El abogado Javier Otaola (Bilbao, 1956) es en la actualidad el síndico de Vitoria, algo así como el ararteko local. En su día fue profesor de la Ertzaintza; es también escritor y aficionado a la novela policiaca. De esa suma de circunstancias nació hace seis años Felicidad Olaizola, «ertzaina y lesbiana», que protagoniza su segundo libro: As de Espadas, publicado por la editorial Vía Magna.
- ¿Por qué un personaje con unas características tan específicas como las que tiene Felicidad?
- En primer lugar, por una razón un tanto intuitiva y estética: porque me gustan las mujeres, y especialmente las mujeres lesbianas. Analizándolo un poco más a fondo, tal vez porque la perspectiva de una mujer que en algunos aspectos puede ser un poco marginal me permitía una mirada más escéptica, más distante y menos conformista de la sociedad. Y es ertzaina porque es nuestra policía y porque, además, fui profesor de la primera promoción y se me grabaron algunas imágenes de la atmósfera que se puede suponer a un cuerpo de esa naturaleza
- ¿Qué condiciona más el trabajo de Felicidad, ser mujer, ser lesbiana o ser ertzaina?
- Quizá el hecho de ser mujer. El hecho de ser ertzaina, una Policía con un campo competencial completo, en la práctica no tiene trascendencia. Y el hecho de ser lesbiana no es evidente. Cuando se relaciona con el delito lo hace como un agente de la autoridad normal y corriente.
- ¿Y, siendo mujer, reconocen todos sin problemas su autoridad?
- La autoridad de Felicidad no se discute porque sea mujer. Pertenece a una institución basada en la jerarquía y su estatus de autoridad está bien consolidado. También puede ser, no lo niego, que yo piense equivocadamente que nuestra sociedad no es muy problemática en ese aspecto y que me falte olfato o sensibilidad para detectar la supremacía masculina...
- ¿Qué tipo de investigadora es Felicidad?
- Sería una combinación entre intuitiva y científica. Cree en la ciencia, pero también cree que las cosas suceden siempre por alguna razón. Tiene una perspectiva psicológica. Le gusta analizar a la víctima, porque cree que descubriendo su personalidad y su mundo se llega al verdugo.
- En la novela tiene mucha importancia la vida privada de la protagonista.
- Esa observación es cierta, y está documentada por la crítica en el ámbito de la literatura lésbica policiaca, donde la importancia de los aspectos sexuales y afectivos es casi equivalente a la importancia de la trama criminal.
- En esa trama aparecen el PNV, el Opus Dei, la masonería... ¿Somos cada vez más normales y podemos hablar de todo o es usted un poco temerario?
- Lo que creo es que ya estamos curados de espanto con lo que hemos visto en los últimos tiempos. Creo que ya somos lo suficientemente mayores como para saber que todo tiene su zona de sombra y nadie está exento de tentaciones, de envidias y de codicias.
- Es un veterano y relevante masón, y en la novela presenta a la masonería con total normalidad.
- Intento presentar a las logias masónicas como una actividad similar a otras tantas. Hagas lo que hagas siempre habrá gente que se imaginará todo lo imaginable pero, aunque tenemos algunas cosas un poco raras, la masonería tiene los problemas, las miserias, las limitaciones y los encantos que tienen las restantes instituciones que presento en esta novela. Eso sí, en As de Espadas los masones son los buenos y los honrados de la historia.
- ¿Toda novela policiaca es una reflexión sobre el bien y el mal?
- A mí personalmente lo que me gusta de la novela policiaca es la reflexión ética, casi teológica, de por qué alguien decide en un momento pasar la línea roja del crimen. Es terrible, pero fascinante, y es el escalofrío que provoca esa reflexión el que me gusta reflejar en mis novelas.