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Oscuros augurios para el año que llega

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Oscuros augurios para el año que llega

El Gobierno mantiene un pronóstico de "suave recesión" que ninguna institución ni servicio de estudios privado comparte. -Junto al avance del paro y la contracción del crédito, solo destaca, en positivo, el sector exterior

23.12.12 - 19:21 -
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Las instituciones y los servicios de análisis prevén que la economía española seguirá en plena etapa de recesión el año que viene. El Gobierno también, pero sus pronósticos, que no ha modificado desde septiembre, auguran una suave caída del 0,5% como media del ejercicio. Nadie comparte estas proyecciones porque tanto la Comisión Europea como el Fondo Monetario Internacional, la OCDE, el consenso de los expertos consultados por la Fundación de las Cajas de Ahorros o el Servicio de Estudios de BBVA opinan que el retroceso del Producto Interior Bruto de España será, como poco, del 1,3%. Algunas instituciones lo han revisado al alza, para elevar la contracción hasta el 1,5%.
Las políticas están para variar las situaciones, argumentan desde el Ejecutivo. Los ministros de Economía y Hacienda, en particular, replican a los analistas con el argumento de que, pese a los tintes sombríos de la situación actual, los cambios emprendidos rendirán frutos. Pero muy pocas de las modificaciones que se avecinan -unidad de mercado, ley de emprendedores, sistema de pensiones, reforma de la administración o del marco energético-, está concebida para aportar beneficios a corto plazo. Algunas se limitan a corregir el tiro, como la que trata de evitar la escalada de un déficit de tarifa eléctrica que supera los 24.000 millones de euros. Y las principales se harán notar en años futuros, como la que introducirá factores de sostenibilidad a la hora de calcular las prestaciones por jubilación.
En la recta final de 2012 hay unos pocos signos de que algo está cambiando para mejor. Son los avances de productividad, aunque son en buena parte consecuencia de una destrucción de empleo demoledora. Se calcula en 800.000 puestos de trabajo la registrada en el año que termina, medidos en términos de contabilidad nacional, es decir, cuando cada ocho horas de actividad se computan como un empleo. Hay, además, un notable mantenimiento de la cuota exportadora, que revela el dinamismo de las empresas, forzadas a salir al exterior por la atonía de la demanda interna. En sentido opuesto, destacan el débil pulso del consumo y la inversión, las proyecciones negativas sobre el mercado laboral, o las fundadas dudas sobre la recuperación del crédito.
La caída del PIB, efecto del ajuste.
El gasto de las familias españolas va a seguir fuertemente lastrado por las malas perspectivas de empleo, el efecto del alza de impuestos de todo tipo, la necesidad de achicar deuda y la rebaja de la renta disponible. La práctica totalidad de asalariados y pensionistas han perdido poder adquisitivo, porque sus ingresos disminuyen o aumentan a menor tasa que la inflación. Poco o nada se puede esperar de la inversión empresarial en un marco de recesión, caída de beneficios y con empresas que padecen excedente de capacidad productiva, anticipan los expertos.
Lo mejor, exportaciones y turismo.
El sector exterior es la gran esperanza para el año que viene, confirmada por los últimos datos del saldo comercial y del turismo. Hasta noviembre habían viajado a España 55 millones de visitantes extranjeros, el segundo registro más elevado de la historia. Y el déficit del comercio exterior se había reducido un 28% entre enero y octubre. Pero la factura energética cada día pesa más, por la escalada del precio del crudo y las oscilaciones en la cotización del euro. La cotización del petróleo y, sobre todo, el débil pulso de la economía de los principales socios comerciales son los principales riesgos. De momento, todo apunta a que el sector exterior pueda aportar al PIB los 2,3 puntos porcentuales que prevé el Gobierno.
El paro que avanza sin tregua.
La proyección del Ejecutivo, que sitúa la tasa de desempleo sobre población activa en una media del 24,3% para el próximo año ya se ha visto ampliamente desbordada en el tercer trimestre de 2012, cuando el paro EPA alcanzó una proporción del 25,2%. Ni los más optimistas se atreven a pronosticar que la destrucción de puestos de trabajo pueda detenerse antes de los meses finales de 2013 . Incluso si la población inmigrante se marcha y los jóvenes hacen masivamente la maleta en busca de oportunidades fuera, el mercado laboral seguirá registrando incorporaciones. Por eso coinciden en una tasa de paro del 26% o superior la mayoría de las proyecciones.
Una reforma bancaria que va para largo.
Es un terreno donde se están produciendo grandes cambios, en el que se da por seguro que los resultados del saneamiento no van a ser inmediatos. Tras la recapitalización de las entidades necesitadas con fondos europeos, el traspaso de casas y suelo adjudicado y de créditos promotores al banco malo, y una vez emprendido el ajuste de capacidad con cierre de oficinas y recorte paulatino de la cifra de empleados, todo el sector se enfrenta a un entorno nacional complejo. Hasta los bancos más sanos tienen problemas para desarrollar su negocio en España a causa del bajo crecimiento, la escasa demanda de préstamos, la elevada morosidad -una cuota récord del 11,2% el pasado octubre- y el caro acceso a la financiación exterior. En 2012, el ritmo de caída del crédito estará por encima del 5%, una tasa desconocida en la historia económica reciente. Si no hay recursos para comprar o emprender, la parálisis parece inevitable. Relacionada con el sector bancario, la herencia de la crisis del ladrillo ha dejado secuelas colaterales. Un segmento prácticamente hundido de la actividad es la compra de viviendas por particulares. Pese a que la morosidad se limita al 3%, el severo endurecimiento de las condiciones de los préstamos, junto a la eliminación de desgravaciones y el aumento del IVA para la adquisición de pisos nuevos hacen prever para el próximo enero un frenazo en seco de la escasa actividad detectada en los meses finales de este año.
Alivio para el déficit
Los efectos de la recesión hacen prácticamente inalcanzable el cumplimiento del recorte del déficit asumido por España para el año que concluye. Los más optimistas calculan que 2012 terminará con unos números rojos de las administraciones públicas equivalentes al 7% del PIB, frente al 6,3% comprometido. Pero desde el Gobierno sugieren que Bruselas ya ha dado muestras de flexibilidad y cuentan con que los socios europeos atenuarán su rigor, a la vista de nueva etapa de recesión que les sacude a todos.
Si se confirman estas expectativas -la fecha a no perder de vista es el 15 de febrero- el esfuerzo de las cuentas públicas para el ejercicio próximo consistiría en recortar el déficit en 2013 hasta el entorno del 6% del Producto Interior Bruto, objetivo coincidente con las previsiones de los expertos. Supondría un sacrificio adicional algo menor, puesto que reducir el desequilibrio en un punto de PIB equivale a recortar gastos y/o aumentar ingresos por un total de 10.000 millones. Lo malo es que los ajustes previos han dejado en los huesos la capacidad de consumo y de inversión de los hogares y las empresas, después del aumento de la fiscalidad y la sensible merma del nivel de protección social (recortes en la sanidad, subsidio de desempleo.).
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