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«Gracias por salvarme la vida»

Sucesos

«Gracias por salvarme la vida»

Mari Luz Olaran se atragantó con un trozo de carne en un bar de Donostia. El médico José María Bakero le salvó la vida al practicarle una cricotiroidectomia de urgencia en mitad del establecimiento.

23.02.12 - 14:04 -
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«Gracias por salvarme la vida»
El médico José María Bakero y Mari Luz Olaran. [USOZ[
María Luz Olaran estará «eternamente agradecida» a José María Bakero. Desde el pasado domingo día 12, no puede dejar de pensar en su «ángel de la guarda», un médico internista del Hospital de Mendaro que le salvó la vida. «Si no fuera por él, hoy no estaría viva», reconoce sin tapujos. Como muchos domingos, Mari Luz y su hija Ania fueron a comer al restaurante La Espiga, en el Centro de San Sebastián. «Siempre suele comer carpaccio, pero ese día me dio por probar el solomillo de ciervo», cuenta esta mañana desde su casa de la capital guipuzcoana. Un pedazo de carne se le atragantó y empezó a tener problemas para respirar. «Notaba que me ahogaba, y que me costaba cada vez más respirar». Lejos de ser un susto, la situación empezó a complicarse al ver que la mujer no podía expulsar el trozo por sí misma. «¡Un médico! ¡Un médico», dice que oyó antes de perder el conocimiento. Allí apareció José María Bakero, convertido en protagonista involuntario de toda esta historia extraordinaria. Él también había elegido La Espiga para terminar la ronda de pintxos, que se había alargado más de la cuenta. «Fue mi mujer quien propuso tomar el último en La Espiga. Si no llego a ir... no sé cómo hubiera terminado la historia», cuenta esta mañana en casa de Mari Luz, a quien ha ido a darle un fuerte abrazo por primera vez desde que sus vidas se cruzaran en la planta baja del restaurante donostiarra.
Dice José María que bajó sin pensarlo, pero tampoco demasiado alarmado porque el camarero que pidió la presencia de un médico tampoco parecía estarlo. Pero cuando se encontró a Mari Luz encorvada, sujeta a una silla, intentando respirar sin éxito, supo que tenía que actuar de urgencia. Le practicó la maniobra de Heimlich, «que suele ser eficaz en el 90% de los casos», y que consiste en una compresión abdominal para para desobstruir el conducto respiratorio. No funcionó. «Te recuerdo bien cómo estabas –le cuenta a Mari Luz– y cómo te desmayaste porque ya entrabas en parada cardiorespiratoria. Te ibas». «Sé que si tú no hubieras estado en el bar, hoy estaría muerta», le responde ella plenamente consciente del trance en el que se encontró.
Un boli y un cuchillo
José María pidió un tubo y un objeto punzante. «Y a los pocos segundos ya estaba el camarero con un boli bic al que le había quitado la tinta y un estilete negro. Fue rapidísimo». Y a la misma velocidad, en cuestión de segundos, se decidió a practicarle a Mari Luz una cricotiroidectomia, que es un corte en un punto exacto de la garganta para colocar una vía aérea, una maniobra de urgencia que aprendió en los cursos de primeros auxilios que había estudiado hace años. «Nunca piensas que lo vas a tener que utilizar, pero mira si lo he necesitado». Para entonces, la tensión había dejado en completo silencio el comedor del restaurante, cuyos clientes fueron testigos del buen hacer de este médico, que huye de cualquier halago. «Lo que hice lo hubiera hecho cualquier médico en la misma situación», dice para intentar quedarse en un segundo plano de la historia, aunque sabe que su actuación le salvó la vida a Mari Luz.
Practicada la intervención de urgencia, la mujer empezó a recobrar el conocimiento, empezó a respirar, a volver a la vida. Para entonces ya llegaba una ambulancia y enseguido apareció otra medicalizada, que le trasladó a Mari Luz a Urgencias del Hospital Universitario Donostia. Pocos días después, le dieron el alta, sin ningún tipo de secuela, y hoy le ha abrazado a José María para agradecerle su profesionalidad. Él también ha tenido palabras de cariño hacia su inesperada paciente. «Yo también le tengo que estar agradecido porque logró vivir» «Y aquí está, fuerte como una roca», dice Ania, la hija de Mari Luz que le acompañaba en aquella comida que ninguno de los tres olvidará.
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