Comenzó a competir en campeonatos nacionales de la modalidad de pesca mar costa en 2006. Quedó entonces vigésimo séptima. Los dos siguientes años no compitió en condiciones porque un coche la arrolló en una rotonda. Este 2009 ya fue novena en el campeonato celebrado en Barcelona en septiembre. Ascendió a la Alta Competición Nacional y en noviembre, con vientos huracanados y poco pescado, se clasificó tercera, lo que le supone ser una de las cinco magníficas que irán al mundial de Suráfrica. Las condiciones serán tan extremas como espectaculares.
– Primero, los agradecimientos. ¿Quieres decirle algo a tu chico, que sale al fondo en la foto?
– No, a él no aunque me tendrá que ayudar a rematar los tiburones que pesque en Suráfrica (no sé cómo se domina un tiburón, además no puedes hacerle nada que le desangre porque entonces perdería peso). Casi prefiero saludar a la gente de la empresa de mecanizados de piezas donde trabajo en Hernani: Mecarizti. Sin su colaboración en cuestión de vacaciones y días libres no podría competir.
– ¿Qué haces en Mecarizti?
– Soy fresadora.
– Poderío. Te lesionaste hace poco...
– Sí. Se me rompió una pieza, caí y reboté. Tuve la espalda muy tocada. Un mes entero de rehabilitación. Casi no voy a Castelldefels. Pero al final, me atreví y ya ves: ¡Al mundial de Suráfrica!
– Fue un campeonato casi dramático , ¿no? Poco pescado, viento...
– Fue duro, sí. Sólo conseguí 185 gramos de pescado. Siete palometas saqué. Nada más. El viento entró racheado a las seis de la tarde, en la tercera manga. Hasta seis veces me tiró esa caja con carro que veis en la foto. Ahí llevo las cañas, los carretes, las perchas, el cebo, los anzuelos. Piensa que pesa unos cuarenta kilos . Y sin embargo el viento se la llevaba. Imagina lo que hacía conmigo. No te olvides, además, que en un campeonato has de estar constantemente en lo que se denomina ‘acción de pesca’.
– Eso significa...
– Que mientras dure la manga has de estar realizando continuamente tareas que tengan que ver con la competición. No puedes plantar la caña, cruzarte de brazos y esperar a que piquen. Has de controlar tu equipo, cebar, buscar, tensar... Lo que quieras pero siempre en acción de pesca.
– ¿Hablamos del cebo? En Castelldefels la organización ponía a vuestra disposición lombriz especial y cebo coreano.
– La lombriz especial es realmente especial. Larga y estrecha. Les gusta mucho a los peces. Claro que es muy peleona. No le hace ninguna gracia que la ensartes en el anzuelo y te lanza bocados de categoría. La coreana es más gruesa, más tonta y menos apetitosa. Yo la suelo usar para descubrir si hay pescado. Hay veces que parece que no hay nada de nada. Echas coreana. Salen a por ella los pececillos y entonces ya sabes que sí hay pez grande. Porque donde hay pez chico lo hay grande.
– ¿O sea que esos pececillos que salen huyendo cuando entras a bañarte en La Concha indican que cerca hay lubina, por ejemplo?
– Exacto. Los peces saben perfectamente dónde estamos. Nos miran y observan cuando nos bañamos. Muchas veces hemos tenido que esperar a que saliera el último bañista para ponernos a pescar y sacar buenas piezas de allí donde hasta hacía un rato la gente nadaba.
– Me da la impresión de que tú no mirarás el mar como lo hace un turista, un donostiarra sin caña o un nadador de travesías.
– Yo lo miro pensando siempre qué puede haber debajo de ese oleaje, entre las rocas. O en esa balsa de aceite en la que a veces se transforma el mar. A mí la calma chicha no me gusta nada. La prefiero brava la mar.
– Vamos a hablar ya el desafío de Suráfrica. Me parece que eso son palabras mayores. ¿Tiburones?
– Y tan mayores. De hecho, nada más clasificarnos en Castelldefels, la capitana del equipo y el presidente del Comité de Mar Costa nos reunieron para advertirnos de que en Suráfrica todo será diferente. Desconocido. Espectacular y tremendo. El pescado que se va acoger es sobre todo tiburón. Tiburones que pueden llegar a pesar hasta 60 kilos. Pero no sólo habrá tiburones, no te pienses. También tendremos peces guitarra.
– ¿Un Rhinobatos, Rhinobatos? Las enciclopedias lo definen como una raya que quiso ser tiburón.
– Es prehistórico y puede pesar 30 kilos. Nos hará cambiar nuestra forma no ya de pescarlo sino de luchar con él para sacarlo del agua.
– ¿Y eso por qué?
– Porque él lucha de distinta manera. No salta, no coletea. Se intenta hundir hacia el fondo, convirtiéndose en un peso muerto. Tendremos que vencer su inercia. Vamos a entrenarnos en el Ebro con peces de parecida actitud: el siburo o pez gato, por ejemplo. Y también con carpas grandes. De diez kilos y más.
– Creo que aquí no sirven las lombrices como cebo. ¿Me equivoco?
– Usaremos bonitos de 2 kilos. y sardinas doradas, gigantes. Por de pronto, tenemos que aprender a despiezar, filetear y licrar el cebo.
– ¿Y las cañas? ¿Y los carretes?
– Todo, todo distinto y preparado para el gran combate: cañas de repartición, carretes multiplicadores...
– Suerte.