Diccionario para descifrar el botiquín
Administración parenteral. Es la administración de medicamentos mediante una inyección. Según dónde llegue la aguja de la jeringuilla cambian las punciones, que pueden ser: intravenosas, intramusculares, hipodérmicas (bajo la piel) o intradérmicas (entre las capas de la piel).
Antibiótico. Medicamento para combatir enfermedades bacterianas. Los procesos virales, como la gripe, no se curan con ellos. Nunca se deben tomar si no los receta el médico.
Excipiente. Como el principio activo se da en cantidades muy pequeñas, se mezcla con otros productos que no tienen actividad para, por ejemplo, darle un tamaño adecuado de modo que se pueda administrar. También se le añaden excipientes para endulzarlos en el caso de que sean amargos o determinar la biodisponibilidad del medicamento (la cantidad de sustancia que se absorve y alcanza el lugar donde tiene que ejercer su efecto), entre otras muchas funciones.
Genérico. Un medicamento pasa a ser genérico cuando deja de estar protegido bajo patente. Esto sucede cuando el laboratorio que lo sacó ha agotado el tiempo que marca la ley para comercializarlo y recuperar su inversión. Es entonces cuando puede ser fabricado por otros laboratorios y se puede dispensar el principio activo y no la marca concreta.
Prescripción. La prescripción es la parte de la receta donde se indica el nombre del medicamento, la forma farmacéutica, la vía de administración, la dosis por unidad y el número de unidades por envase. Como norma general, es un envase por receta, salvo algunas excepciones señaladas por la normativa.
Principio activo. Es el componente responsable de la actividad del medicamento. La Ley 29/2006 lo define como toda materia de cualquier origen humano, animal, vegetal, químico o de otro tipo, a la que se le atribuye una actividad apropiada para constituir un medicamento, que puede contener uno o varios principios activos.
Uso tópico. El medicamento se aplica sobre la piel o las mucosas, según esté indicado en el prospecto, exactamente en el lugar en donde se requiera que ejerza su acción.
Más del 60% de los ingresos hospitalarios se deben a que el paciente no toma bien su medicación, por eso es fundamental seguir la receta o el prospecto
Controles, miles de controles, supervisan cada medicamento, esa «maravilla tecnológica », como los llama el doctor Francisco Javier Gutiérrez Mañero, catedrático de Fisiología y Farmacognosia y director del departamento de Biología de la Facultad de Farmacia de la Universidad San Pablo CEU.
Una joya, cada nuevo medicamento, en la que se invierten unos quince años y entre 400 y 800 millones de euros como mínimo, desde que se investiga con una molécula hasta que puede ser comercializada. Y una vez que llega a la farmacia, se abusa de ella.
«Nos automedicamos muchísimo y, en situaciones, sobrepasamos los límites sin atender a la posología. De hecho, la principal causa de intoxicación por sustancias químicas, y no sólo de medicamentos, es por el consumo de analgésicos», afirma Gutiérrez Mañero.
Más del 60% de los ingresos hospitalarios se deben a que el paciente no ha tomado bien su medicación. Por eso es esencial seguir las normas de la receta y, de no haberla, consultar con el farmacéutico todo lo necesario: para qué es, dónde y cómo es el dolor, si se toman otros medicamentos o se padecen alergias... Así, el boticario podrá indicar qué es lo que se necesita e, incluso, ayudar con la lectura del prospecto, que conviene observar siempre a rajatabla.
«En toda farmacia debe haber un farmacéutico identificado con una chapa. Será quién dispense un medicamento o, en su defecto, supervise su venta», anota el experto.
Parece igual, pero no lo es
Podría creerse que da lo mismo que un fármaco venga en cápsulas, granulado o en otra presentación. Pero no es así: la forma regula de qué manera, a qué velocidad y dónde se libera el principio activo, algo muy importante si, por ejemplo, la persona es propensa a padecer dolor de estómago. Por ese mismo motivo, no se recomienda variar la forma del remedio, porque, si machacamos una pastilla para tragarla mejor, los efectos del medicamento pueden variar.
Muy importante es también fijarse en si el prospecto indica que el producto debe tomarse acompañado de alimento. En esos casos, generalmente se pretende disminuir las posibles molestias digestivas sobrevenidas. En otros fármacos, lo que se recomienda es ingerirlo o bien con el estómago vacío o bien con agua (nunca con zumos u otro líquido) para evitar posibles interferencias que retrasen o reduzcan la absorción correcta del principio activo.
El embalaje también vela por la seguridad, por lo que cumple una estricta normativa. Así, por ejemplo, debe llevar siempre el código nacional, que es como su DNI, y el número del lote de fabricación. De este modo, si una partida saliera en malas condiciones, algo que raramente sucede, resultaría fácilmente detectable para su inmediata inmovilización.
Cuidado con la medicina natural
Los controles y reglas afectan a los fármacos químicos, pero también a las plantas medicinales. Estas últimas son, de por sí, fuente natural de medicamentos, pero pensar que por ser un producto natural sólo van a causarnos beneficios constituye otro error. De hecho, ya está vigente una normativa que prohíbe la venta de plantas medicinales a granel.
Muchas soluciones naturales requieren de los mismos registros que un medicamento y deben estar controladas por un experto sanitario. Además, se adquieran como píldora, pastilla, hojas o el formato que sea, sus efectos pueden interaccionar con otros medicamentos, por lo que no se deben consumir sin consultar antes al farmacéutico. Por descontado, tampoco nunca deben comprarse en establecimientos no autorizados.