Escribirás para el prójimo como para ti mismo». A esta divisa profesional atienden los autores de tapadillo que el pasado viernes, como cada 4 de diciembre, celebraron a su patrón gremial, San Cirano, en honor al de Bergerac, personaje teatral de verbo vivaracho, musical y punzante, cuya inmensa y grotesca nariz se interpone en sus ansias de amor. Pero Cyrano consigue penetrar en el corazón de su dama con hermosísimas cartas que por procuración le remite un mozo tan guapo como insustancial.
El común piensa que este es un oficio de gente timorata o apocada que malbarata su talento en una labor sin premio. Tópicos. La ventriloquia literaria ofrece variadas e interesantes salidas para aquel que disfruta con la hilatura de frases y, libre de la obsesiva conjugación en primera persona, sabe empatizar con una tercera.
La modalidad más conocida es la del 'negro', en inglés 'ghostwriter' (escritor fantasma). Una revista especializada ha calculado que el 20% de los libros editados en Francia están escritos por 'teinturiers', tintoreros como allí les llaman. No es nuevo: 'Los tres mosqueteros' o 'El conde de Montecristo' las noveló Auguste Maquet y Alejandro Dumas las firmó. El problema está en que hoy día los 'negros' hablan más de la cuenta, como lamentaba C.J. Cela, Premio Nobel y reconocido boca de ganso. Para no pecar contra San Cirano, nos guardaremos de dar ejemplos que a estas horas se exhiben en la Feria de Durango.
A quienes ya no se oculta es a los 'pluma' o discurseadores. Se sabe que un joven llamado Jon Favreau es el 'apuntador' de Obama, y que un tal Henri Guaino va por ahí diciendo tonterías por voz de Nicolas Sarkozy. No sólo en política: ¿alguien se imagina que Johan Cruyff (el de «patada al 'tubillo'», «el 'camiseto'» o «la 'hache' de guerra») escribe los artículos y conferencias por los que factura miles de euros?
Una tercera división la forman los 'artesanos redactores' o 'escritores privados' que prestan servicio a cualquiera que desee publicar una biografía, unas memorias o la historia de una familia, empresa o colectivo. Libres de la presión de la política o de la rentabilidad comercial, aquí se da una mayor intimidad personal y por ello también se les conoce como 'bel ami'. El inconveniente estriba en que, además de trabajar con tu cliente, a menudo has de lidiar con sus herederos: mientras aquel piensa en el pasado, estos temen que lo publicado afecte a su porvenir. Y saltan chispas.
La mayor gratificación que puede obtener un émulo de Cyrano, llámese 'negro", 'pluma' o 'bel ami', está en la confesión que en el lecho de muerte un caballero dedicó a su escriturero: «Gracias, amigo. De no ser por ti nunca habría sabido qué diantres pensaba yo sobre este mundo».