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Presos en régimen abierto se ven obligados a volver a prisión por culpa de la crisis

GIPUZKOA

Presos en régimen abierto se ven obligados a volver a prisión por culpa de la crisis

El cierre del centro pedagógico Ametzagaña acaba con un proyecto de reinserción de jóvenes reclusos

04.01.13 - 20:23 -
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Joaquín Pérez Iriarte y José Novoa, responsables del centro pedagógico Ametzagaña. :: aygüés
En alguna prisión vasca cumple hoy condena un joven que por culpa de la crisis económica ha perdido una oportunidad de reinsertarse. Es el caso, por ejemplo, del recluso de Nanclares que a finales de diciembre se preparaba para trasladarse a vivir en el centro pedagógico Ametzagaña, dependiente de la prisión de Martutene, en busca de una formación que le permitiera sobrevivir al día después de la cárcel. En cuestión de horas la orden de traslado fue revocada. El centro había dejado de existir.
«Lamentamos enormemente que el reajuste en la aportación de la Administración Penitenciaria y la retirada del apoyo económico del Gobierno Vasco no les permitan continuar con la colaboración, que tan favorables resultados ha arrojado en los ejercicios anteriores, con la Administración Penitenciaria en la creación de una Unidad Dependiente». Con estas líneas, que culminaban con la frase «aprovecho la ocasión para felicitarles estas Fiestas», el subdirector general de Instituciones Penitenciarias, Enrique Caracuel, marcó el pasado 28 de diciembre el futuro de los quince reclusos que residían en ese momento en las instalaciones de la Fundación Ametzagaña, en San Sebastián. Todos ellos han regresado a prisión en el menor tiempo posible.
Terminó de esta manera un camino iniciado en 1994, cuando la fundación creó una unidad para facilitar formación a presos de entre 18 y 28 años. Desde entonces, en el centro han residido 194 reclusos que han tenido la oportunidad de cursar estudios en diferentes centros educativos y de trabajar en los talleres de la fundación para obtener un pequeño salario. Los jóvenes permanecían atendidos por cuatro educadores que han ido directamente al paro y que durante su cometido han obtenido una tasa de reinserción del 70%.
«Es un desastre»
El nacimiento de la unidad fue posible gracias a un convenio con el Gobierno Vasco e Instituciones Penitenciarias, que subvencionaron la labor de la fundación. Pero el pasado año el Ejecutivo autónomo decidió retirar la ayuda y meses después el central redujo su aportación drásticamente.
«El motivo oficial del cierre es el económico, pero un proyecto de estas características tiene que mantenerse, es un desastre que se haya liquidado», sostienen Joaquín Pérez Iriarte y José Novoa, responsables y educadores hasta ayer mismo de la unidad. Ninguno de los dos oculta su malestar con la dirección de la Fundación Ametzagaña, a la que acusan de no haber hecho lo suficiente para tratar de negociar con las administraciones. «A mediados de diciembre nos dijeron que el proyecto iba a continuar para intentar salvar este año mientras se hablaba con Vitoria y Madrid, pero el día 26 ya estaba yo en Martutene para hacer el protocolo de incorporación de los chicos a la cárcel», explica Pérez Iriarte. «Se ha truncado todo esto de mala manera, no es justificable el cierre de la unidad», recalca.
Pocos días han bastado para dejar vacío un edificio que durante 17 años ha proporcionado una esperanza de futuro a sus residentes. El inmueble queda en manos de la Fundación Ametzagaña, que no desaparece a pesar de que haya perdido su principal razón de ser. «Miraremos a ver qué hacemos con las instalaciones, que de momento permanecerán vacías, pero esto ya es otra cuestión. La fundación se mantiene, no sé qué haremos pero tendremos que levantar cabeza», sostiene su presidente, José Luis Benedicto.
Frente a las dudas de los educadores, Benedicto insiste en que el único motivo para cerrar la unidad «ha sido económico». «Con el recorte de las subvenciones no podemos continuar; hemos puesto muchísimo dinero y me he empeñado hasta las cejas, pero ya no es posible aguantar», afirma.
Quienes no han podido dar su opinión son los quince jóvenes que han tenido que regresar a la cárcel. «Los chicos se portaron como caballeros pero se notaba su desasosiego. No solo se ha cerrado una puerta para ellos sino que también para otros jóvenes en el futuro», lamenta Pérez Iriarte.
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