«Los arquitectos son cada vez menos fálicos»

Benedetta Tagliabue Arquitecta. La diseñadora del pabellón español en Shanghai asegura que en China le preguntan si en él «habrá toros»

ARANTZA FURUNDARENA
Entre proyectos. La arquitecta asegura que Enric Miralles sigue estando presente en su vida y en su obra. ::
                             VICENS GIMÉNEZ/
Entre proyectos. La arquitecta asegura que Enric Miralles sigue estando presente en su vida y en su obra. :: VICENS GIMÉNEZ

La poderosa arquitectura de la nariz de Benedetta Tagliabue armoniza con su permanente sonrisa. Viuda desde hace una década del prestigioso Enric Miralles, esta milanesa de 46 años sigue al frente del estudio barcelonés que ambos crearon y del que ha salido el proyecto del pabellón de España en la Expo de Shanghai.

- ¿Cuesta reflejar a un país con poca vocación de país?

- Cuesta porque tienes que hacer casi una caricatura. Para explicar un país desde lejos debes ir al tópico.

- Así que mucha nación de naciones, pero, al final el flamenco.

- O los toros, porque en China todo el tiempo te preguntan: «¿Habrá flamenco? ¿Habrá toros?» Pero hay que darle la vuelta de una manera simpática. Hablarles de un país donde se hace una arquitectura vanguardista, pero que también es capaz de recuperar materiales tradicionales, como el mimbre, y transformarlos en algo nuevo.

- ¿Cómo se le ocurrió trenzar el mimbre con la arquitectura?

- La cerámica ya está demasiado explotada, así que pensé en algo más inusual y a la vez oriental. El mimbre es un material que está vivo y tiene esa parte artesanal que me gusta. Vamos a recubrir de mimbre más de 10.000 metros con unos paneles que son casi como tejas que forman un gran tejido.

- ¿Y cómo va la obra?

- Estamos en el momento del insomnio, de los dolores de cabeza. Pero, bueno, las constructoras siempre te ponen al límite del pánico, ja, ja, ja...

- Por la forma, el pabellón parece compuesto por dos tréboles.

- Exacto, son como unos tréboles: una plaza abierta y otra cerrada. He jugado con la geometría, que gira sobre sí misma.

- ¿Igual que los volantes de un traje de flamenca?

- Seguramente. Hay muchas lecturas.

- En Dubai acaban de levantar una torre de más de 800 metros de altura. ¿Le 'ponen' los rascacielos de un kilómetro?

- La humanidad siempre ha anhelado desafiar la gravedad, pero yo personalmente no estoy interesada en el edificio más alto, sino en el mejor diseñado, el más armónico...

- Será porque es mujer. Los arquitectos suelen ser más fálicos.

- Lo son, ja, ja, ja... Pero cada vez menos, porque también hay un tipo de arquitectura contemporánea que es como más femenina, aunque la haga un hombre, y busca la integración más que la excepcionalidad. Enric, mi compañero de vida y de trabajo, hacía una arquitectura muy femenina. Él era una persona que valoraba mucho la delicadeza.

- De Enric Miralles decían que era un 'enfant terrible'.

- Quizá porque no entraba en ningún tipo de definición. Hemos sido siempre juguetones, nos gusta crear riendo.

- Se nota. Sonríe y ríe usted mucho. ¿Le viene de serie?

- No crea, hay veces que me pesan las responsabilidades. Pero intento no darme pena a mí misma.

- ¿Qué le trajo a España?

- Decididamente, Enric. Yo estaba viviendo en Nueva York, donde hice mi tesis sobre Central Park. La relación entre la arquitectura y la naturaleza siempre me ha interesado.

- ¿Creció en el campo?

- No. Pero sí en un lugar donde había un jardín muy grande.

- ¿Hija de arquitectos?

- De una familia que ha dejado a las mujeres ir por libre, ya que ellas no entran en el negocio de los hombres, que en mi familia era primero el carbón, luego el petróleo... Bueno, mi padre ha terminado haciendo vino. A mí siempre me interesó el arte, pero necesitaba aplicarlo a algo real.

- Y en esto llegó Miralles.

- Sí, primero fue un gran respeto por la persona, por el artista, y después surgió un amor que me llevó a desear estar cerca de él. Fueron diez años de vida en común. Pero han sido tan intensos que estos diez años que he pasado sin él realmente es como si los hubiera vivido con él. Enric es una presencia constante, aunque no esté; una persona intensísima.

- ¿El duelo no ha terminado?

- Nunca. Pero se va transformando, y ahora veo a mis hijos, que están creciendo y me recuerdan a él. Tengo una hija y un hijo de 14 y 12 años. ¡Tan tozudos como su padre, ja, ja, ja...!

- De encontrar otra pareja ni hablamos...

- Ah, eso es tremendo. Tengo que bajar un poco mis expectativas... ¡Qué desastre!

- ¿Qué aprendió del duro golpe que le dio la vida?

- He encontrado un mundo espiritual que antes no tenía. Buscaba una explicación y encontré un maestro oriental, tibetano, fantástico, que me ha dado mucha fuerza.

- ¿Sabe? Creo que el nombre de Benedetta le encaja.

- Sí, a pesar de todo, me siento bendecida. Mis padres no me esperaban. Yo fui un error. Y mi mamá, tan simpática, me aceptó y me puso Benedetta, como diciendo: ¡Uf, bendita sea!

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