Existe una ley no escrita que mide el éxito de cada feria de Santo Tomás por el grado de dificultad para entrar en la plaza de la Constitución y llegar a ver a la cerda. La rosada y rolliza Igone estaba ayer tan solicitada en su trono como sus predecesoras, no era imposible acercarse hasta las entradas a la plaza, aunque pasado el mediodía había que tener paciencia para atravesarlas. A pesar de todo, la plaza estaba más o menos cómoda.
El recorrido para alcazarlos puestos de txistorra, es más complicado, sin embargo, que tratar de llegar desde el Boulevard hasta la cerda. Tanto que, aunque se ensalce la capacidad de niños y mayores para ignorar el frío, la lluvia o, como ayer, el viento de vendaval que azotaba la feria, hay mucho más que desafiar para disfrutar de Santo Tomás. Lo primero es montar en un transporte público atestado, desde un barrio o desde una localidad cercana, porque las multitudes no comienzan en el centro de la ciudad, sino en las paradas de autobuses o en vagones de tren. Gente de todas las edades se dispone a afrontar el primer reto. No pasan muchos minutos entre uno y otro vehículo, pero sirven para observar la moda baserritarra. Porque casi no hay quinceañera que no luzca uno de esos trajes de diseño en los que el negro y blanco ha quedado olvidado en favor de gamas de marrones, azules o malvas combinadas con botas altas. Nada de blusones, los chicos optan por camisa blanca con varoniles bordados, y hasta las toquillas de ellas se parecen más a las chaquetas que se ven cualquier tarde, siempre a tono con la falda, que a las que se pueden observar a las mujeres en grabados de otras épocas.
El viento azota, ayer provocó problemas a primera hora de la mañana en los detalles de los montajes de los puestos. Y en la plaza Sarriegui, unos animales amenazan con quitar el protagonismo a la cerda Igone. Porque a pesar de haber superado la primera prueba, no hay quien pueda acercarse al cercado de los camellos, ante el que hay casi tanta cola como en el puesto de talos, único resto de la fiesta que queda en la plaza de la Brecha inutilizada por las obras. Desde la escultura de Sarriegui se agolpan las cámaras de fotos y el desfile de niños y mayores por este ganado exótico es uno de los puntos más multitudinarios de la jornada. Con puerco espines, avestruces pequeñas y descaradas que se llaman emúes se atrae a más de uno que teme que, con la multitud, se le pierda la txapela. La txistorra reina en cada esquina.