En materia tecnológica, 2010 ha sido oficiosamente entronizado como el año del libro electrónico. Todavía le quedan doce meses para hacer buenos los vaticinios de los iniciados pero, de momento, los pronósticos que auguraban un espectacular despegue del 'e-book' en la recién finalizada campaña de Navidad y Reyes no han acertado de pleno.
Según las primeras valoraciones, en las últimas semanas se han vendido más libros electrónicos que nunca en cualquiera de las dos acepciones de la expresión, que sirve tanto para el dispositivo de lectura como para el contenido propiamente dicho -el libro en formato digital-, pero da la impresión de que la nave en la que supuestamente viaja el futuro del libro ha despegado a medio gas.
No será fácil determinar con precisión cuántos libros electrónicos se han vendido durante la campaña que tantas expectativas había despertado -algunas previsiones hablaban de 100.000 lectores- pero, como recordaba estos días con sorna el responsable de una editorial que centra su actividad en el libro electrónico, «el regalo estrella de estas Navidades ha sido la cafetera de cápsulas». Y es que el cafetero es un sector mucho más maduro que el del libro electrónico, en el que, por lo menos a este lado del Atlántico, hay que adentrarse con espíritu pionero y sabiendo que todavía no hay mapas muy precisos que nos indiquen el camino a seguir.
Esa falta de pistas claras y precisas que generan incertidumbre y pueden terminar convirtiéndose en escepticismo afecta tanto al amplio y complejo sector del libro -escritores, impresores, editores, distribuidores, libreros...-, que tiene que revisar y reajustar muchos parámetros para adaptarse a las nuevas circunstancias, como a los usuarios.
Pese a que la incidencia del libro electrónico en la facturación del sector editorial español es todavía testimonial -42 millones de euros en 2008, el 1,33% del total- los profesionales del ramo saben que el 'e-book' ha venido para quedarse y, conscientes de que en un futuro probablemente no muy lejano parte de su negocio va a depender de esta realidad todavía emergente, ya se están encargando, cada uno del modo que estima más adecuado, de ponerse al día y de tomar posiciones. De momento, ya han visto satisfecha alguna de sus reivindicaciones, como la equiparación del IVA de los libros electrónicos al de los libros de papel. El hecho de que el libro digital tribute ya al 4% y no al 16% como lo hacía hasta hace unas semanas ha permitido reajustar los precios, lo que debería tener incidencia en las ventas.
El que tal vez lo tenga más difícil es el usuario de a pie. Salvo que sea un tecnófilo convicto y confeso o un maníaco de los 'gadgets' que está a la última y tiene tiempo e interés suficiente para seguir las infinitas novedades que se producen prácticamente a diario en torno a la cuestión, es muy probable que se sienta tentado por la novedad -incuestionablemente atractiva- pero perdido en un mar de términos extraños y de cuestiones básicas que no siempre es fácil aclarar.
Sobre todo, curiosidad
De hecho, quienes estas últimas semanas han atendido a los clientes interesados en engrosar las filas de los adeptos al libro electrónico han advertido claramente esa desorientación. En cierta medida, atribuyen al desconcierto del potencial comprador y al desequilibrio entre las expectativas y la realidad el hecho de que, salvo excepciones, la fuerza de despegue del libro digital no haya sido la anunciada.
Germán Alonso, responsable de Producto Técnico de la Fnac, reconoce que son muchos los que se han acercado a preguntar acerca de los dispositivos de lectura que comenzó a comercializar hace unos meses el establecimiento donostiarra de la firma de origen francés: cinco modelos de la gama básica entre los que ha tenido especial aceptación el Cool-er, uno de los más económicos y, también hay que decirlo, de los más llamativos desde el punto de vista del diseño. «Hay mucho curioso que se interesa por el funcionamiento y pregunta dónde puede conseguir los libros, pero no da el paso», afirma. Entre otras cosas, porque la oferta editorial es todavía escasa en castellano, pese a que también en este terreno se suceden las novedades y se presentan continuamente nuevas plataformas de venta de libros electrónicos que, en cualquier caso, están todavía a siglos luz de la oferta de la que disfrutan al otro lado del Atlántico, donde estas Navidades, por primera vez, la librería virtual Amazon -líder indiscutible del sector- ha vendido más libros electrónicos que publicaciones convencionales.
Pese a la limitada oferta editorial, sin embargo, en la FNAC han detectado un tipo de usuario que está más interesado en las prestaciones del lector que en la literatura. Son «estudiantes o abogados que tienen que transportar y consultar muchos documentos y encuentran en estos dispositivos un instrumento muy adecuado para hacerlo». Adecuado, entre otras cosas, porque hacen muy cómoda la lectura y, además de los formatos propios del libro electrónico -el ePub, que se está perfilando como estándar; el mobipocket que utiliza Amazon; el extendido PDF...-, admiten otros muchos formatos de texto. De todos modos, y pese a que los curiosos han predominado sobre los compradores, en la Fnac han «superado las expectativas» y han «roto el stock» en todos los modelos. Vamos, que se habían quedado sin existencias antes incluso de Año Nuevo. Ya las están reponiendo...
Aunque ha habido excepciones como la reseñada o, por poner otro ejemplo, la de la librería de libros electrónicos Leqtor, que ha agotado en dos semanas los 5.000 ejemplares del lector del mismo nombre que ha comenzado a vender al estupendo precio de lanzamiento de 199 euros, no ha sido esa la experiencia generalizada. Fuentes de El Cortes Inglés, que también ha comenzado a vender un lector propio, el Inves-Book 600 (299 euros con 120 libros clásicos de regalo), reconocían a la agencia Europa Press que «todo indica que se está generando curiosidad y se está creando el caldo de cultivo necesario, pero los libros electrónicos no han sido, ni mucho menos, la estrella de la temporada».
El cliente, a verlas venir
La cadena de librerías que puede presumir de ser la más experimentada en la venta de dispositivos de lectura de libros electrónicos es Elkar, que comenzó a venderlos hace más de un año. «La impresión que tenemos después de hacer un primer balance de cómo ha ido esta campaña ha confirmado nuestras previsiones», afirma Mikel Esnal, añadiendo que «no se ha producido el salto que se esperaba, ya que ni tan siquiera se han llegado a duplicar las ventas del pasado año. Podemos decir que las expectativas no se han cumplido». En el fondo, opina Esnal desde la experiencia, «todo lo que se está diciendo sobre el libro electrónico es más ruido mediático que una realidad comercial».
Mientras el sector busca el modo de dar forma a esa realidad -«en Estados Unidos cuestiones básicas como la conectividad y la oferta editorial ya están resueltas y el mercado está maduro, pero en Europa vamos muy atrasados»-, muchos clientes optan por verlas venir. Mikel Esnal considera que «con las tecnologías hemos aprendido todos, y ya sabemos que también en este caso vendrán versiones mejores, porque hemos escarmentado con la experiencia». El caso de Elkar es, en nuestro entorno, un tanto atípico, ya que no sólo vende dispositivos de lectura en sus librerías sino que, además, todas las editoriales del grupo han comenzado a publicar sus novedades simultáneamente en formato convencional y en digital, y poco a poco irán digitalizando su fondo. Desde esa doble perspectiva, Mikel Esnal asegura que la venta de libros electrónicos, tanto en lo que respecta a los lectores como a los contenidos, es todavía «una actividad anecdótica, una realidad marginal en el volumen general de negocio». Y subraya que «el problema no es tecnológico, sino de modelo de negocio».
Al simple usuario esas observaciones le pueden resultar ajenas, pero lo cierto es que repercuten más de lo que tal vez sospeche en su propia experiencia de uso y consumo de libros electrónicos. Por ejemplo, a la hora de decantarse por uno u otro lector. En Elkar comercializan tres modelos -quien adquiera cualquiera de ellos se lleva un buen lote de libros de regalo-, y Mikel Esnal no oculta que «muchos de los dispositivos que están en el mercado son clones del mismo producto chino, al que se le cambia el nombre y la carcasa». A veces las diferencias son meramente estéticas, y es conveniente asesorarse bien antes de tomar una decisión de compra.
La escasez de material de lectura tampoco es un problema tecnológico, sino de implicación editorial. Un problema, por cierto, que no es tan severo en el caso de la literatura en euskera, ya que además de Elkar también la editorial Alberdania distribuye sus novedades en formato digital -fue la primera editorial vasca en hacerlo- y está digitalizando su fondo. Con la oferta de Alberdania ha pasado, según Jorge Giménez Bech, «lo que esperábamos: ha habido muchos curiosos, muchas preguntas, pero pocas descargas». Giménez Bech cree que «la gente no está familiarizada con el nuevo soporte. Me parece que las cosas no se han contado bien y que queda mucho camino por delante para que el fenómeno se integre en la normalidad». «Si se lee todo lo que se dice sobre el tema, da la impresión de que las cosas avanzan muchísimo -indica-, pero no es el caso».
Giménez Bech tiene la impresión de que «de momento, esto es sobre todo una lucha para posicionarse en un mercado que todavía no está nada maduro, en el que todos queremos estar, sin saber siquiera si habrá sitio para todos». Tal vez en0 unos meses, si se termina de materializar alguna gran operación que se podría estar fraguando, resulte más fácil entender «por qué se ha generado esta especie de psicosis» en torno al libro electrónico, «que no tiene gran cosa que ver con lo que está ocurriendo en la realidad». Al tiempo.