Como en el resto de los ámbitos, las cosas han cambiado mucho en el campo de la arqueología desde 1982. Durante mucho tiempo, para mejor. En los últimos años, no necesariamente. Los siete tomos de la colección ‘Arkeologia’ que ayer presentó en San Sebastián la diputada foral de Cultura, Ikerne Badiola, en compañía de algunos de los arqueólogos que han marcado el desarrollo de esa disciplina en Gipuzkoa en las últimas décadas, son una muestra de esa evolución. Y, a la luz de los recortes que están afectando en los últimos años a esta actividad, podrían ser también la crónica de los buenos tiempos de la arqueología en Gipuzkoa.
Los siete tomos, obra de trece arqueólogos que han plasmado en los mismos sus experiencias y sus investigaciones, así como las de otros colegas, están editados con ánimo y estilo divulgativo, prestando mucha atención al aspecto gráfico y en versión bilingüe. Desde la Prehistoria hasta la arqueología industrial, cada uno de ellos es una ventana a un período del devenir de Gipuzkoa, analizado desde la perspectiva arqueológica. Permiten, además, comprobar la intensidad con la que se ha trabajado en las últimas tres décadas, en las que nuevas generaciones de investigadores han ido tomando el testigo de manos de algunas de las figuras más legendarias de la arqueología vasca.
Cada vez menos medios
Como destacó Álvaro Arrizabalaga, autor junto con María José Iriarte del tomo con el que arranca la colección, en el que se reflejan los últimos descubrimientos en yacimientos prehistóricos como Lezetxiki, Praileaitz, Irikaitz o Astigarraga, «en las últimas tres décadas la investigación ha progresado mucho, por lo que esta obra es una síntesis provisional a la que, a la vuelta de diez años, se le tendrá que añadir un número significativo de novedades». Ciertamente, en esos yacimientos se sigue trabajando, y en el futuro seguirán aportando información que permitirá conocer mejor a los primeros grupos de cazadores y recolectores de la Prehistoria guipuzcoana. Del mismo modo, siguen aportando novedades y dando pie a nuevas vías de investigación los monumentos megalíticos que corresponden al período de los primeros agricultores y ganaderos, a los que se dedica el tomo dos y que presentó José Antonio Mujika.
Donde también se han «llenado muchos huecos oscuros» en las últimas tres décadas es en el conocimiento de la Edad del Hierro, el último período de la Prehistoria, del que sabemos mucho más gracias a las excavaciones realizadas en los poblados fortificados de Basagain (Anoeta) o Munoandi (Azkoitia), a los que se refieren en el tercer volumen Sonia San Jose y Xabier Peñalver. Este último, «harto de escribir y de estar en el laboratorio» en lugar de haciendo trabajo de campo, destacó cómo han ido disminuyendo en los últimos años los recursos públicos destinados a la actividad arqueológica. «En 1985 –recordó– excavábamos en Intxur [el primer poblado conocido de la Edad del Hierro en Gipuzkoa], un mes al año con un equipo de 40 estudiantes y licenciados. Hoy lo hacemos en Basagain durante quince días y con la mitad de gente». Peñalver denunció que «la política llevada a cabo por la Diputación en los últimos años ha tendido al cierre de excavaciones y la reducción de subvenciones, con lo que el ritmo de la investigación arqueológica es cada vez más lento».
La diputada de Cultura aseguró compartir las reflexiones de Peñalver, pero los datos parecen dar la razón al arqueólogo: en 2011 se produjeron 40 actividades arqueológica en Gipuzkoa, diez de ellas campañas en excavaciones, a las que la Diputación destinó 150.000 euros. Este año todavía no se puede precisar el número de proyectos que saldrán adelante, porque las convocatorias todavía no se han realizado, pero ya se sabe que el presupuesto será de 100.000 euros, un 33% menos que en 2011.
Una nueva visión del pasado
Aunque el avance haya sido muy significativo en los trabajos correspondientes a todos los períodos prehistóricos e históricos, hay algunos en los que ha resultado especialmente llamativo. Por ejemplo, en el correspondiente al conocimiento de la huella que dejaron los romanos. Como recordó la arqueóloga Mertxe Urteaga, directora del Museo Romano Oiasso de Irun, en la Carta Arqueológica de Gipuzkoa de 1982 «apenas se dedicaban cinco páginas y media». En esta ocasión se le dedica todo un tomo de 300 páginas, del que ella es autora junto con Javier Arce. «Si hay alguna novedad en la arqueología es en el aspecto romano, donde se ha pasado de unos pocos yacimientos en la zona de Irun y de Arditurri a hablar de toda una ciudad como Oiasso, a encontrar jalones en todos los puertos guipuzcoanos, en Aralar, en Urbia...». Además de dar cuenta de los trabajos realizados, el tomo de arqueología romana ahonda en una nueva interpretación del ‘saltus vasconum’ que cambia radicalmente el concepto del término.
La nueva visión del pasado de Gipuzkoa que, desactivando muchos mitos, ha aportado el trabajo realizado en el estudio de la presencia y la influencia romana en el territorio puede extenderse también a los trabajos centrados en otros períodos, como el medieval y el posmedieval y, más recientemente, a la aplicación de la metodología arqueológica al hecho industrial. Tal como destacó Alfredo Moraza, coautor del tomo dedicado a la Edad Media, «hubo algunos precedentes a principios del siglo XX, pero hay que esperar hasta la década de los noventa para poder hablar de arqueología medieval». Pese al retraso, el trabajo que de los últimos años ha permitido realizar descubrimientos «que colocan a Gipuzkoa a la par de los territorios vecinos». «El cambio ha sido terrible –afirmó–, y ha supuesto la caída de muchos mitos».
Otro tanto puede decirse de las investigaciones que se han centrado en los siglos XVI, XVII y XVIII, que han servido sobre todo para completar el conocimiento de la vida cotidiana en esas épocas. Como planteamiento, sin embargo, el más llamativo es el del último tomo, cuyas autoras, además de lamentar la desaparición de gran parte del patrimonio industrial, hacen hincapié en el poco interés que han despertado los restos industriales en los arqueólogos, a pesar de los buenos resultados que aporta aplicar «metodología arqueológica al hecho industrial, una línea de investigación que todavía está en los comienzos» pero que ya ha dado sus frutos, por ejemplo, en cotos mineros como Aizpea (Zerain), Arditurri (Oiartzun) o Mutiloa.
Los materiales, a Gordailua
El producto de tantos años de trabajo se traduce, entre otras cosas, en infinidad de materiales que se han ido sumando a los anteriormente existentes y que, después de diversos avatares, se conservan desde hace más de tres años en el Centro de Depósito de Materiales Arqueológicos y Paleontológicos de San Sebastián, bajo la responsabilidad de la Consejería de Cultura del Gobierno Vasco.
Ikerne Badiola aprovechó la presentación de ‘Arkeologia’ para recordar que Gipuzkoa ya dispone de su propio Centro de Patrimonio Mueble –Gordailua, en Irun–, «en condiciones óptimas para recoger ese patrimonio». La diputada de Cultura se confió en que «las negociaciones que se vienen llevando a cabo con el Gobierno Vasco consigan la cesión de los materiales arqueológicos a Gordailua, tal como sucede en Araba y en Bizkaia».