad, hay mecanismos en el cerebro capaces de provocar la corrupción, igual que la maldad o la bondad». El neurólogo explica que la corrupción tiene un «carácter contagioso a causa de la sociabilidad de las conductas, que está relacionada con el sistema de las neuronas en espejo. Si vives en un contexto en el que lo habitual es defraudar a Hacienda y en el que, si no lo haces, te toman por tonto, al final te acabas contagiando. A no ser que tengas unos valores, una parte emocional, que se imponga a la parte racional del cerebro, que se pregunta ¿por qué no voy a coger ese sobre con dinero negro?».

Jiménez Sánchez lamenta que «en los países que tienen muchos problemas de corrupción, acaba calando la idea de que es inevitable convivir con ella, pero ninguna sociedad debería resignarse a eso». El profesor universitario considera que «es un problema de construcción de instituciones públicas y de educación, y ambas cosas se podrían solucionar si hubiera voluntad política».

El magistrado experto en Derecho Administrativo señala que «la corrupción es un fenómeno que empapa a toda la sociedad. No sólo están corrompidos los dirigentes políticos a los que se descubre en negocios irregulares, sino también la parte de la sociedad que les financia o se beneficia. Hay un problema de cultura política en la sociedad española». Giménez, por su parte, alerta de que «la corrupción económico-política en España es un cáncer que está haciendo metástasis en los partidos políticos y en el tejido social. Empieza a ser algo endémico y deberíamos poner un punto y aparte antes de que sea tarde».

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?Jiménez Sánchez asegura que la corrupción lleva muchos años entre nosotros, «pero el hecho de que se haya producido un gran caso de ámbito nacional, en un contexto de crisis económica, ha hecho que tenga un efecto multiplicador. No obstante, a mí no me ha sorprendido que el último escándalo tenga relación con la financiación de los partidos, ya que existe un control mínimo. Las finanzas de los partidos siguen siendo muy opacas y todo depende de que alguien con acceso a la documentación decida hacerla pública».

Joaquín Giménez, con décadas de experiencia en diferentes tribunales, pone el dedo en la llaga. «A ningún partido político le interesa una Justicia realmente independiente y con los medios necesarios. Somos molestos y podemos inquietar. Las investigaciones sobre casos de corrupción inquietan tanto al que gobierna como al que está en la oposición, y a veces desean que la Justicia dé una apariencia de ineficacia». El magistrado del Supremo afirma que «la Justicia debe tener unos hilos de acero donde quede prendido no sólo el moscardón, sino también el tiburón, para que todos seamos iguales ante la Justicia. Hay que denunciar la permanente presión que recibe la Justicia cuando las personas investigadas son VIPs».

¿El problema está en los partidos? El profesor Jiménez Sánchez, que ha publicado una veintena de estudios sobre la corrupción en España, afirma que «el tema de las fuentes irregulares de financiación afecta a todos los partidos, al menos a los que tienen algo de poder. Con la opacidad de las donaciones o las condonaciones de deuda siempre hemos sospechado que los donantes intentaban recibir algo a cambio. En muchos casos de corrupción se ha demostrado que los partidos habían cobrado comisiones por la adjudicación de contratos públicos en las administraciones que controlaban».

Considera que los partidos pueden convertirse en un foco de irregularidades por dos aspectos. «El primero, la escasa democracia interna que tienen y el tipo de lógica que los mueve, donde la cúpula del partido tiene un poder muy grande, sobre todo por la confección de listas electorales». El segundo factor «es más sistémico, por el poder tan grande que tienen los partidos en el control del Estado. Un partido que está al frente de una Administración tiene un poder muy grande dentro de ella y la politiza en exceso, controlando incluso los organismos que deberían fiscalizarla. No hay demasiados contrapoderes frente a los intereses políticos y la Administración se convierte así en un botín para construir redes clientelares».

El juez Giménez cree que «hay que regenerar los partidos políticos, que se han convertido en unas máquinas de poder con un cierto distanciamiento del cuerpo social, en donde el que se mueve no sale en la foto. Ninguna formación quiere listas abiertas, por ejemplo, porque eso supone una pérdida de poder de los partidos. Habría que ir hacia una democracia más participativa, lo que supone un menor poder para los partidos. ¿Lo aceptarían? Ése es el desafío, aunque yo soy pesimista».

¿Hay sensación de impunidad? Ésta es una de las cuestiones que más exasperan a la sociedad, que ve cómo personas que han sido condenadas por apropiarse de millones de euros ni siquiera llegan a pisar la cárcel o son indultadas en unos meses. El magistrado experto en Derecho Administrativo consultado apunta que «tenemos un sistema penal muy garantista, un sistema de investigación lento, fechas de prescripción… Normalmente, quienes son descubiertos cuentan con muchos medios y una buena defensa, frente a un sistema jurisdiccional y de investigación fiscal y policial con medios muy limitados, a veces frustrante». Además, critica que «las medidas de reforma del sistema jurisdiccional que se están tomando ahora tampoco facilitan que el sistema vaya a ser ni más rápido ni más eficaz, al contrario. Se está sobrecargando de trabajo a los órganos que existen».

Giménez abunda en esta idea. «La crisis está recayendo sobre las partes más desfavorecidas de la sociedad, pero en las cúspides del poder político y económico se han visto pocos recortes. En la Justicia, en cambio, sí los ha habido. Parece que hay que conseguir un poder judicial con un determinado grado de eficacia y, sobre todo, con un determinado grado de ineficacia, que es lo que a veces pretende el poder político».

El profesor Jiménez Sánchez denuncia que «es evidente que hay un clima de impunidad, y no hay más que escuchar algunas grabaciones policiales en las que se oye que quienes están metidos en el ajo se dicen que tranquilos, que no les van a pillar y que, si les pillan, las consecuencias son mínimas». Para acabar con esta sensación, cree que «habría que eliminar el aforamiento de los políticos y habría que disciplinar mucho más el de los indultos».

Uno de los problemas de la impunidad es que puede aumentar la «capacidad de crecimiento» de la corrupción. Linazasoro explica que, desde un punto de vista psicológico, éste es uno de los factores más peligrosos. «Si haces algo malo una vez y ves que no pasa nada, intentarás hacerlo una segunda, una tercera y una cuarta, siempre que te produzca un beneficio. Así hasta que se convierte en algo habitual».

¿Pone en riesgo el sistema? El juez Giménez tiene claro que estamos llegando a un punto peligroso. «El riesgo es que la ciudadanía vaya apartándose de los partidos y puedan empezar a aparecer discursos más o menos mesiánicos, y todos sabemos dónde se termina por ese camino». En su opinión, «es grave el desapego que hay en enormes capas de la ciudadanía respecto a los partidos. Habría que dotar de un contenido ético a la política, que en ningún caso puede convertirse en un medio de enriquecimiento. Debe haber transparencia en la financiación de los partidos, y eso supone que todos se abran en canal».

Otro magistrado destaca que «las encuestas muestran que cada vez hay una mayor desafección hacia los políticos. Es normal que ésta sea mayor en un momento de crisis económica, porque el impacto de la corrupción en las cuentas públicas es inmenso y supone una retracción directa de recursos de otros servicios públicos».

Jiménez Sánchez considera clave que los políticos sientan una presión social «que les haga ver que así no se puede seguir. Hay ejemplos en la historia en los que los partidos se quedaron fuera de juego, como ocurrió en Italia en los años 90, cuando desapareció el sistema tradicional de partidos. Es un riesgo real que tienen y deberán ver hasta dónde pueden seguir jugando al mismo juego sin consecuencias, pensando que a la larga se olvidará. Si se arriesgan a no dar ningún paso, puede ocurrir que los ciudadanos los manden a sus casas».

¿Hay soluciones? Llega el momento de las medidas para combatir la corrupción. El profesor Jiménez Sánchez cree que «tenemos que asegurar la transparencia en la financiación de los partidos, que pasa por despolitizar los órganos judiciales y otros como el Tribunal de Cuentas. Debemos mejorar el funcionamiento de la Justicia para que tenga más medios para investigar y sea más ágil y eficiente. Y también se requiere de una reforma de la Administración Pública para reducir los espacios de control de los partidos».

Giménez cree que «el sistema judicial tiene que actuar como una esperanza. El poder judicial debe ser independiente y buscar la Justicia, y el Código Penal debería perseguir también los delitos de la clase dirigente. En este sentido, resulta sorprendente que todavía no tengamos una Ley de Transparencia para que el ciudadano pueda saber lo que se cuece en las altas esferas».

El magistrado experto en Derecho Administrativo afirma que las medidas de transparencia «son las únicas que pueden combatir la financiación irregular de los partidos. Además, en el caso de las autoridades locales y regionales, habría que recuperar las formas de control que antes existían y que se eliminaron».

El neurólogo Linazasoro está convencido de que «se pueden tomar medidas». «El cerebro funciona en un contexto social y la manera que tenemos de controlarlo es con una serie de normativas sociales que nos maquen unos límites. Todo eso viene de la mano de la educación, es algo que se mama desde niño».

¿Basta con cambiar la ley? Los expertos en judicatura señalan que «la verdadera revolución que hay que hacer es que las leyes que existen se apliquen», en palabras de Giménez. El otro magistrado afirma que «sólo con una Ley de Transparencia no se acabará con la corrupción, harían falta más medidas de control, de investigación, de sanción efectiva, además un cambio de cultura social que rechace estas prácticas».

Jiménez Sánchez asegura que «la clave está en asegurar el cumplimiento de las leyes. Las que tenemos son equiparables a las de países de nuestro entorno, pero su nivel de cumplimiento no es tan comparable. Ahí es donde hay que poner el énfasis para acabar con esta lacra».

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