De momento, a quien se aventure por la senda del libro electrónico le conviene hacerlo con el espíritu pionero de quienes se atrevieron con los primeros teléfonos móviles: convencido de que ha apostado por el futuro, resignado a pagar precios que dentro de unos pocos meses -en el peor de los casos, unos pocos años-, parecerán exorbitantes y consciente de que tal vez no acierte a la primera con el modelo que finalmente se imponga. Es el riesgo que tiene estar en primera línea.
Durango, en lo que a libros se refiere, es de papel, al igual que el mercado editorial en su conjunto. En ese reino de la celulosa, sin embargo, han comenzado a abrirse paso las versiones digitales, aunque de momento lo hagan de manera casi testimonial, tanto en lo que respecta a los aparatos necesarios para leer libros digitales como en el apartado de los contenidos. La empresa navarra Leer-e, dedicada desde 2006 a la distribución de dispositivos de lectura digitales -tienen unos catorce modelos en su catálogo-, aunque también genera y distribuye contenidos, muestra en su stand una variada colección de lectores, cuyos precios oscilan entre los 200 y los 700 euros, la banda en la que se mueven la mayoría de los modelos. Observadores de primera hora de un fenómeno que todos coinciden en que ha llegado para quedarse, aseguran que, aunque todavía las incertidumbres predominan claramente sobre las certezas, se ha ganado por lo menos la batalla a la incredulidad. «Ahora, hasta quienes no lo querían aceptar admiten que ya está aquí», aseguran, insistiendo en que lo que queda pendiente de aclarar es qué modelo de negocio tendrá que acompañar a esa nueva realidad que no se puede gestionar con viejos paradigmas. De momento, se mueve: el año pasado vendieron 3.000 lectores y este año las ventas pueden acercarse a los 10.000.
También en el stand de Elkar pueden verse, y probarse, varios modelos de la gama más económica: lectores cuyos precios oscilan entre los 250 y 300 euros y que permiten guardar y leer más de 1.500 libros en pantallas pequeñas pero de lectura razonablemente confortable. En Durango sólo los muestran. Venderlos, los venden en sus tiendas y, aunque en principio los lectores no son más que aparatos que es preciso alimentar de contenido, los que se adquieren en las tiendas de Elkar vienen bastante bien nutridos, ya que transportan en su interior y sin cargo para el comprador una completa biblioteca clásica de 500 títulos clásicos en castellano (Baroja, Dickens, Verne...) y una decena de títulos en euskera, incluyendo varias novedades. En cualquier caso, y tal como lo hizo hace unas semanas Alberdania, que ya tiene su treintena larga de libros digitales a la venta en la web de la editorial (alberdania.com), todas las marcas del grupo Elkar -Ttarttalo, Txertoa, Sua y Elkar-, han comenzado a digitalizar sus novedades y a trasladar parte de su fondo al nuevo formato. Las obras ya disponibles están a la venta a través del enlace 'ebook' de la web elkar.com.
«Habrá que ver»
Alberdania, Elkar y el resto de las editoriales que han comenzado a avanzar por un camino en el que todavía no se han colocado las señales van resolviendo según su justo saber y entender los problemas que se derivan de la falta de definición de esta incipiente realidad: qué precio poner a los libros electrónicos, cómo llamarlos, cómo calcular los derechos de autor, por qué medios comercializarlos, qué papel conceder en el nuevo circuito a las librerías y a los distribuidores...
En ese mar de dudas navegaron ayer en Durango Andoni Sagarna -académico de Euskaltzaindia y persona vinculada, desde su formación técnica, a los principales procesos de renovación tecnológica que han experimentado los productos culturales en euskera-, Jorge Giménez Bech, presidente de los editores vascos, y el editor catalán Enric Faura, representante de la primera editorial digital catalana, edi.cat. El cuarto invitado, Joan Mari Torrealdai, que en el penúltimo número de la revista 'Jakin' realiza todas las preguntas clave sobre la cuestión y apunta alguna respuesta, disculpó su asistencia a causa de la «complicada situación personal» que está viviendo en vísperas de ser juzgado por el caso 'Euskaldunon Egunkaria', y fue Sagarna quien trasladó sus reflexiones.
Los expertos coincidieron al afirmar que, aunque la convivencia entre los dos soportes se prevé larga, la irrupción del libro electrónico traerá consigo grandes cambios en un mundo que, en muchos aspectos, se sumó hace tiempo a lo digital. «Sólo queda pendiente el último eslabón -destacó Sagarna-, el que afecta a la impresión del libro y a su venta». Y ese parece precisamente el más complicado, en la medida en que cuestiona la práctica totalidad de los roles tradicionales en un sector que, antes o después, tendrá que hacer frente a una reestructuración de calado. Las mayoría de las dudas que pusieron sobre la mesa tenían connotaciones profesionales y, hasta cierto punto, gremiales, pero de su resolución dependerá finalmente lo que termine recibiendo el público. Y, de momento, las dos respuestas que se escucharon ayer en Durango fueron «auskalo» y «habrá que ver».