Un año más los vecinos de Sunbilla derrocharon imaginación en su tradicional desfile de carrozas, que se celebró ayer al mediodía y sin lluvia, a pesar del mal tiempo que estaba anunciado, y con nieve en los montes vecinos, como Mendaur, que ni se pudo ver por la niebla.
Vecinos de todo Baztan-Bidasoa y también llegados desde Gipuzkoa, agradecieron la hospitalidad de los sunbildarras, que agasajaron a los visitantes con 350 litros de caldo, 120 kilos de castañas, 500 talos con queso, unos 300 litros de vino y 2.400 huevos en tortilla que repartieron a lo largo del recorrido.
Precisamente las carrozas en las que se reparte la comida y bebida abrieron un año más el desfile. Tras ellos, el cerdo que se sortea cada año para sufragar parte de los gastos del carnaval y un Heineken Team, con rampas por las que se lanzaba una cuadrilla.
Todos los años la actualidad manda sobre la temática de algunas carrozas y en esta ocasión llamó la atención el 'Alakrana', un barco al que seguía una patera de nombre 'Somalia' y otro barco armado con cañones. Las peleas entre pescadores y piratas fueron interpretadas, con buen humor, a lo largo del desfile. Una furgoneta al estilo hippy y las hábiles tortugas -los vecinos realizaron todo el recorrido tumbados sobre monopatines- les siguieron. Y tras ellos, la 'Loca academia de policía' con carroza, pruebas a lo largo de todo el desfile y un coche desde donde daban las órdenes.
Tras ellos, las pancartas y los toros de San Fermín Txikito y justo después, otro gran barco, al que seguían dos traineras sobre ruedas. Las dos cuadrillas remaron desde ellas durante todo el recorrido y sin duda, fue una de las que más llamó la atención. Sonó la música de Michel Jakson, acompañando a los niños vestidos de zombies y otros personajes de terror, junto a una gran olla donde las brujas preparaban sus pócimas.
Justo después, una referencia a la crisis y a la vuelta de los tiempos del trabajo en el caserío, con las gallinas y la elaboración de metas. En la primera carroza, llena de hierba seca, un trabajador se dedicaba a echarla al suelo.
Tras él, un burro tiraba de un antiguo apero de labranza con el que volteaba la hierba y cerraba la representación una gran meta, que elaboraron a medida que avanzaba el desfile. Concluía el recorrido una carroza en la que podía verse el viaje de unos vecinos a Cuba, en el que no faltaban ni las tumbonas, ni una barra, ni las chicas.
Quizá el mal tiempo de los últimos días o que muchos piensen que el carnaval sunbildarra se celebraba una semana antes -cuando en realidad se festeja el último domingo de enero- hizo que este año acudieran menos visitantes.
Lo que estuvo a la altura de siempre fueron las carrozas y también, el buen humor.