Pesadilla aeroportuaria antes de Navidad. Así puede resumirse la experiencia vivida por cerca de un centenar de pasajeros, la mayoría de ellos vascos, que pretendían regresar el lunes por la tarde a Bilbao desde la terminal londinense de Standsted y acabaron amotinados en las instalaciones, donde pasaron toda la noche «sin calefacción, ni agua ni comida» y «amenazados por la policía». ¿El motivo? La aerolínea Easyjet canceló su vuelo por razones meteorológicas pero, a cambio, no les ofreció alternativa alguna. «Nos dejaron completamente tirados, sin posibilidad de reubicarnos en otro vuelo, ni darnos alojamiento en un hotel. 'Go home', nos dijeron», relataba ayer una de las pasajeras, Begoña Hermosilla, en conversación telefónica desde la terminal.
Y lo peor de todo es que la inmensa mayoría de ellos aún sigue en Londres. Tras horas de presión y reclamaciones, la aerolínea de bajo coste les ofreció una «solución inaceptable». «Nos daban plazas en vuelos para el 26 ó el 27 y con destino a Gijón. No estábamos dispuestos a pasar las navidades sin nuestras familias», añadía Jon Belaustegigoitia, un joven estudiante que regresaba a Amorebieta con su compañero Aitor Rodríguez. Al final, el grueso de los pasajeros afectados consiguió un billete con Vueling para el último vuelo que aterriza mañana a las 8 de la noche en Bilbao, tres días más tarde de lo previsto, pero con suerte podrán celebrar la Nochebuena en casa. También hubo quien, para poder regresar hoy, ha tenido que recurrir a rocambolescas combinaciones, como volar hasta Tenerife para tomar después otro avión rumbo a Loiu.
Sin calefacción
La pesadilla comenzó con una tremenda nevada que interrumpió la actividad en la terminal de Standsted y, por tanto, la salida del avión a Bilbao, prevista a las 17.15 horas del lunes. Tres horas después se reanudaban las operaciones, pero tres vuelos de Easyjet, con destino a Loiu, Copenhague y Amsterdam, quedaban cancelados. «A los pasajeros de estos vuelos, sin embargo, les llevaron a un hotel y les prometieron un avión a primera hora de la mañana. A nosotros, nada de nada», denunciaba Belaustegigoitia.
El desconcierto y la incredulidad se adueñó del pasaje, entre el que había varias familias con niños a las que no les quedó más remedio que buscar un hotel para pasar la noche. En la zona de embarque, sin embargo, quedó un grupo de unos 70 viajeros dispuestos a hacerse fuertes «hasta que alguien de la compañía diera la cara y nos ofreciera una solución». Pero en su lugar, recibieron la visita periódica de empleados del aeropuerto y policías que «con una diplomacia muy británica, nos invitaban a irnos. Hasta nos apagaron la calefacción».
A primera hora de la mañana, los agentes les desalojaron «de forma pacífica» del área de embarque. Después llegó el director del aeropuerto, que les garantizó una «solución» por parte de la aerolínea. «Al final, la solución es que todos nos hemos tenido que buscar la vida. En teoría, la compañía nos abonará el coste del billete de vuelta y el hotel, pero eso no nos compensa por el trato recibido. Nadie de la compañía ha aparecido para darnos una respuesta, nos han pisoteado nuestros derechos y nos han tratado como a delincuentes», denuncia Mónica Bilbao, una artista vasca afincada en Cambridge y que todos los meses vuela con esta compañía. Hasta ahora. «No pienso hacerlo nunca más y, además, voy a demandarles», anuncia. «Han sido quince horas de auténtico horror. Y que quede claro que no es un vuelo 'low cost': yo pagué 390 euros», apostilla Begoña Hermosilla.