San Sebastián. «Hola, estaba buscando sangre y grilletes, pero como para el cuello... de esclavo, ¿tendrás?». En las listas de la compra de esta semana conviven pan, colmillos de vampiro, papel de cocina, uñas postizas negras, cebollas, tomates y una peluca blanca. Al menos en las de aquellos que han dejado para el final la búsqueda de sus atuendos carnavaleros. «¿Qué vale la sangre?», preguntaba una clienta de la tienda de venta y alquiler de disfraces, Casa Angelita. Si por algún motivo siempre quiso una nariz de elefante, este es el momento. Pida lo que pida, sonará pertinente. «En Carnaval nada es extraño, esa es la gracia», explica la encargada de la juguetería Afede, María Villar.
Bares, restaurantes, discotecas, carpas y, si el clima consiente, calles tendrán estos carnavales un buen porcentaje de representación animal. «Antes sólo se los compraban los niños, ahora se los lleva todo el mundo», confirma Idoia Gallardo, de la juguetería Jostamendi, que se quedó sin pingüinos en cuanto empezaron las compras.
Los primeros en agotarse han sido leones, osos, leopardos y todas las fieras envueltas en suaves y cálidos pelitos capaces de plantar cara al frío. «Con la semana que estamos teniendo... la gente intenta buscar cosas que cubran, o que permitan meter mucha ropa debajo», añade Fernando Arnal, de Casa Angelita.
Con faldita corta
María Villar coloca a las «chicas jóvenes» al margen de la tendencia general al disfraz-abrigo: «Ellas quieren ir guapas, no les importa el frío», afirma. Idoia Gaiardo coincide con ella, en el grupo de las quinceañeras arrasan disfraces de bombera, gladiadora, egipcia... «lo que sea, pero con faldita corta», concluyó.
Este año, la actualidad combinará los siniestros guantes de Freddie Kruger o Eduardo Manostijeras con caretas de Rajoy. «Ya sabes, por los recortes. También están viniendo muchos a comprar gomina y un saco, para vestirse de Bárcenas e ir por ahí repartiendo sobres», añade Arnal. Incluso los que se han inclinado por la socorrida opción animal han procurado seguir pulso informativo: «Se han llevado muchísimos tigres, supongo que por la película –‘La vida de Pi’– y también elefantes... por el rey», comenta Agustín Mujika, de Jaiak, en Zaldibia.
En esta última tienda de disfraces han notado la afluencia de clientes que tratan de fabricarse su propio disfraz de ‘Kontuz Atsuak’, «buscan pelucas o gafas para intentar parecerse lo máximo», precisa Mujika. Con todo, parte del éxito de este disfraz –además del nacido de la popularidad del programa de ETB1– deriva de la posibilidad de elaborarlo con recursos caseros y gasto cercano a cero: abrigo, bolso, pañuelo de seda –todos de otra época y fáciles de hallar en los armarios de madres y abuelas– y los labios convenientemente pintarrajeados darán como resultado convincentes Maikarmen y Maikrux.
En el resto de las temáticas también se ha tenido muy presente el factor económico.«Hace un par de años fácilmente se gastaban veinticinco, treinta euros. Ahora la mayoría pone el tope entorno a los quince», calcula Idoia Gallardo. Pero siguen existiendo ‘otros disfraces’: «Aquí el más caro rondará los noventa euros, pero en los catálogos los tenemos de hasta quinientos. Los de las películas: Star Wars, El Señor de los Anillos...», detalla Agustin Mujika.
Adiós quemazos
Otra alternativa ‘low cost’ –siempre en función de lo elaborado del disfraz– es recurrir al alquiler. En Casa Angelita están curados de espanto. Fernando Arnal sabe que una buena parte de sus clientes planea correr, saltar, bailar y, en casos extremos, reptar con los atuendos alquilados. «Intentamos ser comprensivos. Muchas veces los trajes de matador que nos piden para despedidas de soltero llegan destrozados de las capeas...Se arreglan y listo», aseguró.
Además, la Ley Antitabaco les regaló una inesperada ventaja: «Antes siempre nos devolvían los disfraces con algún que otro quemazo de cigarrillo. Ya no tenemos ese problema».

