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Doce meses para doce proyectos que desafían a la crisis

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Doce meses para doce proyectos que desafían a la crisis

Emprender se ha convertido para muchos en la única opción de trabajo en época de recesión a pesar de que las ayudas para crear una empresa escasean y de que la Banca no da créditos

29.12.12 - 12:54 -
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La destrucción de empleo está alcanzando cotas inimaginables este 2012. La tasa de paro de España se ha disparado hasta el 25,02%, con 5.778.100 personas desempleadas, tal y como muestra la última Encuesta de Población Activa (EPA) publicada en noviembre por el Instituto Nacional de Estadística (INE). El dato vasco también se ha resentido con la crisis ascendiendo hasta el 15,48%, mientras que el guipuzcoano ha trepado ya hasta el 12,8%.
Con un mercado laboral sin capacidad para crear empleo, muchas personas ven en el emprendizaje la única opción de trabajo. Pero no es un camino fácil. En el ránking que elabora el Banco Mundial sobre los países donde es más fácil crear una empresa, España figura en el puesto 136 de los 185 analizados, por detrás incluso de Afganistán o Kosovo. A pesar de las dificultades, hasta noviembre se han constituido este año en España 81.193 empresas, de las que 2.782 han sido en Gipuzkoa.
El director del centro de emprendedores de IESE, Mathieu Carenzo, considera que las mayores dificultades hay que buscarlas en el «excesivo papeleo» que hay que rellenar» y en el hecho de que el capital social mínimo requerido para constituir un nuevo negocio sea de 3.000 euros, cantidad que «supone dos meses de salario medio». En Francia, en cambio, ese importe equivale a 15 días de sueldo.
El director de Fomento San Sebastián, Euken Sesé, explica por su parte que los motivos para emprender han cambiado. «Ya no se trata de un emprendedor de oportunidad, sino de necesidad», revela. El perfil también es diferente, y si antes la media de edad se situaba en torno a los 25 años, ahora es de 30. La posibilidad de llevar a cabo proyectos propios mientras se vive con los padres está provocando que la media de edad de emancipación se sitúe en lo 29 años, superior a la media europea.
La financiación es otro de los grandes problemas. Muchas de las ayudas que prometen las instituciones llegan tarde o, directamente, no llegan porque no hay fondos suficientes. Y con los inversores privados las cosas no son mejores. Un informe elaborado por la Asociación Española de entidades de Capital Riesgo (Ascri), alerta de que la captación de nuevos fondos cayó un 45% de 2010 a 2011, algo que esperan se repita cuando finalice este año.
El fomento de empresas emergentes en época de crisis se antoja clave para la creación de puestos de trabajo, productos y riqueza, quedando en el aire una Ley de emprendedores que no llega.
Ana Gabriela Serra y Raquel Arroyo Zaporeazwww.zaporeaz.com
«Turismo que une el vino, la gastronomía y la cultura vasca»
El primer contacto que tuvo la brasileña Ana Gabriela Serra (32 años) con Euskadi fue en 2008, cuando vino de mochilera a Donostia. Licenciada en derecho y surfista apasionada, decidió que «era aquí donde quería vivir». Y así lo hizo. Lleva desde el año pasado en la capital guipuzcoana, trabajando como camarera, aunque siempre tuvo en la mente crear algo. «El vino es un mercado emergente en Brasil», explica, «y hay mucho por desarrollar en la cultura enogastronómica, mientras que aquí hay mucho que ofrecer». Junto a Raquel Arroyo (34 años), otra compatriota y amiga que vive en Madrid, hace dos meses comenzó a funcionar Zaporeaz, empresa que «compagina el turismo enogastronómico con la cultura vasca», explica Serra, que es la encargada de contactar con los clientes y llevarlos de ruta. Y es que Euskadi «es poco conocida en Brasil», asegura. «Se conoce más Madrid, Barcelona y Andalucía».
Para constituir la empresa y montar el sitio web han desembolsado cerca de 3.500 euros. Trabajar desde casa minimiza los gastos, que se los comen los viajes que tiene que realizar Serra. Admite que por el momento le es imposible vivir de ello, por lo que lo compagina trabajando en un bar. «Mis compañeros y mis jefes me están apoyando mucho», explica, ya que «si me sale un tour y me toca trabajar, me cubren». Para ella emprender ha sido una experiencia positiva, ya que además de disfrutar con lo que hace confiesa que «siempre descubro cosas nuevas».
Rafael Roda y Marcelino Melendreras YarrTVwww.yarr.tv
«Es una aventura y un paso profesional en nuestra carrera»
En abril de 2011 Rafael Roda (28 años) y Mikel Rekondo (28) decidieron dejar la empresa de desarrollo de software de gestión (ERP) en la que llevaban tres años trabajando. «Vivíamos con nuestros padres y creímos que se daban las condiciones adecuadas para emprender con el menor riesgo posible», explica Roda. Ellos fueron los socios fundadores de la empresa Ubiquads, a la que se unió Marcelino Melendreras (40) en junio de este año, un excompañero de la firma anterior.
El pasado septiembre Redondo abandonó el proyecto por otro. En ese mes Melendreras y Roda lanzaron el producto que estaban desarrollando: YarrTV. Se trata de un canal interactivo pensado para las pantallas que hay en muchos bares y establecimientos. Un modelo de negocio de anunciantes que utiliza la interacción con el usuario a través de Twitter como vía para ofrecerle contenidos y anuncios personalizados, según sean los mensajes. Este sistema permite, además, la segmentación y geolocalización de los usuarios, ideal, según Roda, para realizar una investigación de mercado más certera.
Con cerca de veinte planes de negocio a la espalda y un capital social inicial de 20.000 euros, Roda explica que siguen a la búsqueda de financiación a través de fondos de inversión, algo que no es fácil ya que «la primera pregunta que nos hacen es ‘¿cuánto facturáis?’, y de momento no facturamos nada». Con YarrTVya en pruebas en un bar de Donostia, hace poco una discoteca madrileña se interesó por ellos.
Para Roda emprender ha supuesto «una aventura y un paso profesional en nuestra carrera». Su centro neurálgico lo comparten con otros emprendedores en las instalaciones de BicBerrilan en Miramón. Han tenido suerte, ya que han conseguido una ayuda de 30.000 euros a través de un programa de emprendedores para cubrir los gastos del prototipo y visitas a ferias.
Bar Txomin Polígono 27
«Es muy arriesgado lo que hemos hecho, pero no hay otra opción»
En el polígono 27 de Donostia se encuentra el Bar Txomin, un establecimiento que abrió sus puertas el pasado 5 de octubre. Tras este negocio y entre sus fogones se encuentran Ainhoa Cañas (40 años) y Josema Saralegi (43) junto a Antonia Plaza (46) y Javier Suárez (46), dos parejas que llevan «toda la vida en la hostelería». La incertidumbre por su futuro laboral fue la razón que llevó a Suárez a dejar un trabajo fijo en una empresa de limpieza industrial para volver a este sector. Saralegi, por su parte, trabajaba como asalariado para un tercero en un bar «por un sueldo mileurista y metiendo muchas horas», explica Cañas, algo que «no es lo mejor».
El 99% de sus clientes son trabajadores del polígono, lo que les obliga a «no pasarnos con el precio», asegura Suárez. Cañas explica que cuando pidieron orientación a Fomento de San Sebastián «fueron claros y nos dijeron que la actividad en el polígono había bajado un 26%» los últimos años. Pese a ello, apostaron por su proyecto, que les permite una mejor conciliación familiar al tener los fines de semana libres «para disfrutar con los hijos».
Consciente de la situación actual, Suárez afirma que «es muy arriesgado lo que hemos hecho», pero subraya que «no hay otra opción». Su mayor preocupación ha sido «la incertidumbre de no saber qué va a pasar, lo que te lleva a preguntarte que si no coges ahora el bar si podrás más tarde».
El mayor problema en su camino ha sido la financiación. Entre el traspaso, mobiliario y el material para poder empezar a funcionar sus necesidades sobrepasaban los 80.000 euros. En un principio buscaron la forma para pedir un crédito conjunto, pero tras recorrerse cinco bancos y cajas de ahorros y no recibir una respuesta satisfactoria, tuvieron que pedir cada uno por su lado. Cañas y Saralegi han tenido que rehipotecar su casa.
Formalizados como una comunidad de bienes, el conocimiento y la experiencia que tienen en el gremio les ha valido para que el arranque haya sido más cómodo, donde también han recibido el apoyo de algunos proveedores que les han ayudado. De cara a futuro, no hay lugar para el pesimismo por lo que pueda venir, y Suárez subraya que «me quiero jubilar aquí».
Gaizka San Vicente Osagunewww.osagune.com
«La crisis es el mejor momento para aprender»
Gaizka San Vicente (32 años, Tolosa) recibió el pasado 13 de diciembre el premio al modelo de negocio con mayor proyección de 2012, concedido por Fomento San Sebastián, en reconocimiento a su proyecto: Osagune. La empresa echó a andar en febrero. «Ofrecemos soluciones tecnológicas en el ámbito de la salud y el deporte», explica San Vicente, «donde expertos de distintas disciplinas analizan cada caso desde diferentes ángulos para dar una respuesta global». Se trata de un proceso personalizado a cada cliente, que determinará el dispositivo o plataforma resultante.
Ingeniero industrial y de automática de formación, estuvo un tiempo trabajando en Alemania, país al que por el momento no tiene pensado volver. Su tesis versó sobre medicina y mecánica, lo que le ayudó a identificar las necesidades de ese mercado y que le dio la idea para su proyecto en 2011.
A la hora de constituir la empresa optó por el mínimo exigido –3.000 euros–, a lo que han contribuido los 1.000 euros de ayuda que recibió por ser una empresa innovadora. Por lo demás, no tiene grandes gastos ya que trabaja desde casa. Cuando tenga que fabricar alguno de sus diseños buscará un fabricante con el que «compartir el riesgo y los beneficios», asegura.
En su opinión, «la crisis es el mejor momento para aprender», ya que «cuando algo no funciona es cuando le sacas más jugo». Cree que en estos momentos hay más miedo a la incertidumbre que al fracaso, y pese a que nadie le haya llamado loco por emprender, reconoce que más de uno sí le ha dicho «pues sí que tienes valor».
Iván Bengoetxea Carrefour Express Lasarte
«Donde trabajaba estaba estancado y no veía ninguna salida»
El 16 de mayo Iván Bengoetxea (27 años, Irun) abrió un Carrefour Express en Lasarte, no solo creando un puesto de trabajo para él sino para nueve personas más. Antes de lanzarse a la aventura de emprender, ocupaba un puesto de responsabilidad en una tienda con varios empleados a su cargo. «Estaba estancado, no veía ninguna salida ni motivación, y siempre había querido montar algo», comenta al explicar las razones que le llevaron a labrar su camino. Barajó la posibilidad de otras franquicias en hostelería o en textil, pero optó el sector de la alimentación «porque era la que más estabilidad me daba en estos tiempos». Una vez tomada la decisión, tuvo que viajar a la sede central de Carrefour en Madrid, pasar una entrevista y recibir el visto bueno del estudio de mercado. Superados estos pasos, abrir el supermercado, traspaso incluido, le ha supuesto un desembolso superior a los 300.000 euros, al que hizo frente sin recibir ninguna ayuda y pidiendo un crédito bancario con sus padres como aval. A ellos les está muy agradecido, porque «si no, hubiera sido imposible».
La experiencia hasta ahora le resulta «bastante interesante», aunque reconoce que nada tiene que ver con lo que hacía antes. «El sector de la alimentación es muy distinto». Se muestra crítico con algunas instituciones públicas, que le hicieron rellenar impresos para poder optar a ayudas y una vez hecho, decirle que no había fondos.
Denis Peña El txoko de Denis
«No he recibido ayudas y las instituciones no dan facilidades»
En el mercado de la Bretxa de Donostia se encuentra ‘El txoko de Denis’, un puesto que con apenas cinco meses de vida ya se ha hecho un hueco entre los culturistas gracias a sus hamburguesas de pechuga de pollo. Su propietario es Denis Peña (35 años), maquinista de excavadoras de profesión que en 2011 se quedo sin trabajo. «Tenía muy claro que no me podía quedar en casa parado», explica, y por eso decidió ir a aprender el oficio de carnicero con su cuñado a Bilbao, «siempre con la idea de montar algo».
Una vez aprendido el oficio, y tras mirar distintos locales donde emplazar su negocio, hace cinco meses decidió alquilar un puesto en la Bretxa. El desembolso rondó los 12.000 euros, dinero que salió de sus propios ahorros y de un pequeño crédito que pidió junto a su madre y que admite que «costó mucho que nos concedieran».
A lo largo de estos meses, uno de los mayores problemas a los que se ha tenido que enfrentar no es que no le hayan concedido ninguna ayuda, sino uno que puede acabar con la corta vida de su negocio. Para la elaboración de los productos que vende necesita tener un obrador. «Vivo en un caserío y mi intención era construir uno allí, pero para concederme la licencia de actividad, el ayuntamiento me exige, según la normativa, que tengo que ser una explotación agraria, y si no, que alquile un local». Si se decidiera por lo primero, lo que menor coste le supondría sería una granja de pollos –cercano a los 100.000 euros– que luego no podría utilizar para su negocio. Por lo tanto, no le ha quedado otro remedio que alquilar un local hasta intentar aclarar el tema de la licencia, aunque tiene claro que si no se soluciona pronto, «en pocos meses tendré que cerrar porque es inviable tener dos alquileres».
Se muestra crítico con las instituciones, que no dan facilidades. «Si quieres que te den una ayuda tienes que ir a cursos, y yo no puedo ir, ¿quién trabaja en el puesto entonces?». También cuenta cómo hace poco estuvo pensando en contratar a alguien y que «nadie era capaz de decirme cómo se podía hacer, me mareaban de un lado para otro sin decirme nada y haciéndome perder el tiempo».
Xabier Queiruga Editorial Pasazaitewww.pasazaite.com
«Procuré evitar a la banca y recurrí a mis ahorros y familiares»
En 2011 en la mente de Xabier Queiruga (33 años, Villagarcía de Arousa, Pontevedra) comenzó a tomar forma la idea de crear una editorial. Licenciado en derecho, lleva viviendo desde hace seis años en Donostia. Uno de los motivos que le llevaron a este proyecto es que «siempre he sido muy aficionado a la lectura». La segunda razón fue que le apetecía montar algo suyo. Con esa motivación, el siguiente paso fue el de informarse acerca del sector, porque afirma que «no conocía el mundo editorial». Optó por la vía directa y se puso en contacto con un editor que aceptó explicarle todo cómo funcionaba y aclararle sus dudas.
De esa forma, a principios de este año vio la luz Pasazaite, una editorial que publica literatura contemporánea extranjera traducida al euskera. Montar la empresa le supuso un desembolso de 16.000 euros, que cubrió con parte de sus ahorros y también con el apoyo de familiares. «Procuré evitar a la banca», confiesa. Para reducir gastos y ajustarlos lo más posible, optó por no tener una oficina y trabajar desde casa. Lo mismo hizo con la distribución de los ejemplares a las librerías, tarea que lleva a cabo él mismo, con lo que se ahorra el tener que contratar este servicio. A todo ello se le añade la creación de una tienda para la venta por internet.
Antes de lanzarse a la piscina redactó un plan de negocio con vista a año y medio. Cada libro, de media, le supone un desembolso cercano a los 3.000 euros. Una de las piedras en el camino ha sido el incremento del IVA el pasado septiembre, que le afectó de lleno, aunque decidió absorberlo para que no repercutiera en el precio final de los libros.
«Estoy muy contento con la experiencia», comenta Queiruga, y aunque en el aspecto económico le da para pagar los gastos, confiesa que «a corto plazo no contemplo poder vivir de esto, porque no me daría para un sueldo mensual».
Ana Egiazabal Consultoría Xudurka
«Una buena relación entre los trabajadores eleva la productividad»
Hasta hace un año Ana Egiazabal (42 años, Irun) había desempeñado su carrera profesional como educadora social. «Siempre he estado muy sensibilizada con el tema de las habilidades sociales, y me dí cuenta de que la gente tiene mucha carencia de ellas», explica. Por ello, y al ver una oportunidad ahí, decidió poner en marcha Xudurka, una consultoría que centra su actividad en «elaborar programas de capacitación, motivación y fortalecimiento del capital humano, dirigidos a mejorar el clima laboral en la empresa». En su opinión «es un error» que las compañías no inviertan dinero en el capital humano, ya que las malas relaciones entre los trabajadores dificulta la toma de decisiones, y mejorarlas incide de forma positiva en la productividad.
Los participantes en los talleres se meten en la piel de un payaso, un personaje que «nos hace desarrollar nuestras mejores facetas, es positivo, eleva nuestro autoestima y que te reconcilia con las personas», explica Egiazabal, aclarando que no se trata de risoterapia. Todo ello sirve para llevar a la gente a un espacio «donde no se sientan confortables y usarlo para que se ayuden entre ellos y colaboren».
El emprendizaje no es algo nuevo para ella. En 2008 se lanzó con esta misma idea y tras estar trabajando un año, lo tuvo que dejar por problemas personales. Cinco años más tarde, confiesa haber notado que ahora es más difícil emprender. Aparte de eso, ha conseguido concretar mucho más su proyecto, «ha dejado de ser algo tan general como lo era antes». Para Egiazabal ser emprendedor «es durísimo» porque implica estar 24 horas pensando en el proyecto y «no desconectar». Ahora se encuentra inmersa en la redacción del plan de negocio, «algo que me esta costando un montón porque es muy intelectual». Por el momento tiene su oficina en el vivero de empresas de Bidasoa Activa, en Irun, donde la animaron a volver a emprender y la están orientando.
Rearking Eficiencia energéticawww.rearking.com
«Hoy lo más arriesgado es no arriesgarse»
Un curso de Lanbide fue el artífice de que hace un año se cruzaran los caminos de José Manuel Veiga (42 años, graduado en comunicación), David López (35, ingeniero industrial), Iñigo Villanueva (42, ingeniero técnico), Garbiñe Oyarbide (37, arquitecta), José Juan de la Cueva (27, arquitecto) y Tamara Ríos (32, arquitecta técnica e ingeniera de edificación). Ese mestizaje de disciplinas ha dado como resultado un proyecto llamado Rearking, acrónimo de ‘repensar la arquitectura y la ingeniería’. Estudiando cada caso de forma personalizada, aplican nuevos criterios en la construcción y rehabilitación de edificios, favoreciendo su eficiencia energética. Eso se traduce, entre otras cosas, en emplear excedentes naturales como aislantes, como la paja o la lana, o la propia orientación del edificio.
Oyarbide tenía claro que o emprendía o «volver a un estudio era imposible». Algo parecido le ocurrió a De la Cueva, que no encontraba trabajo «ni de becario». Admiten que hay personas de su entorno que se preocupan por el paso que han dado y el riesgo que corren, pero Veiga responde que «hoy lo más arriesgado es no arriesgar». Defiende que es una oportunidad para «trabajar en lo que nos interesa y hacer las cosas como nos gustan». También critica que exista «un castigo muy perverso al fracaso. Mucha gente no emprende por no meter la pata».
Con el plan de negocio ya redactado, crearán una cooperativa, y estiman que el capital inicial necesario rondará los 80.000 euros, que buscarán «a través de todas las vías posibles», explica Veiga, consciente de que «no hay ayudas». El proyecto también contempla la idea de realizar una labor de divulgación sobre eficiencia energética.
Enrique Monreal y Oscar Amores Eotecnic Ingeniería
«Servicio personalizado para optimizar el consumo de energía»
Enrique Monreal (44 años, Teruel) y Oscar Amores (36), ambos ingenieros, contaban con un puesto de responsabilidad y fijo en una empresa del sector energético, en la que eran compañeros. Cada uno por su cuenta, ambos decidieron cambiar de aires hace un año. Hasta que en septiembre coincidieron y una charla sobre cómo le iba la vida a cada uno terminó en la idea de crear una empresa. El asesoramiento de la mujer de Monreal fue clave para que la empresa echara a andar en un tiempo récord, el 15 de noviembre. Eotecnic se dedica al diseño de instalaciones de ingeniería, cuyo punto de partida son las energías renovables y sistemas bioclimáticos, que además busca la optimización del consumo energético. «Eso no quiere decir que no diseñemos también instalaciones tradicionales si el cliente lo pide, pero nos gusta que sepa qué opciones tiene», explica Monreal. La filosofía de su empresa es la de ofrecer un trato más cercano y personalizado al cliente, algo que en su opinión no se hace.
La experiencia y el conocimiento que ambos tienen del sector les ha facilitado mucho las cosas, «por lo que no hemos tenido muchas dificultades», afirma Amores. Por el momento han recibido alguna ayuda pública que, pese a que no sea una cuantía muy abultada, les ha venido bien para cubrir algunos gastos. Aparte de eso, todos los meses tienen que hacer frente al alquiler de la pequeña oficina que tienen en Donostia y al régimen de autónomos.
Larraitz Villagarcía y Oscar Benito Up Mediawww.upmedia.es
«Con nuestra empresa queremos dar trabajo»
Larraitz Villagarcía (33 años) y Oscar Benito (37) son pareja. Hace un año, al quedarse ella embarazada, decidieron volverse de EEUU a Donostia. Allí trabajaban para una empresa que vendía espacios publicitarios en pasillos de supermercados. Villagarcía explica que se trata de un modelo de negocio que triunfa allí, y busca incidir en el comportamiento del consumidor, ya que «la gente toma la decisión de compra justo en el lineal».
La empresa comenzó a funcionar el 1 de octubre, y nació como una cooperativa porque su intención es «dar trabajo». Venden soluciones de visibilidad integrales, ya que se encargan del diseño, gestión y mantenimiento de los soportes publicitarios. Los paneles, de los que están tramitando la patente, muestran en una imagen estática el logo de la marca y el uso de bombillas led mejora su eficiencia energética. El importe que se le cobraría a la empresa anunciadora no superaría los 100 euros, explican, y parte de esos beneficios serían para el supermercado en concepto de comercialización de espacio.
La constitución de la empresa y el sitio web les ha supuesto un desembolso cercano a los 5.000 euros. A esos gastos hay que sumarles los desplazamientos que para reuniones, el pago por estar como autónomos y lo que gastan en teléfono, además de los paneles de muestra a escala. Por el momento han recibido una ayuda de 3.000 euros.
Aitor Alfonso Abedaño Encantados, tienda de animales
«Si vas a montar algo tuyo, por lo menos márcate tú el camino»
«Estuve medio año buscando trabajo, aunque en mi interior siempre tenía en la cabeza la idea de poner algo, aunque sin una idea clara de qué». Aitor Alfonso Abedaño (37 años, Altza) es periodista de formación y hasta hace año y medio trabajaba como mozo de almacén, cuando su empresa presentó un ERE y al poco cerró. «Fui el último en irme», relata, «es triste ver cómo tus compañeros se van». Fue entonces cuando barajó la posibilidad de distintos negocios, aunque tenía muy claro que no quería una franquicia. «Pese a la seguridad que te pueda ofrecer tienes menos libertad, te marcan los productos que tienes que comprar, y si vas a montar algo tuyo, por lo menos marcarte tú el camino», explica. Su afición por los animales en general, y por los peces en particular, le hizo decantarse por una tienda de animales en el barrio de Altza.
Abrir la persiana el pasado julio le supuso un desembolso cercano a los 50.000 euros, para lo que tuvo que pedir un crédito y poner a sus padres como aval. Si no, asegura, «nadie se arriesga por un emprendedor». Para el asesoramiento recurrió a Fomento de San Sebastián, con los que hizo el plan de viabilidad, por el que algún gestor privado le pedía entre 2.000 y 3.000 euros. Comenta que «es un continuo soltar» haciendo referencia a los gastos de burocracia y del régimen de autónomos, donde «ya estas pagando sin haber cobrado nada ni teniendo tu tienda abierta».
Valora muy positivamente la experiencia, aunque de momento la tienda «no da para nada», tan solo para cubrir gastos. De momento asegura que tiene que centrarse «un poco para saber qué pedir a los proveedores», y nota que la gente del barrio está respondiendo muy bien. Ahora busca «estabilizar una clientela», especializarse algo más en los peces y «abrir la peluquería canina, que es prácticamente otro negocio dentro de la tienda».
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