A sus 43 años la trayectoria profesional de Txus Vidorreta está totalmente vinculada al proyecto que permitió resucitar el basket en Bilbao. Hasta el pasado domingo cuando puso su cargo a disposición del que siempre ha sido su club. Bizkaia Bilbao Basket aceptó su renuncia. Así se cerró una etapa de crecimiento imparable de este deporte en su ciudad natal, un éxito que hubiera sido imposible sin el impulso de este entrenador.
El club vizcaíno sufre un problema que se ha solido repetir en este deporte. El equipo ha pretendido cambiar de clase social y no ha asumido el salto, a pesar del enorme desembolso económico. Bilbao crecía año tras año moviendo poco y bien sus medios económicos. Pero esta temporada tenía un reto diferente...
La Copa se juega en Bilbao, el año pasado alcanzaron las semifinales en Europa y entraron en los playoffs de la ACB. Así que convencieron a su diputación para que invirtiera en un proyecto ganador y con ese buen dinero ficharon jugadores caros de los que llevan años codeándose con los mejores. Conclusión, agua. No funciona nada.
Moiso ha sido una fuente permanente de conflictos, otros no han marcado diferencias, han dejado de ser un equipo y Vidorreta ha tenido que ofrecer su cabeza para tratar de detener la hemorragia. Quien le sustituya tendrá que reconstruir un equipo que ha perdido el sentido de grupo.
Larga vinculación
Txus Vidorreta se convirtió en entrenador del equipo con 35 años recién cumplidos y lo llevó desde la LEB2 hasta la semifinal de Copa en Vitoria, a los playoffs de la ACB y a la semifinal europea. Ocho meses después de vivir los mejores momentos de la historia del club, ha tenido que decir adiós.
El entrenador perenne se ha convertido en pasado, en brillante historia del baloncesto vizcaíno. Ascendió a la LEB en su primera temporada. A los dos años logró el título y el ascenso a la ACB. Durante las tres temporadas siguientes estabilizó al equipo arriba y a partir de ahí dio el salto.
Empezó acogiendo en el BEC la Supercopa y pasó la primera criba para caer ante el Baskonia en la final. Al año siguiente eliminó en la Copa de Vitoria al Barcelona y le hizo la vida dura al Tau en una preciosa semifinal. Ese partido le dio plaza europea y a la primera consiguió meterse en la semifinal. Este año tocaba dar un paso más y convetirse en alternativa a Valencia, Joventut y Unicaja en el segundo peldaño de nuestro baloncesto, pero algo salió mal.
Vidorreta tendrá que buscar ahora un nuevo equipo, una nueva aventura. En Bilbao se formó. A los 25 años cogió el cadete del Caja Bilbao. Si descontamos los tres años que pasó en la isla de La Palma, toda su carrera la ha desarrollado en casa. No le faltarán ofertas. Hasta cuando cogió a la selección sub 18 la hizo campeona de Europa. Pero ya no estará en casa. Asumirá nuevos riesgos y también tendrá menos presión. Lo más probable es que le vaya bien.
¿Blatt o Casas?
Para los dirigentes del club el momento es crítico. Tendrán que cambiar de conductor en un momento de máxima dificultad. Suena David Blatt, seleccionador de Rusia, el que ganó a los chicos de Gasol el Eurobasket en Madrid. Nació en Boston, pero es israelí. Ha entrenado en Israel, en Turquía, en Italia y en Rusia. Sonó para sustituir a Messina en el CSKA. Tras dejar al Dynamo de Moscú, sólo tiene la responsabilidad de su selección. Puede compatibilizarlo. Es lo que ha hecho hasta ahora.
Si Blatt juega en la primera división entre los entrenadores de baloncesto, Ricard Casas lo hace en la misma categoría que Vidorreta. Sólo que en vez de ser de Bilbao es de Manresa. Es la otra opción que maneja Gorka Arrinda.
El primero ofrece garantías si el objetivo es meter en cintura a un grupo de profesionales acostumbrados a lidiar con las estrellas, aunque no lleguen a serlo. Es caro. El segundo conserva el perfil de seriedad y equilibrio de Txus Vidorreta. Los que le conocen dicen que lo hace bien, que tiene mano dura, pero su experiencia se reduce a varios años en Manresa y Menorca más los quince meses de Valencia. No es tan caro.
Los rectores del club bilbaino tienen que tomar la decisión. Y acertar. Si no ganan ocho de los 17 partidos de la segunda vuelta, pueden verse en serios aprietos. Ahora ya no tienen a Vidorreta como seguro de vida.