José Ignacio Munilla vive su cuenta atrás antes de la toma de posesión de su cargo de obispo de la Diócesis de San Sebastián, dentro de cinco días. Como ya lo hiciera Juan María Uriarte el sábado en Donostia, ayer el obispo de Palencia dijo adiós a sus feligreses, en una eucaristía de despedida en una abarrotada catedral de la capital palentina. Finalizada la misa, el prelado recibió hora y media de saludos de sus fieles, lo que le provocó una herida en el dedo del anillo que da a besar.
Durante su homilía, Munilla agradeció el apoyo recibido por sacerdotes, religiosos y feligreses palentinos, pero también dejó caer reflexiones sobre su futuro inminente en tierras guipuzcoanas. De hecho, el nuevo prelado donostiarra se refirió a las «reacciones negativas» provocadas en Gipuzkoa tras su nombramiento el pasado 21 de noviembre. «Estoy convencido de que si Dios ha permitido esas 'turbulencias' todo resultará para bien, en sus designios de amor», explicó a sus feligreses.
«No me cabe duda de que todos, comenzando por quien os habla, aprenderemos de nuestros fallos, nos haremos más humildes y al final, construiremos la Iglesia como discípulos de Cristo, en torno al sucesor de Pedro», añadió.
Munilla, ayer agradeció a sus fieles palentinos «por lo arropado que me he sentido tras hacerse público mi nombramiento como obispo de San Sebastián. El hecho de que haya saltado a los medios de comunicación la noticia de algunas reacciones negativas ha podido sembrar tristeza en vuestros corazones».
El panorama que se encontrará el nuevo obispo guipuzcoano no será fácil. No en vano, su perfil conservador provocó que tanto los partidos políticos nacionalistas como la mayoría de los sacerdotes de Gipuzkoa -el 77% firmó un manifiesto- rechazara su designación. Uriarte, en su despedida del sábado en la catedral del Buen Pastor, pidió rezar «especialmente» por él.
Conocedor de la situación de la diócesis guipuzcoana, Munilla aprovechó su homilía de ayer para hacer un llamamiento a la «unidad», como ya lo hiciera Uriarte en sus últimas intervenciones en el cargo. «Nuestras divisiones entristecen el corazón de Cristo y, por ende, el nuestro. Sin embargo, los planes de Dios están por encima de nuestras propias miserias y pecados; y ya hemos empezado a percibir cómo su providencia es capaz de sacar bienes de los males», afirmó.
Sede vacante
Munilla abandona Palencia dejando vacante la sede, para la que la Iglesia pone en marcha un proceso consultivo de cara a la elección del nuevo obispo. Para esta fase, el prelado palentino saliente señaló que en la diócesis castellana «desde ahora nos adherimos plenamente a la decisión final que tome el Papa, aún sin saber el nombre, la sensibilidad o la procedencia de quien será el designado». Nada que ver con las reacciones adversas surgidas en el seno de la Iglesia guipuzcoana tras el nombramiento de Munilla.
En su homilía, el prelado palentino recordó que «la adhesión de los católicos a su obispo es previa a haberle conocido... ¡Vais a salir ganando con el cambio, no lo dudéis! ¡El señor va a bendecir con el ciento por uno vuestra generosidad!».
Por lo pronto, Munilla se siente un «privilegiado» por ser objeto de «tanto apoyo, cariño y oración. Un hermano obispo, con el que tengo mucha confianza, me llamaba por teléfono hace unos días y me decía: ¡No sé si te has dado cuenta de la cantidad de gente que está rezando por ti...! ¡Como no seas santo, no tienes perdón de Dios!».