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Castillos navarros en Debagoiena

ARRASATE

Castillos navarros en Debagoiena

Castilla se apoderó de Gipuzkoa tras rendir los castillos de Atxorrotz, Arrasate y Elosua. Recientes excavaciones han ratificado la importancia del castillo medieval que existió en Atxorrotz

03.01.10 - 03:45 -
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Cuando, tras varios cambios de dominio, las tropas castellanas del rey Alfonso VIII se adueñaron definitivamente de Gipuzkoa, hace 810 años, lo hicieron rindiendo en primer lugar la fortaleza navarra que defendía la entrada principal por el sur a este territorio. El castillo que protegía la 'puerta' meridional de Gipuzkoa no era otro que el que se erguía sobre la afilada peña de Atxorrotz, dominando el curso alto del valle del Deba.
Los historiadores atribuyen a los romanos al paternidad de la ruta que comunicaba la llanada alavesa con el mar. Pero hasta el momento ningún vestigio o resto arqueológico ha permitido confirmar la hipotética presencia romana en el enclave estratégico de Atxorrotz.
Las excavaciones recientemente efectuadas en la planicie donde se levanta la ermita de Santa Cruz no han descubierto restos romanos, como tampoco los halló José Miguel Barandiaran en las prospecciones realizadas en 1964.
Los sondeos efectuados durante este pasado año por la arqueóloga Nahia Senper y el historiador Iñaki Sagredo han examinado los estratos correspondientes a la época medieval, y han hallado numerosos restos dejados por las guarniciones militares que habitaron el castillo.
Una espada, una rueda de molino, puntas de lanza, flechas, huesos de animales y lo que podría ser un hogar contribuyen a arrojar algo de luz sobre la historia del primer y más importante castillo defensivo navarro en tierras guipuzcoanas.
No hay que olvidar que este territorio era parte constitutiva del reino de Navarra antes de pasar a manos de los castellanos. Algunos historiadores, como Iñaki Sagredo, creen que se trató de una conquista militar pura y dura. Otros, más en consonancia con la historiografía de los vencedores, de hecho la única que se conserva, señalan que la incorporación de Guipúzcoa a la corona de Castilla fue voluntaria. Sea como fuere, Castilla se adueño de Guipúzcoa en 1199, y lo hizo tras rendir la línea defensiva que en la cuenca alta del Deba estaba constituida por los castillos de Atxorrotz en Eskoriatza, Santa Bárbara en Arrasate y Elosua en Bergara. Los tres formaban parte de la red de defensa del reino de Navarra.
El historiador navarro Iñaki Sagredo asegura en el tercer tomo de su obra 'Navarra. Castillos que defendieron el Reino. La Navarra occidental, la frontera del mar. Álava, Bizkaia el Duranguesado y Gipuzkoa' (Ed. Pamiela) «hombres de Gipuzkoa, Álava, el Duranguesado y Bizkaia sintieron a los reyes vascones como propios».
Tenencia de Atxorrotz
La documentación analizada por este autor pone de relieve la importancia que tuvo Atxorrotz como cabeza del sistema defensivo en Gipuzkoa. El tenente o delegado del rey gobernaba todo el distrito desde este enclave fortificado. La tenencia de Atxorrotz comprendía toda Gipuzkoa hasta que en 1199, pocos meses antes de la conquista castellana, se constituyó una segunda tenencia en San Sebastián con base en el castillo de la Mota. Así, el sistema defensivo quedó dividido en la tenencia occidental con sede en Atxorrotz y la oriental con sede en San Sebastián.
Una guarnición formada por entre diez y quince soldados guardaba la fortaleza de Atxorrotz. Un estrecho pasillo artificialmente labrado en la roca guarda aún hoy el acceso a la explanada de unos 400 metros cuadrados que corona la peña y que, como apunta Sagredo, se dividía en dos áreas, ambas amuralladas.
En el recinto inferior o de entrada se levantaría probablemente las casas de la guarnición, chozas de madera adosadas a los muros. Y en el recinto superior, o zona alta del castillo, se alzaban el torreón -al que le atribuyen unos 20 metro de altura- y el aljibe principal. Esta parte 'noble', con una planta casi rectangular de 20 metros de ancho por 25 de largo, estaba muy bien defendida por gruesos muros de 2 metros de ancho que se levantaban aprovechando la roca natural y cuyos cimientos «se distinguen claramente en todos sus lados», según señala Sagredo.
Hoy domina la cúspide rocosa la ermita de Santa Cruz, del siglo XVI. Ocupa el lugar del torreón, del que no queda rastro alguno.
Frente al ya desaparecido castillo de Atxorrotz, a unos cien metros de distancia, hay una pequeña peña que se eleva a una altura similar. En su base, reseña Sagredo, «se encuentran indicios de ocupación medieval». Tiene, según indica este investigador, «un acceso labrado, una planicie rectangular con saliente rocosos en sus ángulos, donde bien pudiera haber habido atalayas, y un socavón principal que pudo corresponder a un aljibe». Todo ello lleva al historiador navarro a pensar que «junto al castillo principal existiera este segundo reducto preparado para tiempos de guerra». Parecidas atalayas estratégicamente ubicadas mantenían en comunicación visual permanente los castillos de Atxorrotz, Santa Bárbara y Elosua.
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