No es redonda ni está bien rematada y se desmocha así que van pasando sus cien minutos de metraje. Pero es tan turbia, tan turbadora, tan extraña. Rezuma tanto dolor, tanta tristeza, tanta desesperanza que no merece desaparecer de la cartelera mañana mismo. Produce en el espectador solitario una melancolía extrema y una incomodidad suprema, Sensaciones altamente interesantes de experimentar en la oscuridad de una sala de cine.
Cierto, le faltan recursos. Recursos en el guión. Recursos en la elaboración de los personajes. Herramientas para trazar con más tino las líneas que traban entre sí a esas tres criaturas dolientes. No, no es redonda ni está bien rematada pero provoca en el público sentimientos de esos que normalmente suelen quedar agazapados, acurrucados, ocultos en los pliegues de nuestro corazón.
Verdad. A veces parece que el director y su guionista se sintieran sobrepasados por el material absolutamente inflamable que tienen entre las manos. Les supera. Les supera totalmente. No están a su nivel. No pueden con su carga literaria, con sus corrientes ocultas, con sus vaivenes, con sus fantasmas, con todo lo que crepita en otras dimensiones, dimensiones para las que ni el director ni el guionista han encontrado la llave.
Y sin embargo, la película estremece. E incluso cuando te vas dando cuenta de que no son capaces sus autores de extraerle todo su jugo, todos sus fluidos, toda su rabia, sigues estando en tensión, esperando algo que en el fondo sabes que no va a suceder. En realidad sí lo hace, pero no de la forma en que la iluminación, el tono, la cadencia visual de Tenderness te hacían intuir que pasaría. Pero no importa. Sales de la antigua Pescadería sabiendo que no has visto una película redonda pero con el alma arañada por lo que había dentro de esta historia a tres bandas de la chica doliente, el parricida que huye de su propio destino y el policía que le persigue sin tener muy claro por qué pero con la saña del más terrible depredador.
Verdad. El cine y el tiempo de cada cual están lo suficientemente caros como para no gastarlos en trozos de celuloide incompletos. Pero a veces, Tenderness es muestra de ello, lo imperfecto puede arrastrarte hacia abismos que resultan muy sugerentes. Provocarte sensaciones de desasosiego que te hagan saberte vivo y con todas las terminaciones nerviosas perfectamente alerta para entender y sentir que ciertas películas, Tenderness es una de ellas, pueden ser magníficos ejercicios fallidos de búsqueda de un cine provocador.