El comando de ETA desmantelado por la Ertzain-tza estaba siendo vigilado desde hace un año. El PNV hizo pública ayer esta información, que previamente el consejero de Interior había anticipado al reconocer que la operación había arrancado varios meses atrás. El seguimiento a este talde comenzó en la anterior legislatura, durante el mandato de Javier Balza al frente de la Policía autónoma.
Según diversas fuentes, la unidad antiterrorista de la Ertzaintza disponía de evidencias que vinculaban a varios de los sospechosos con el atentado de la comisaría de Ondarroa, así como con otras acciones cometidas por ETA. A partir de esos datos, los agentes fueron reconstruyendo las relaciones de los presuntos componentes del grupo y buscando conexiones entre ellos. Los indicios apuntaban que se trataba de 'legales' -no fichados- lo que implicaba que dependían de un 'liberado' -a sueldo de la organización-. Este último les hacía llegar el material para los ataques y coordinaba sus acciones.
Las investigaciones se alargaron durante semanas sin que el control de los supuestos colaboradores ofreciese frutos. Las pesquisas no conducían a ninguna instancia superior dentro de la organización terrorista. Según las fuentes consultadas, los expertos de la Policía vasca barajaron como principal hipótesis a la hora de explicarse este aislamiento que la cúpula etarra había decidido romper el contacto con sus colaboradores. Esta práctica es habitual cuando existen sospechas de que los componentes de un grupo están siendo controlados por las fuerzas de seguridad o cuando el 'liberado' es detenido. La nueva unidad antiterrorista creada tras la llegada del equipo socialista a Interior decidió no proseguir con los seguimientos al entender que no iban a ofrecer nuevos resultados. Los mandos policiales acordaron llevar a cabo los arrestos.
Atentados coordinados
El ataque más grave que se le imputa al grupo -el cerró durante meses la comisaría de Ondarroa- tuvo lugar el 21 de septiembre de 2008, en un fin de semana con tres atentados en pocas horas. La secuencia de coches bomba comenzó en Vitoria, donde los terroristas atacaron la sede central de Caja Vital, continuó en Ondarroa y finalizó en Santoña, donde los terroristas acabaron con la vida del brigada Luis Conde, que pernoctaba con su mujer en el Patronato Militar. En todos los casos, los turismos utilizados habían sido robados en Francia. Según la tesis de las fuerzas de seguridad, la campaña fue coordinada desde suelo galo y se puso en marcha con el apoyo de grupo de 'legales' como el desmantelado ayer.