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Sáhara: ¿soluciones intermedias?

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Sáhara: ¿soluciones intermedias?

Los saharauis, que sufren la ocupación de su tierra por el ejército marroquí, quieren decidir su futuro en un referéndum de autodeterminación, estima el autor, que responde a un artículo reciente en estas páginas

30.12.09 - 02:28 -
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El pasado día 24 de diciembre el señor García Ronda publicó un artículo relacionado con el conflicto del Sahara Occidental en este mismo medio, al que me parece obligado responder. La situación por la que atraviesa el pueblo saharaui es suficientemente grave como para que se pueda frivolizar sobre esta cuestión sin, al menos, mostrar la indignación que produce la lectura del mencionado artículo.
En primer lugar, mantiene que probablemente «cada actor del drama pueda alegar 'sus' razones». ¿Cuáles son estas razones? Las expongo brevemente. Marruecos, que no es actor, sino autor del drama, pretende que el Sahara Occidental es parte de su territorio (hasta 1975 pretendía que también Mauritania y Senegal lo eran), y como quiera que el Tribunal Internacional de Justicia dejara meridianamente claro ese mismo año que este territorio nunca en su historia ha estado bajo soberanía marroquí, y que la solución del conflicto pasa necesariamente por el ejercicio del derecho de autodeterminación de su población, lo ocupó militarmente mediante la denominada Marcha Verde. Sus únicos argumentos desde entonces son la represión militar y policial contra la población saharaui. Frente a estos argumentos, el Frente Polisario («único y legítimo representante del pueblo saharaui», en palabras de la Asamblea General de la ONU), y la República Árabe Saharaui Democrática («semigobierno saharaui», en palabras del señor García Ronda, aunque es reconocida por más de ochenta Estados), esgrimen una razón muy simple: los saharauis, que sufren la ocupación de su tierra por el ejército marroquí, invasión que fue condenada ya en aquél entonces por el Consejo de Seguridad de la ONU, quieren decidir su futuro en un referéndum de autodeterminación.
En segundo lugar, tilda a los defensores del derecho de autodeterminación del pueblo saharaui, proclamada a los cuatro vientos por los mencionados tres órganos principales de las Naciones Unidas, de «presuntos progresistas». ¿Es progresista o conservador quien defiende la aplicación del Derecho Internacional? ¿Cómo habría que calificar a quien defiende su violación? La imposición de una autonomía al pueblo saharaui sin un referéndum de autodeterminación en el que se incluya la opción de la independencia, como pretende Marruecos y defiende el señor García Ronda, constituye un ejemplo palmario de lo segundo.
En tercer lugar, califica la huelga de hambre protagonizada por Aminetu Haidar, una saharaui que ha recibido premios internacionales en reconocimiento a su lucha por los derechos humanos de manos de instituciones tan «conservadoras» como la Fundación Robert Kennedy, que ha pasado cuatro años en prisión en condiciones inhumanas por defender el derecho de autodeterminación que le reconoce la ONU, durante los cuales fue sometida a torturas que han sido denunciadas por organizaciones igualmente «conservadoras» como Amnistía Internacional o Human Rights Watch, y que lucha por la dignidad de su pueblo de. «anécdota propagandística». Sobran los comentarios.
En opinión del señor García Ronda, el Gobierno español debería «ponerse a la tarea de hacer lo que correspondía a la conveniencia de la nación de la que recibió el encargo de gobernar, conjugándola con las relaciones internacionales a las que estamos obligados y debemos atender». Ese es el problema: desde 1975 el Gobierno español de turno atiende a las conveniencias económicas españolas, patrocinando con su silencio la violación de esas normas internacionales. Pero es que, además, ¿podemos admitir que entre los intereses de nuestro país no está la de promover siempre la aplicación del cumplimiento del Derecho Internacional (y no sólo en el caso de la retirada de los soldados españoles de Irak)?
En relación con la imposibilidad de aplicar el Plan de Paz, debo recordarle, señor García Ronda, que no hay otro problema a la hora de celebrar el referéndum (cuyas condiciones fueron libre y voluntariamente negociadas por Marruecos y el Frente Polisario) que la negativa marroquí a una consulta con un censo en el que el movimiento saharaui ha llegado a aceptar que participen nada menos que los colonos marroquíes. No hay «discusiones interminables» ni sobre la autodeterminación (las partes pactaron una pregunta muy simple: ¿desea la independencia del Sahara Occidental o su integración en Marruecos?), ni, como queda dicho, sobre el censo. Consciente de que la opción de la independencia triunfaría en un referéndum, Marruecos se ha retirado del Plan de Paz, acusando sin rubor a la ONU de haber sido parcial en la confección del censo, favoreciendo a los saharauis.
Como salida al conflicto el señor García Ronda propone lo que sorprendentemente califica de solución «intermedia»: una «autonomía para el Sahara Occidental dentro de la nación marroquí». Pero es que todavía le queda el temor de que se le califique de actuar de una forma «sabiamente salomónica». Pues no tenga miedo: su propuesta ni es sabia, ni mucho menos salomónica; es simple y llanamente el plan que Marruecos trata de imponer desde hace más de una década. Lejos de ser una vía intermedia entre lo que pretende quien viola el Derecho internacional y quien sufre las consecuencias de tal violación, es literalmente lo que pretende la primera. La autonomía es sinónimo de integración, y sin mediar un referéndum de autodeterminación en el que se incluya la opción de la independencia, es también sinónimo de violación del Derecho internacional.
Para terminar estas líneas quiero recordar y rendir un emocionado homenaje al querido Mohamed Salem Hach Embarek, 'Paquito', que dejó este mundo hace cinco años, después de dedicar toda su vida a luchar por la dignidad de su pueblo. Estoy seguro de que desde allá donde esté compartirá todas y cada una de estas líneas.
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:: ALFONSO BERRIDI

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