«Un valor escaso». Es una de las muchas definiciones que los expertos aplican al parque ecológico Plaiaundi. Valioso, porque supone una zona de descanso «fundamental» para cientos de aves en sus migraciones. Escaso, porque es el único estuario de Gipuzkoa, una «joya» a nivel medioambiental.
Junto con las de Jaizubia, las marismas de Txingudi conforman el humedal marítimo más extenso de Euskadi. Pero Plaiaundi es mucho más que un parque ecológico: si no existiera, dejarían de hacerlo también aves para las que éste es un punto de paso vital en sus migraciones. Este martes, el parque se suma a la celebración del Día Mundial de los humedales. La ocasión sirve para recordar no sólo su importancia medioambiental, sino también las amenazas a las que se enfrenta.
El 2 de febrero de 1971 se firmaba en la ciudad iraní de Ramsar, a orillas del mar Caspio, el Convenio que posibilitó la creación de una lista de humedales de importancia internacional. También conocido como Convenio Ramsar, la fecha elegida como Día Mundial de los Humedales recuerda la firma de este documento.
El de Txingudi entró a formar parte de la lista en 2002. La bahía en su totalidad, incluyendo las 24 hectáreas que conforman la marisma, albergan «254 especies diferentes de aves, además de anfibios e insectos», señalan desde el parque ecológico. «Esto es una joya de valor incalculable», afirma Xabier Garate, miembro de SEO-Birdlife y «amante» de la marisma. Un lugar que, según asegura, es «mucho más que un parque ecológico».
Un 'rest-stop' fundamental
Decir que Plaiaundi es un lugar de paso en las migraciones de cientos de aves es una definición que se queda corta. La marisma es un punto «crucial» en los flujos migratorios: la barrera física de los Pirineos por un lado, y la costa cantábrica por el otro, convierten el enclave en «un embudo» por el que pasan aves que se dirigen al sur de la península o el norte de África. Para ellas, el parque es «un rest-stop fundamental», define Xabier Garate.
El humedal cuenta con algunas de las categorías de protección más altas, como la que lo engloba dentro de las Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA). La concesión de esta categoría se la debe Plaiaundi, entre otras especies, a la Platalea leucorodia, o espátula. Este ave, de pico largo y plano que se ensancha al final, «se ha convertido en un símbolo de la lucha por la recuperación de la naturaleza».
Para la espátula, que estuvo al borde de la extinción hace algunos años, pasar y descansar en Plaiaundi es obligatorio durante su migración. «Al constatar la necesidad de paso que supone para tantas aves, al humedal se le otorgaron esas protecciones internacionales tan altas». La concesión de la categoría ZEPA indica que «si este espacio no existiera, habría especies que se encontrarían abocadas a la extinción», explica Xabier Garate.
Amenazas y esperanzas
Pero a pesar de las protecciones, este tesoro natural no está a salvo de las consecuencias de la acción humana. Xabier Garate cita dos amenazas potenciales: por un lado, la posible ampliación de la pista del aeropuerto. «Supondría cortar el tránsito de aves entre las marismas de Jaizubia y las de Txingudi, aislando ambas zonas», señala, «además de las complicaciones que podrían surgir en cuanto a seguridad aérea».
Por otro lado, está la zona deportiva situada dentro del parque. «No es un uso adecuado para la zona. Hay que tener en cuenta que Plaiaundi no es un parque temático ni una zona de recreo. Por supuesto que hay que visitarlo y disfrutarlo, pero de forma adecuada».
Como contrapunto positivo, diversos estudios hacen referencia al «gran potencial de recuperación» de la zona. «Las marismas son enclaves muy productivos», explican desde el parque. «El agua es una catalizador biológico que multiplica los procesos de recuperación». Y, sin embargo, no está de más tener siempre presente que Plaiaundi es una joya que la mano del hombre puede llegar a destruir, pero que sólo la madre naturaleza puede crear.