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María José Carrascosa, su vida detrás de los barrotes

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María José Carrascosa, su vida detrás de los barrotes

La española encarcelada en EE UU podría cumplir condena en España si no recurre la sentencia

03.01.10 - 03:47 -
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Ésta ha sido la cuarta Navidad que María José Carrascosa ha pasado en prisión. Por delante tiene, en principio, otras catorce. El pasado 23 de diciembre, víspera de Nochebuena, el juez estadounidense Donald Venezia le impuso una pena de catorce años de cárcel después de que un jurado popular la hallara culpable de nueve delitos: uno por desacato de una orden judicial y ocho por interferencia en la custodia de su hija Victoria, nacida en 2000 fruto de su matrimonio con el estadounidense Peter Innes. La sentencia cayó como una losa sobre María José y sus familiares, quienes confiesan haber pasado la peor Navidad de sus vidas. Pero lo que más dolió a María José y los suyos fueron las palabras del juez tras dar a conocer la condena: «El suyo es un caso de odio y venganza que ha creado usted, que ha considerado a su hija una mera propiedad, una pieza en el tablero de ajedrez. Entérese, el juego se ha acabado».
María José, quien escuchó la condena encadenada y enfundada en un mono verde de reclusa, no pudo reprimir las lágrimas cuando Venezia le espetó que la sentencia era lo que se merecía por «arrancar» a su hija de los brazos de su padre y de los suyos.
Las siguientes 72 horas las vivió en una celda de aislamiento de la prisión de Hakensack, en Nueva Jersey. Consumió la Nochebuena tirada sobre un catre formado por una fría plancha de acero, dándole vueltas a las palabras del juez y pensando en recurrir la sentencia. No le permitieron dormir en una cama «por si se autolesionaba». Tampoco pudo hablar por teléfono ni con su hija ni con su familia para felicitarles las fiestas. La única concesión fue una manta para protegerse del frío.
Desde que ingresó en prisión, en noviembre de 2006, la española llama siempre que puede a casa para hablar con su hija Victoria, quien vive en Valencia con sus abuelos maternos, aunque la tutela es de la Generalitat Valenciana. El ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, prometió a sus familiares que pondría una línea para facilitar las llamadas. Sin embargo, la promesa sigue sin materializarse. Cada vez que se le permite hacer una llamada -ha habido periodos de hasta cuatro meses en los que no se le ha consentido contactar con sus familiares- María José llama a un amigo estadounidense que desvía la llamada a España.
El afán de su familia actualmente es convencerla para que no recurra la sentencia. Su hermana, Victoria Carrascosa, está convencida de que la Justicia estadounidense nunca le dará la razón ya que, aunque recurriera, no podría aportar nuevas pruebas. Además, es imprescindible contar con una sentencia firme para que María José pueda cumplir su condena en España y un recurso dilataría todavía más el proceso judicial.
Enferma de un nuevo tumor
Victoria Carrascosa y su madre, Maruja Peñalver, son conscientes de que María José no tiene tiempo que perder. Un año antes de entrar en prisión, le fue detectado un tumor en el páncreas del que se recuperó después de que se le extirpara el bazo y parte del órgano afectado. El cistoadenoma mucinoso de páncreas que padecía es una alteración «extraordinariamente poco frecuente», según reconocieron los facultativos que atendieron a la española en una clínica de Valencia.
Sin evidencias científicas que demostraran las causas naturales de esa patología, los galenos concluyeron en un informe que lo más probable es que la enfermedad hubiera sido causada por factores externos, de forma que recomendaban la realización de estudios toxicológicos complementarios que determinaran si había estado expuesta a alguna sustancia química.
Maruja, su madre, está convencida de que sí. Asegura haber visto cómo Peter Innes, ex marido de María José, manipulaba su comida con el propósito de envenenarla.
Tres años más tarde, le ha sido detectado un tumor en la pelvis. Su familia cree que podría estar relacionado con las causas del primero, pues no existen precedentes familiares. Sin embargo, a pesar de la insistencia del cónsul español en Estados Unidos para que se le realice una biopsia fuera de prisión, el juez no se lo permite. Tampoco recibe los medicamentos que sus familiares le envían desde España, que son retenidos en prisión tras pasar por el Ministerio de Exteriores y el Consulado. Su único tratamiento son los «genéricos» que le administran en la cárcel, según su hermana Victoria.
Encerrona judicial
Maruja se esfuerza por no perder definitivamente la confianza en la Justicia. Con una mezcla de impotencia y rabia, repite una y otra vez que su nieta no es víctima de ningún secuestro y que cuando la niña salió de Estados Unidos para viajar con sus abuelos a España, hacía más de un mes que Innes, quien nunca se ha preocupado por la manutención de Victoria, había abandonado el hogar familiar en Estados Unidos. «La única secuestrada en toda esta historia es mi hija», asegura.
Posteriormente, la Justicia española otorgó a la madre la custodia de Victoria y le retiró el pasaporte para evitar su salida de España. Innes, a quien los tribunales estadounidenses concedieron la custodia en 2006, perdió sendos recursos presentados ante la Audiencia Provincial y el Constitucional en los que pedía que la niña volviera a Estados Unidos.
La familia de la condenada denuncia que, cuando impuso los catorce años de cárcel, el juez Venezia «chantajeó» a María José al plantearle una reducción de condena si permitía a su hija viajar a Estadios Unidos.
Sin embargo, Victoria considera que su hermana es víctima de un conflicto entre jurisdicciones y que el Gobierno español debería defender las sentencias dictadas por los tribunales españoles.
«Nos están matando en vida», afirma Maruja para resumir el sentimiento de su familia, centrada en hacer feliz a su nieta Victoria mientras llega el día en el que pueda reunirse con su madre.
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