En la primavera de 1741, el almirante pasaitarra Blas de Lezo destrozó la ofensiva que la Armada británica lanzó sobre la ciudad de Cartagena de Indias. Y lo hizo al frente de un reducido grupo de hombres que hizo frente y derrotó a unas fuerzas que superaban en varias veces su número. El escritor Alber Vázquez (Errenteria, 1969) retoma en 'Mediohombre' aquella historia y aprovecha para dar un giro radical que su narrativa, que abandona el tono introspectivo de otras novelas, y se lanza en picado a los terrenos del relato trepidante.
- ¿Qué fue lo que le atrapó del personaje de Blas de Lezo?
- Alguien que se apellida Lezo y que nació en Pasajes tiene que interesar necesariamente a alguien que, como yo, es de Rentería. Es imposible no sentir la tentación de echar un vistazo. Y cuando le echas un vistazo a Lezo, te das cuenta de que es un personaje absolutamente literario. Y que, encima, se ve inmerso en situaciones perfectamente novelables. Sería un delito no haber escrito algo... Los personajes secundarios de la historia son cruciales, porque tienen puntos de vista divergentes y eso hace que la historia sea rica en tensiones. Tanto en un bando como en el otro. En realidad, sospecho que no se soportaban los unos a los otros, pero como eran militares y existían rangos, no llegaba la sangre al río. Incluso había militares medio idiotas, como Lawrence Washington, hermanastro de George Washington, que sólo estaba allí por tener mucho dinero y aportarlo a la expedición.
- ¿Qué papel juegan en el relato los personajes secundarios, especialmente, el de Vernon?
- Edward Vernon es la figura clave de todo el conflicto y el principal responsable de que Inglaterra no conquistara América del Sur. Lezo y él se odiaban a muerte. Lezo, incluso, se permitía tratarle con condescendencia, algo que enfurecía a un hombre del orgullo de Vernon.
- ¿Por qué ese giro radical en su estilo respecto a otras novelas, como 'Icuza'?
- Me di cuenta de que era capaz de aburrir a un muerto con mis libros, y eso me hizo replantearme de arriba abajo todo mi trabajo. Ya no me interesa nada escribir como en 'Icuza'. Sé que puedo escribir poesía pura capaz de embelesar a las mentes más sensibles del mundo, pero yo sólo quiero ser un escritor 'pulp'. En realidad, eso era lo que siempre quise ser, pero, en un momento determinado, alguien me dijo que yo era tremendamente interesante y debí creérmelo. Pero yo sólo quiero escribir novelas 'pulp'. Novelas que dé pena terminar de leer.
- ¿Por qué Blas de Lezo es tan poco conocido y recordado hoy en día?
- Es simplemente porque aquí somos así. Recordar cansa. La historia es algo tremendamente aburrido que no le interesa absolutamente a nadie. No ya la de Lezo, sino la de cualquiera. Tú coges a un chaval de veinte años en la calle, le pides que nombre a tres presidentes españoles y no sabe responder correctamente. Nombrará a Zapatero, tendrá en la punta de la lengua al anterior y de otro más ni hablemos. No lo digo como reproche. Lo digo como explicación de un modo de vivir la vida y de estar en el mundo. Somos así, qué se le va a hacer. No tenemos remedio.
- ¿Quizás representa una personalidad extremadamente militarista?
- No, no es por eso. Lezo, es cierto, era un militar al modo en el que se era militar en el siglo XVIII. Te enviaban al fin del mundo, tú ibas y te dedicabas a ser lo que eras durante veinticuatro horas al día. No existía una jornada laboral tras la cual uno se ocupaba de sus asuntos privados. En ese sentido, sí tiene una personalidad militarista. Pero Patton o Rommel también, y se les recuerda sin dificultad.
- ¿Y no cree que este tipo de personajes tiene un punto de locura?
- Al contrario: son tremendamente cuerdos. De hecho, ese es el rasgo principal de Blas de Lezo: que jamás, por muy mal que le vaya, pierde el norte. Él sabe qué quiere y sabe qué tiene que hacer para lograrlo. Y sabe, sobre todo, qué no tiene que hacer. Es muy importante, porque en esa mezcla de arrojo, temeridad e inteligencia, en ese saber exactamente cuál es el punto que no debes atravesar a riesgo de perderlo todo, está la cordura de Lezo. Los locos, por lo general, terminan haciendo locuras. Lezo no hizo ni una sola a lo largo de su carrera. De hecho, nunca fue derrotado.
-¿Le costó documentarse en torno a la sucedido en la batalla de Cartagena de Indias?
- Hoy en día no es necesario viajar a ningún lado gracias a internet. Existe un montón de documentación acerca de la batalla, existe Google Maps donde observar detalladamente el lugar, existe Flickr donde hay miles de fotografías de las fortificaciones, existe YouTube donde he visto muchos vídeos y existen multitud de foros donde la gente cuenta cosas. Podría haber ido a Cartagena, pero de vacaciones, porque lo que necesitaba saber, ya lo sabía. En cuanto a los combates, los describo de forma moderadamente exacta. O, por decirlo de otra forma, los describo literariamente. El problema de las batallas que, como ésta, se prolongan durante semanas y semanas, es que suelen ser muy aburridas. Los navíos de Vernon lanzaron miles y miles de cañonazos contra Cartagena, día tras día, hasta demoler las fortificaciones. Literariamente hay que utilizar determinadas estrategias para que una descripción así tenga algún interés para el lector.
- Dado el famoso manto de silencio que Inglaterra echó sobre estos acontecimientos y tan dolorosa derrota, habrá descartado la traducción de la novela al inglés.
- Yo estoy encantado con Inédita Editores. Es una de los sellos con mayor proyección que hay en España y me siento afortunado de poder editar con ellos. Si han logrado publicar literatura bélica en un mercado tan, a priori, reacio a ella como el español, son capaces de venderles a los ingleses su propia derrota. Estoy seguro.
- ¿Qué falló, en su opinión, en la estrategia de los ingleses? ¿Cree que dada la desproporción de fuerzas era una batalla en la que una victoria sería considerada normal y una derrota, tal y como pasó, una vergüenza?
- El gran error de Vernon fue menospreciar al enemigo y no comprenderlo. Ello le llevó a calcular mal y a cometer errores de principiante. Por ejemplo, se retrasó más tiempo del necesario en la partida y se le echó encima la época de lluvias. Sus tropas se fueron poniendo enfermas y se desmoralizaron. Tenía a miles de hombres, pero con el ánimo por los suelos. Lezo tenía sólo a un puñado, pero con la moral altísima. La forma de actuar de Lezo motivaba tanto a sus hombres que, a falta de medios materiales, de tiempo y de capacidad, hicieron algo muy vasco y muy español: la machada. De hecho, hay momentos en la batalla, como el asalto final al castillo de San Felipe, en el que Lezo envía a sus hombres a una muerte segura. Y los hombres van. Lezo era así. Ese era el genio de Lezo. Vernon, con su mentalidad inglesa, nunca pudo entenderlo. Pero sí, lo normal era que Inglaterra hubiera ganado la batalla. Esa derrota fue una vergüenza y un deshonor para ellos.
- Llama la atención lo poco que duró tras tantos peligros Blas de Lezo, que murió a los pocos meses por la peste. ¿Un sarcasmo?
- Yo dudo mucho de que Lezo muriera de peste. Esa hipótesis la sostienen muy pocos y sin prueba alguna. Lo más lógico es pensar que Lezo murió a causa de las heridas sufridas en la batalla de Cartagena. Yo prefiero pensar que así fue y el hecho de que el éxito de la batalla se lo atribuyeran otros y que él ni siquiera se defendiera, indica que físicamente no estaba bien.
- ¿Qué proyectos tiene? ¿Recuperará el personaje de Atila Longo, protagonista de los relatos de 'Cósele el rabo al lagarto'?
- Mi proyecto principal es dedicarme una buena temporada a la novela negra. Leí centenares de novelas policíacas cuando era adolescente. Ahora quiero escribirlas. Y sí pienso recuperar a Longo. Pero Atila Longo es periodista y, por mucho que lo pienso, no se me ocurren cosas emocionantes que puedan hacer los periodistas.