DV. Lagun Aro GBC no pudo dar la campanada en el Palau ante un Barcelona implacable que, con una defensa imponente desde el primer balón al aire, no dio lugar a la esperanza. Las 29 pérdidas de balón visitantes resumen a las claras un partido que tras el descanso no tuvo demasiada historia.
Cada ataque se convirtió en un suplicio para los de Laso. Se podría decir que Lagun Aro sabía a lo que venía: a esperar a que su rival, uno de los mejores equipos de Europa, tuviese un día cruzado. De hecho, pese a lo abultado del resultado final (83-54), el inicio del partido fue más que digno, especialmente en defensa.
El Barcelona trataba de castigar a Ignerski con balones interiores a Lorbek, pero Lagun Aro respondía con solidez. Pese a los triples de Ricky y a la calidad de Navarro, la sensación era que los de Laso tenían algo que decir. Los locales abrían hueco poco a poco y el GBC mantenía el tipo, como en Madrid o en Valencia.
Pero ayer no hubo opción porque el Barcelona fue un auténtico rodillo. Xavi Pascual planteó a los suyos el objetivo de encajar menos de quince puntos en el primer cuarto. Dejaron a Lagun Aro en nueve (18-9, min.10).
La superioridad física de Barbour, los espacios que abre Ignerski o la determinación de Panko eran, sobre el papel, las vías para intentar anotar con algo de fluidez. Lástima que el Barcelona no estuviese por la labor de dejarse hacer daño.
Lagun Aro no pudo circular el balón con comodidad en ningún momento; no consiguió conectar con sus exteriores en posiciones cercanas al aro, donde más peligro tenían ayer; sufrió para superar la primera línea defensiva blaugrana; no encontró tiros abiertos en posiciones claras, fallando doce de sus quince triples-; no pudo subir el ritmo cuando vio que no anotaba en estático...
En definitiva, no pudo derribar un muro azulgrana que ayer estaba construido de una mezcla entre el hormigón más sólido y el acero más inoxidable. Si el Barcelona mantiene este nivel defensivo será difícil toserle. Para cualquiera, se llame como se llame.
No hay dato más exclarecedor que el de las 29 pérdidas de balón. No tuvieron demasiado que ver con las 23 del jueves ante Gran Canaria. Las de ayer tuvieron tres causas: la primera, obvia, el desacierto donostiarra. Por cada una de las once asistencias que sumó Lagun Aro, perdió casi tres balones. Un losa demasiado pesada teniendo en cuenta que su proporción habitual es de dos pases de canasta por cada tres pérdidas.
De todas formas, no lleven el dato a misa porque, afortunadamente, no siempre se juega contra el Barcelona. Ahí radica la segunda explicación de las pérdidas, la fundamental. Ante una defensa así, es difícil circular el balón sin tropezar en sus obstáculos.
La tercera, que pese a ser sin duda la menos importante no deja de ser reseñable, es el doble rasero arbitral en determinadas fases del encuentro. En el segundo cuarto tuvo su incidencia, aunque huelga decir que el resultado en poco hubiera variado con un arbitraje más ecuánime.
Trece tiros libres
Si en el arranque del choque fueron Ricky y Navarro los que abrieron brecha, en el segundo cuarto Lagun Aro pagó sus nueve faltas cometidas. Un triple de Panko, precedido de varias acciones positivas de Hopkins, puso a los de Laso a cinco (22-17, min. 13).
Pero entonces, el Barcelona comenzó a visitar la línea de tiros libres con asiduidad. No lo había hecho en todo el primer cuarto, y en el segundo lo hizo en trece ocasiones, que supusieron diez puntos más o menos cómodos.
El 42-28 del descanso era un jarro de agua fría para un Lagun Aro que se veía al borde del abismo a pesar de haber realizado un esfuerzo notable. Costaba un mundo recortar un par de puntos, y un abrir y cerrar de ojos perder seis o siete.
Quizás ese golpe psicológico se hizo notar en la reanudación. La vuelta de vestuarios suele ser un buen momento para limar diferencias, pero el Barcelona de ayer cerraba de un portazo cada opción visitante para acercarse.
Tras varios ataques fallidos, Lagun Aro se vino abajo y, en cinco minutos, el conjunto local amplió su colchón hasta los veinte puntos (54-34). El juicio estaba visto para sentencia.
La lectura es clara. Perder de 29 siempre es un palo, pero la de ayer no es la liga de Lagun Aro. Aunque David venció a Goliath una vez, lo normal no es que lo haga siempre. Sería un error caer en el pesimismo al que un marcador tan abultado como el de ayer puede conducir, más teniendo en cuenta que esperan tres partidos en casa fundamentales. Porque no se olviden, Lagun Aro es séptimo.