Gipuzkoa apenas es una gota en el mar de la globalización. Con sus 700.000 habitantes y 2.000 kilómetros cuadrados, podríamos ser engullidos en un barrio de Pekín. Pero, a pesar de este tamaño liliputiense, nos resistimos a ser volteados por los tsunamis económicos o a ser arrastrados por corrientes que no controlamos.
A falta de petróleo o minas de diamantes que nos hagan deseados, ¿cómo lograr ser alguien en este mundo proceloso? Solo cabe una receta: excelencia en la educación y talento. Esta es al menos la conclusión a la que han llegado los expertos que están participando en el Proceso Gipuzkoa+20. Este foro de debate impulsado por la Diputación pretende establecer las bases para que nuestro territorio sea puntero en 2030.
Alrededor de dos centenares de personas significativas del mundo cultural, político, económico y científico guipuzcoano se dieron cita ayer en el Kursaal para escuchar a tres de los especialistas que están participando en el proceso: Riccardo Crescenzi, profesor de la London School of Economics; Daniel Innerarity, catedrático de la Universidad de Zaragoza y Enrique Zuazua, miembro del Basque Center for Applied Mathematics.
En el acto estuvo presente el diputado general, Markel Olano; la presidenta de las Juntas, Rafaela Romero y el teniente de diputado general, Iñaki Galdos, cuyo departamento ha impulsado la iniciativa.
Crescenzi, Innerarity y Zuazua, partiendo de tres enfoques disciplinarios distintos, llegaron a conclusiones parecidas sobre el camino que debe tomar Gipuzkoa en las próximas dos décadas: nuestra única materia prima inagotable es el cerebro, pero para que dé fruto en forma de ciencia y tecnología se deben poner los medios adecuados.
El profesor de la London School of Economics advirtió sobre la tendencia de los políticos a desarrollar herramientas simplistas. «En ocasiones parten de recetas incompletas. Es decir, la construcción de infraestructuras no garantiza por sí sola el despegue económico de una región ni tampoco un esfuerzo exclusivo destinado a la investigación y desarrollo».
Crescenzi indicó que la precondición para que esas actividades se traduzcan en crecimiento económico estriba en el capital humano. «La educación, la formación y el talento. Esta es la clave para trasladar el conocimiento a la actividad económica».
El experto británico consideró que Euskadi se encuentra «en el buen camino» para situarse en los puestos punteros de la UE, pero añadió que todavía «queda mucho trabajo pendiente para alcanzar una posición óptima».
Capacitar a los ciudadanos
La aproximación al problema de Daniel Innerarity tuvo un componente más sociológico que económico, pero coincidió con el profesor de la London School of Economics. El catedrático de Filosofía Social y Política de la Universidad de Zaragoza indicó que la clave para que un territorio sea pujante no estriba en que disponga de una buena red de transporte o materias primas, como ocurrió antaño, sino en la suma de «tecnología, talento y tolerancia». En este sentido, afirmó que el buen gobierno de un territorio «no tiene que ver tanto con dar órdenes, sino con ofrecer los instrumentos para capacitar a los ciudadanos».
Innerarity señaló que territorios como Gipuzkoa no han de sentirse amenazados por la globalización. «No es cierto que lo local desaparezca ante lo global. Lo local se ha transformado, pero ha de evitar la tentación de protegerse y, por el contrario, aprovechar las posibilidades de conectarse con el exterior».
El tercer ponente, Ricardo Zuazua, fue el más concreto en las propuestas para que Gipuzkoa sea un territorio de primer nivel. El Premio Nacional de Matemáticas también partió de la base de afrontar el reto de la educación. «Tenemos un PIB aceptable, estamos avanzando en I+D, pero no aparecemos en ninguna lista de excelencia universitaria, algo sorprendente si vemos que contamos con parques tecnológicos y empresas punteras».
Zuazua señaló que la Universidad tiene que seguir su camino, pero añadió que se requiere subir un peldaño. «Necesitamos una herramienta imprescindible, una Escuela Vasca de Postgrado de excelencia internacional. El futuro se escribe en base a la tecnología y esta viene de la mano de la ciencia y de las personas creativas que surgen donde se han dado las condiciones propicias». El Premio Euskadi de Investigación propuso que Gipuzkoa cuente con un centro de computación aplicada. «Tendría sentido ubicar en nuestro territorio un centro tipo Cerfacs de Toulouse, híbrido de ciencia y empresa».