La Concha luce espléndida el día de Navidad. No se ve una nube y el sol alegra el día después del primer atracón navideño. La resaca de Nochebuena pasa factura y las calles del Centro amanecen silenciosas. Sólo un puñado de paseantes contemplan el marco incomparable pocos minutos antes del mediodía. El termómetro más cercano marca 8 grados. No hace el frío siberiano del fin de semana pero se ven guantes y ropa de abrigo.
De repente, a la altura del Hotel de Londres, varias personas en bañador se preparan para zambullirse en el mar. Se ajustan sus gafas, los gorros y no se lo piensan mucho antes de adentrarse en el agua. Son cerca de un centenar y responden al llamamiento del tercer chapuzón solidario organizado por el club de waterpolo Tximistarri, en este caso para ayudar a la Asociación de Donantes de Sangre de Gipuzkoa. Se han inscrito 108 participantes que deben abonar un donativo de 10 euros para la causa, aunque el frío deja en casa a alguno de ellos.
El aspecto competitivo queda en un segundo plano en este acto solidario en el que sólo se exige tener gran corazón y nadar 200 metros. Los existentes desde la orilla hasta una boya y volver. Pero alguien tiene que regresar el primero y éste es Iban Mateos, entrenador de natación del Ordizia, que trata de entrar en calor con un suculento caldo. «Es la primera vez que vengo. El año pasado hice una apuesta con un compañero del trabajo a que me metía y me eché para atrás. Ha estado todo el año recordándomelo y aquí estoy. Lo peor ha sido entrar al agua, estaba muy fría, pero ahora con este caldito todo se ve de forma diferente».
La organización apunta que la temperatura del mar es de 14 grados. Entre los valientes que advertimos saliendo del agua están Carlos Santana, de 70 años, el único nadador que ha participado en todas las ediciones de la travesía Getaria-Zarautz y en envidiable forma, y el concejal del PNV Xabier Ezeizabarrena, con un atuendo más veraniego que de competición. Y es que dejó el gorro y las gafas para mejor ocasión. «Prefiero nadar al descubierto, sentir el mar en la cara. Si me empiezo a poner gafas, gorro... no es lo mismo. Cuesta entrar, pero luego te sientes mejor. No hay mejor forma de bajar el turrón de Nochebuena», explica.
Entre los más jóvenes, varios chavales del Tximistarri, como Xabat Erroizenea, Mikel Matia, los hermanos Danel y Jon Ander Franco, e Ibai Méndez, el benjamín de todos con 12 años. «El agua está bastante fría, pero luego la sensación es buena. Después de lo que cenamos ayer, te encuentras mucho mejor tras pegarte un bañito», apunta uno de ellos. «La clasificación es lo que menos importa», dice Ibai, quien afirma que «aunque hay quien se pone delante para salir bien, nosotros vamos a nuestro rollo».
Con todos los nadadores en tierra, Tximistarri rinde homenaje y entrega una placa a Javier de Aymerich, entrenador de paralímpicos como el donostiarra Richard Oribe, y la Asociación de Donantes al colegio de Enfemería. El caldito del Hotel de Londres sirve de mágico reconstituyente y de aperitivo de la comida de Navidad.