No tuvo demasiada suerte en la vida, más bien poca. En la última etapa de su existencia vivía en un ambiente marginal, en una chabola junto a quien dicen era su compañero sentimental y una tercera persona, un conocido de ellos, un hombre de origen portugués. El domingo por la tarde, una disputa, una de tantas, finalizó con una agresión. Una cuchillada en el cuello le seccionó una arteria. Murió en la mesa de operaciones del hospital. La autoría está aún por determinar. La Policía investiga si la agresión fue obra del novio o del amigo que vivía con ellos. Las manifestaciones de ambos son contradictorias. Ayer se llevó a cabo una inspección ocular de los hechos así como una entrada y registro en la chabola en la que los dos sospechosos estuvieron presentes.
Elena Cal Troncoso, de 45 años, se ha convertido en la primera mujer del año asesinada en Gipuzkoa. Su muerte se produjo en torno a las cuatro de la tarde del domingo, en la chabola que la víctima compartía con su pareja, Txema, y Paulo, el ciudadano portugués. Se trata de un habitáculo situado entre malezas, encima del apeadero del tren, en el barrio tolosarra de Monteskue.
Una llamada efectuada por la pareja de la víctima informó de la presencia de la mujer malherida. Efectivos de la Policía autonómica y personal sanitario se desplazaron al lugar. La fallecida presentaba una herida por arma blanca en el cuello. Se la habían clavado. Elena Cal Troncoso pudo ser reanimada en el mismo lugar de los hechos y evacuada al Hospital Donostia, donde, sin embargo, falleció mientras era intervenida como consecuencia de la abundante sangre que había perdido.
Tras los hechos, la Ertzaintza detuvo a sus compañeros de chabola. El primero en ser arrestado fue el amigo de la pareja, conocido como 'el portugués'. La intervención se llevó a cabo en un establecimiento del casco urbano de la localidad. Poco después, ante las aparentes contradicciones en las que había incurrido, fue detenido el compañero de la fallecida.
En busca del arma
Los sospechosos fueron trasladados a las dependencias de la comisaría de la Ertzaintza de la localidad y ayer por la mañana fueron conducidos al escenario de los hechos. Esposados y con atuendos de color azul, los inculpados permanecieron en el andén del apeadero mientras los agentes de la Policía Científica llevaban a cabo una inspección en la chabola. En la diligencia estuvieron asimismo presentes dos médicos del Instituto de Medicinal Legal de Donostia.
Los agentes centraron sus esfuerzos en localizar el arma que se utilizó en la comisión del crimen. Ayer tarde, sin embargo, se ignoraba el lugar en el que el cuchillo había sido arrojado o abandonado. Asimismo, los agentes tomaron diversas evidencias para su posterior análisis en el laboratorio.
Tras la inspección, se procedió a efectuar un registro de la chabola. En la diligencia estuvieron presentes los dos detenidos. Posteriormente, ambos fueron conducidos de nuevo a las instalaciones policiales y se espera que en las próximas horas pasen a disposición judicial.
Fuentes consultadas indicaron que los dos acusados han negado la autoría del crimen. Al mismo tiempo, precisan que tanto Paulo como Txema se lanzan acusaciones mutuas.
Deterioro físico
Elena Cal Troncoso llevaba catorce años residiendo en Tolosa. En los últimos tres, su vida se había convertido en un deambular sin otro fin que la búsqueda de alcohol. «Su aspecto físico se había deteriorado en exceso. Solía estar pidiendo limosna en la entrada de la iglesia de San Francisco. Y la mayoría del dinero que obtenía era para beber», aseguraba ayer un vecino.
La mujer fallecida, natural de Pontevedra, contrajo matrimonio en Tolosa con un vecino de la localidad. «Los servicios sociales le proporcionaron un piso en el que residió junto a su esposo. Fueron los años que mejor estuvo. Su marido le ayudaba y mientras estuvo con él se le veía centrada. Pero cuando éste murió, la situación fue a peor, entró en barrena y ya no pudo remontar. Sufrió mucho», comentó otro vecino.
En la actualidad, la víctima recibía también ayuda municipal de los servicios sociales para poder subsistir. «Me da la impresión de que no aprovechó las pocas oportunidades que se le ofrecieron. De cualquier manera, nadie merece morir así», indicó una conocida suya.
Tanto Elena Cal como las dos personas que se encuentran detenidas son muy conocidas en la localidad. «Siempre solían estar juntas. Eso sí, casi siempre estaban discutiendo. Las trifulcas entre ellos eran constantes».
La mujer fallecida tiene una hermana que reside en una localidad cercana a San Sebastián. Su familia decidirá en las próximas horas el lugar en el que la víctima será enterrada.