En el artículo titulado 'Jaizkibel: ¿la montaña mágica?', la diputada de Movilidad y Ordenación del Territorio, Arantza Tapia, recurre sin rubor al chantaje para convencer a la sociedad sobre la necesidad del puerto exterior, al plantear el mismo como necesario para poder afrontar el coste de los futuros servicios sociales, y mintiendo a la sociedad guipuzcoana.
Cuando ha quedado demostrado que con el puerto exterior sólo se pretende 'hacer caja' y que no es necesario para llevar a cabo la regeneración de Pasaia, Tapia apela a la necesidad de recaudar impuestos con su construcción para poder cubrir las necesidades sociales, haciendo llamadas al alarmismo y con amenazas tales como: 'si no recaudamos no podremos atender a la ciudadanía'.
Si bien es cierto que los servicios públicos se ofrecen a través de los impuestos y que su recaudación es fundamental, es una vergüenza que realicen este chantaje a la ciudadanía guipuzcoana, máxime cuando desde la Diputación de Gipuzkoa, a través de sus políticas fiscales regresivas, se está regalando lo que deberían ser ingresos públicos, a través de la eliminación, por ejemplo, del impuesto de patrimonio y la rebaja del Impuesto de Sociedades, que suponen 172 millones de euros menos para las arcas forales.
Esta política sí genera una deficiencia de los servicios públicos y sus consecuencias son que la mayoría de los impuestos los paguemos las personas asalariadas, mientras que grandes empresas y otros colectivos se marchan de rositas.
Por todo ello, me pregunto: ¿Es necesario destrozar una reserva natural para construir un puerto exterior que albergará una central térmica, y depósitos de hidrocarburos? ¿En cuanto tiempo prevén que los impuestos sobre estas infraestructuras sean capaces de amortizar el gasto que requieren? ¿Es necesario invertir en infraestructuras de generación de energía no sostenible?
La señora Tapia no tiene más argumentos que recurrir a la 'magia' de Jaizkibel y al miedo y a la amenaza en su discurso para justificar lo injustificable. Quizás en próximas intervenciones emulando a presidentes americanos, y en defensa de lo indefendible, ya sólo le quede la excusa de 'Dios está con nosotros'.