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Emotivo agur a Uriarte

DESPEDIDA DE URIARTE

Emotivo agur a Uriarte

El obispo de San Sebastián rechaza los prejuicios que pesan sobre su diócesis y la pone en valor en su misa de despedida

03.01.10 - 03:43 -
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El obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, recibió ayer una masiva y emocionada despedida de sus feligreses en la catedral donostiarra del Buen Pastor. El prelado pronunció su última homilía como obispo en un templo abarrotado de guipuzcoanos que dieron un cariñoso adiós al que ha sido su obispo durante los últimos diez años.
La Eucaristía de su despedida fue concelebrada por el obispo emérito de San Sebastián, José María Setién, y el obispo emérito de Bayona, Pierre Molères, así como por los vicarios generales de Bilbao y Vitoria, Ángel Mari Unzueta y Fernando Gonzalo Bilbao, respectivamente, además de dos centenares de sacerdotes de la diócesis.
Uriarte cerró su etapa al frente de la diócesis poniéndola en valor. «No. Ésta diócesis no se merece la visión peyorativa que bastantes parecen complacerse en airear». Denunció y rechazó en su homilía los prejuicios tenaces que, a su juicio, pesan sobre la diócesis en «ámbitos cívicos y en algunos círculos eclesiales», al tiempo que expresó su deseo para que su sucesor redescubra y potencie «la riqueza que el Espíritu ha ido dejando en la viña de Gipuzkoa». Uriarte aseguró que ruega con toda su alma para que así sea y «muy especialmente» por Munilla, al que cederá su cargo el próximo sábado en el mismo escenario. Este nombramiento ha sido expresamente rechazado por la mayoría de los párrocos de Gipuzkoa. Dicen que es «una clara desautorización a la vida eclesial» que ha llevado la diócesis guipuzcoana en los últimos años y consideran que con ella sólo se busca variar el rumbo que ha caracterizado a la diócesis, con una «línea pastoral y estilo eclesial» en «fidelidad al espíritu del Concilio Vaticano II» y a la dirección de los anteriores obispos.
Al oficio religioso asistieron ayer la presidenta del Parlamento Vasco, Arantza Quiroga (PP), la diputada de Presidencia de Gipuzkoa, Edurne Egaña (PNV), quien sufrió un desvanecimiento y tuvo que abandonar el templo antes de tiempo, además del concejal jeltzale en el Ayuntamiento de San Sebastián, Xabier Ezeizabarrena, entre otros.
La celebración se inició cuando pasaban tres minutos de la once de la mañana, en un templo lleno de fieles desde una hora antes. Uriarte se dirigió de forma pausada y por un pasillo lateral hacia el altar, donde le esperaban un semicírculo de sesenta sacerdotes de Gipuzkoa. El recorrido tuvo la solemnidad que le confirió el cántico del 'Kanta Jaunari Lur Guztia' pronunciado por los fieles, que lo entonaron junto a los coros de la catedral y de la parroquia de Hernani acompañados por el órgano y el txistu.
La misa se inició con unas palabras de agradecimiento a Uriarte, con las que ensalzaron su figura, por parte de los vicarios generales (Patxi Azpitarte y Félix Azurmendi), dos miembros de la Confederación de Religiosos de Gipuzkoa (Arantxa Zabaleta y Mikel Arruabarrena), una laica (Idoia Iturrioz) y el Secretario del Consejo del Plesbiterio (Iñaki Zabaleta) en representación de toda la diócesis.
«No os conocen»
Uriarte defendió que las valoraciones negativas que se hayan podido hacer de la Diócesis de San Sebastián son interesadas y distorsionadas. «No la conocen en su realidad viva, no os conocen», dijo. Lamentó que en dichos ámbitos se haya descrito a este territorio como «una tierra espiritualmente empobrecida, escasa en vigor apostólica, no muy cuidadosa en la formulación de su fe y en la disciplina eclesial, debilitada en su relación con otras iglesias locales y escorada en sus afinidades políticas».
A quienes juzgan sin conocerla les animó a que vengan y vean para corroborar si «sus ojos no están demasiado cargados por el prejuicio mental o por sentimientos negativos». Y en ese contexto incidió en esos prejuicios, en lo difícil que es desprenderse de ellos. «Einstein decía que es más difícil desintegrar un prejuicio que desintegrar el átomo».
Tras admitir que la diócesis padece como otras muchas el impacto cultural que sufre Europa y erosiana la fe, consideró que son tiempos de una Iglesia debilitada en una sociedad poderosa, algo en lo que también incidió esta semana en la ceremonia de despedida más íntima que celebró con los sacerdotes en el Seminario donostiarra. Como ejemplo apuntó ayer «el éxodo de la práctica dominical y sacramental, la pastoral juvenil y vocacional, la dificultad del relevo generacional y otras insuficiencias sensibles». Deficiencias éstas que, a su juicio, afectan al futuro y quizás por ello son más preocupantes pero compartidas en la Iglesia europea.
Por todo ello, guardándose de un discurso triunfalista y defensivo, consideró «un acto de justicia esbozar una apología en el sentido más noble de esta palabra».
Para poner en alza todavía más si cabe la diócesis, el obispo aseguró que en su recorrido pastoral no ha encontrado un sentimiento de pertenencia, sintonía y de colaboración igual. «He registrado con alegría que los creyentes de nuestra diócesis albergan en grado notable tres nobles preocupaciones, la búsqueda tenaz de la paz, la ayuda extraordinariamente generosa al Tercer Mundo y la acogida humana y espiritual a los inmigrantes», señaló.
También recordó con admiración la labor de Cáritas que ha respondido con «amor ingenioso y misericordioso a las nuevas necesidades, a los más golpeados por la crisis económica y a los últimos de nuestra sociedad»; y el interés y la cercanía que ha supuesto la reestructuración de la diócesis en Unidades Pastorales.
Uriarte fue obsequiado por los sacerdotes de Gipuzkoa con una imagen del Cristo Resucitado, en relieve policromado de estilo barroco. Levantó el regalo con una enorme sonrisa y la mostró a los fieles, quienes irrumpieron en aplausos.
El prelado, visiblemente emocionado, improvisó algunas palabras de agradecimiento para las autoridades y los obispos eméritos que le acompañaron, aunque las más sentidas fueron para quienes habían puesto en relieve su figura al inicio de la misa y, cómo no, para los fieles. «Me habéis canonizado pero yo no soy un santo, soy un pecador como vosotros», dijo en lo que fue una muestra más de la cercanía que ha caracterizado su pontificado.
Tras dar su última bendición como obispo de San Sebastián, Uriarte fue saludado por centenares de asistentes que esperaron pacientemente a acercarse a él, algunos de ellos con lágrimas en los ojos.
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Despedida. Juan María Uriarte, flanqueado por sacerdotes guipuzcoanos, da su última bendición como obispo de la Diócesis de San Sebastián, en el multitudinario adiós que le tributaron los guipuzcoanos en la catedral del Buen Pastor. :: JOSÉ MARI LÓPEZ

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Despedida. Juan María Uriarte, flanqueado por sacerdotes guipuzcoanos, da su última bendición como obispo de la Diócesis de San Sebastián, en el multitudinario adiós que le tributaron los guipuzcoanos en la catedral del Buen Pastor. :: JOSÉ MARI LÓPEZ

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La presidenta del Parlamento Vasco, Arantza Quiroga, saluda al obispo al término de la misa. :: J.M. LÓPEZ

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La nave central del Buen Pastor a rebosar. :: J.M. LÓPEZ

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