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Ocho minutos de ovación

TOMA DE POSESIÓN DE MUNILLA

Ocho minutos de ovación

Cientos de feligreses de Gipuzkoa arroparon al nuevo obispo. El prelado contó con el apoyo de cinco autobuses de Palencia y de fieles llegados de distintas provincias

10.01.10 - 02:52 -
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José Ignacio Munilla sabe que no está solo en la Diócesis de San Sebastián. Ni mucho menos. El nuevo obispo de San Sebastián pudo comprobar ayer el cariño de los cientos y cientos de feligreses guipuzcoanos que abarrotaron la catedral del Buen Pastor. Fue un auténtico baño de masas de bienvenida. «Es que es nuestro obispo», señaló una feligresa de Tolosa, que ayer desafió a la nieve y se presentó a primera hora de la mañana en San Sebastián para coger asiento en el templo. Tarea nada fácil. La mayoría siguió la misa de pie, aunque hubo quien se sentó en el suelo y hasta dentro de los confesionarios.
De los feligreses ayer todo eran buenos deseos y elogios para el nuevo prelado donostiarra. «Es un hombre bueno, entregado y trabajador, sobre todo con los jóvenes», recordaba una vecina de San Sebastián. También dejaron su impronta los numerosos fieles palentinos que ayer se desplazaron hasta la capital guipuzcoana para arropar al que hasta hace una semana fue su prelado. «Se ha ganado el corazón de los palentinos. No entendemos las críticas que ha recibido aquí», señaló uno de ellos, en relación a la reacción negativa de parte del clero guipuzcoano y de los partidos nacionalistas tras el nombramiento de Munilla.
Guipuzcoanos y foráneos siguieron las dos horas de misa y ofrecieron al nuevo obispo una larguísima ovación de ocho minutos tras la entrega del báculo. Los aplausos sólo terminaron ante los ruegos del nuevo prelado. Al término de la ceremonia, muchos fieles hicieron cola en el besamanos del obispo, que se prolongó durante hora y media, más allá de las tres de la tarde.
La mañana fue larga en la catedral donostiarra. La ceremonia estaba prevista para las doce del mediodía pero, para las diez de la mañana, no quedaba un asiento libre en la catedral del Buen Pastor. A esa hora, los bancos del templo se encontraban llenos de gentes llegadas de todos los rincones de Gipuzkoa. Los más madrugadores vinieron desde Zumarraga. No en vano, Munilla ejerció de coadjutor y párroco durante veinte años en las parroquias de La Asunción y El Salvador, antes de ser nombrado obispo de Palencia.
«Servicial y humanitario»
De Zumarraga partieron dos autobuses. «Hemos salido a las nueve de la mañana y la carretera estaba más limpia de lo que pensábamos», señaló Valentina, una zumarragatarra de 74 años que se ocupa de la limpieza de la parroquia de El Salvador. Solo puede decir «bendiciones» acerca de Munilla. «Es un hombre muy servicial, muy comprometido y humanitario, sobre todo con los más necesitados», asegura.
De su experiencia en la parroquia de El Salvador, Valentina recuerda que el prelado siempre estaba dispuesto a echar una mano. «Incluso después de ser nombrado obispo de Palencia, limpiaba los cristales de la parroquia. No nos dejaba hacerlo a nosotras, porque decía que nos podíamos caer. Él era más alto», afirma.
Su marido Fidel, también de Zumarraga, no entiende las críticas que Munilla ha recibido desde que el Papa le designara obispo de San Sebastián -buena parte de los sacerdotes de la diócesis mostraron públicamente su rechazo al nombramiento-. «Parece que no le conocen. Los que hemos tratado con él, sabemos que va a hacer una buena labor al frente de la diócesis», aseguró.
Alix, vecina de Zumarraga, también está segura que la «polémica que ha surgido en torno a su nombramiento va a desaparecer con el trato personal». En su opinión, la prueba de que es un buen sacerdote y obispo es que «la juventud le sigue». En el Salvador, Munilla organizaba los viernes a las diez de la noche una oración para jóvenes y ha seguido haciéndolo en Palencia con mucha participación».
Respecto al criticado perfil conservador del nuevo obispo de San Sebastián, Alix recuerda que «se le echa en cara que se formó en Toledo, pero fue el obispo Jacinto Argaya -anterior a José María Setién- quien le envió allí. Finalmente, hizo el último año del seminario en San Sebastián y le ordenó el propio obispo Setién».
Como Alix, Elena, también de Zumarraga, acudió ayer a Donostia en tren para evitarse sorpresas con la nieve. «He venido porque Munilla ha sido nuestro párroco durante muchos años y le tenemos mucho cariño».
Elena, de 30 años, pertenece al grupo de jóvenes Movimiento Loyola, que el nuevo obispo fundó cuando era párroco en Zumarraga. «Es una persona muy buena, cercana y trabajadora, sobre todo con los jóvenes. No entiendo porqué le critican antes de que actúe como obispo aquí. Lo que está claro es que solo no va estar», señaló refiriéndose a los abarrotados bancos y pasillos de la catedral.
Entre ellos, destacaba la presencia de muchos jóvenes. María, una donostiarra de 24 años, acudió ayer al templo acompañada de un grupo de amigas y familiares. «Hemos venido a apoyarle porque es una pena que compañeros sacerdotes no estén contentos con una decisión del Papa», afirmó.
En uno de los pasillos, muy cerca de la puerta, Fernando Zubikoa, un pamplonés de 27 años, daba fe de la labor de Munilla junto a un grupo de amigos. «Es un sacerdote súper cercano y preocupado con los jóvenes». Fernando le conoció en 2003, cuando acudió como monitor a unos campamentos en Loyola y tomó contacto con el Movimiento Loyola. «Es importante apoyarle porque él quiere a esta diócesis aunque haya quien no le quiera a él», sentenció el ahora miembro del grupo de jóvenes Schola Cordis Jesu.
«Mi obispo»
Hubo quien tuvo que pasar más de tres horas de pie en la catedral donostiarra, entre la espera y la ceremonia. Entre los que tuvieron la suerte de seguir el acto sentados, una vecina de Tolosa lo tenía claro: «He venido porque acepto y quiero al obispo que han nombrado y quiero colaborar con él», señaló esta feligresa de la parroquia de Santa María y conocedora de la figura de Munilla. «Y no lo hago porque sea José Ignacio, sino porque es mi obispo. Si hubieran nombrado a otro, hubiera venido a recibirle igual», añadió.
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